Autor: Apostua, Luis. 
   La gran transferencia     
 
 Ya.    23/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Jornada española

LA GRAN TRANSFERENCIA

LOS momentos históricos ge hacen más breves, como la ceremonia de ayer en los Cortes, desprovista del

oropel que antes parecía esencial y reducida a sus justos términos, para que el boato externo no

consumatención y ésta se dirija a lo que es verdaderamente esencial.

En esa simplicidad que van adquiriendo Congreso y Senado como distintivo del tiempo nuevo sonó como

extraordinariamente natural y espontánea la palabra crucial de don Joan Carlos: soy un monarca

constitucional. Todo el resto del discurso inaugural es sólo el razonado acompañamiento de la Idea

básica. Asi, la aceptación de la pluralidad Ideológica de las Cámaras, con marxista y conservadores en sus

escaños. Así. el reconocimiento de que la soberanía del pueblo se na personificado en los seiscientos

diputados y senadores. Asi, la notificación al Gobierno de que no debe esperar de su Soberano,

instrucciones sobre la resolución de los problemas concretos del tiempo presente. En una palabra, se ha

materializado ya la gran transferencia política de una Monarquía llamada del dieciocho de julio a una

Monarquía constitucional. El estilo del discurso coadyuvó a esta idea, porque en los pasajes importantes

don Juan Carlos atribuía a "la Corona" los votos y deseos, lo cual significa una institucionalización

Impersonal.

EL segundo protagonista del acto fue la oposición. En primer lugar, por su presencia, que revela la

aceptación del hecho monárquico como definición del momento histórico presente. Después, los corteses

aplausos de buena parte de los diputados y senadores de la oposición significaban, a mi juicio, Una

aceptación de esa Monarquía constitucional que no se debe interferir en el juego político presente y

venidero.

Una vez que los hechos se han visto en directo, caben ya pocas explicaciones, porque una de las cosas que

la madurez política trae consigo es que cada español piensa por su cuenta. Sólo cabe añadir que la

inauguración legislativa ha tenido un aire profundamente pacificador, lo que no es poco en este país de

convulsiones.

Luis APOSTUA

 

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