El discurso de un Monarca Constitucional     
 
 ABC.    23/07/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ABC. SÁBADO. 23 DE JULIO DE 1977. PAG.

El discurso de un Monarca constitucional

PARA quienes con anterioridad no lo hubiesen entendido, el Rey Don Juan Carlos volvió a definir ayer,

en su discurso ante las Cortes —las primeras Cortes que pueden definirse como de la Monarquía;

porque ella las ha posibilitado—, el pape! ufe la Corona en esta democracia que, como reflejo inmediato y

directo de todo el país, comenzó ayer su singladura.

La Corona es la superior personificación de la soberanía popular, con una función ¡ntegradora y un poder

arbitral, que cobran especial relieve en susx relaciones con las Cortes por cuanto éstas son, en principio,

directa emanación de la voluntad del voto popular. Celosa vigilante de los derechos de todos y de cada

uno, el compromiso fundamental de la Corona reside en no comprometerse con ninguna opción concreta

por la superior razón de que reconoce, como válidas y legítimas, cuantas Ideologías están presentes en el

Senado y el Congreso. Diputados y senadores representan, en conjunto, al pueblo; son la encarnación

cercana de intereses y deseos suscritos por distintos sectores del mismo. Y la Corona los contempla a

todos en conjunto, aglutinándolos, con sus lógicas diferencias, en un mismo camino de progreso libertad

y justicia. Para cada opción concreta, los partidos-: para todas ellas, la Corona.

PARA el Rey, la confiarla estriba en que la diversidad ideológica qué hoy tienen las Cortes responda a un

mismo ideal: la comprensión de todos, y esté movida por un mismo estímulo: el amor & España. Y de esa

.confianza deriva el encargo implícito hecho al Senado y al Congreso. Ambos constituyen ja primera

concreción de la democracia, su primer resultado; la prueba inicial de que la ambición, él sueño de hace

poco más dé veinte meses, se está convirtiendo en realidad. Pero él deber de ambos —el encargo— reside

en colaborar a que cristalicen las restantes formas de la democracia* como modo de convivencia y como

sistema eficaz para que una sociedad libre y moderna, corrió pretende ser la española, formule su?

reivindicaciones y encuentre el camino de su transformación, haciendo progresar la equidad.

He ahí el encargo del Rey: que Senado y Congreso recojan y canalicen las aspiraciones de los españoles.

Porque la ley nos obliga a todos por igual, pero lo esencia! —como subrayó Don Juan Carloses que, con

tal premisa, nadie pueda sentirse marginado, que no haya exclusiones. Por ello, la responsabilidad dé las

Cortes ha crecido proporcionalmente a su grado de representatividad, a su autenticidad. Para que nadie se

sienta marginado, para que .todos puedan participar en la hermosa y dura tarea de hacer un país mejor

para todos, hay que crear el marco legal adecuado para las nuevas relaciones sociales, hay que redactar

una Constitución —como desea la Corona, y así explícitamente Jo manifestó el Rey— que reconozca la

diversa realidad de nuestra pluralidad regional, compartiendo -—como lo hace la Corona— cuantas

aspiraciones de Identidad veq-§an a enriquecer y a hacer mas robusta la indiscuti-10 unidad de España.

Esa Constitución habrá de tener una atención especia! hacia los sectores menos favorecidos del pueblo

español, buscando la libertad por directa omisión de las desigualdades injustas, como resultado tíe

proporcionar a todos oportunidades iguales y suficientes. Y todo ello habrá de traducirse en una mejora

real de las condiciones de todos los ciudadanos. En especial de aquéllos que más lejos se encuentran de

un nivel suficiente.

EL Rey, que fue extremadamente claro y directo en su bosquejo de la Constitución que desea para su

pueblo, poniendo todo el acento en el estímulo de los avances sociales, acaso habrá decepcionado £f

quien, por haber olvidado el papel de la Cotona y su compromiso, aguardaba que sus palabras contuvieran

poco menos que Un programa de Gobierno. El Rey reina, pero la función de gobernar corresponde,

precisamente, al Gobierno. La Monarquía de Don Juan Carlos ha asumido el reto que significa moderar

las lógicas tensiones de una sociedad en transformación y estimular la consecución del nivel de vida que

los españoles reclamamos.

Todo elfo exigirá una reforma, porque tan sólo parte de las dificultades económicas puede achacarse á la

acción e influencia de crisis exteriores; porque nuestras estructuras revelan no pocas deficiencias y

existen desequilibrios perturbadores entre los ciudadanos y en el reparto de las cargas que tes

corresponden. A todo ello se refirió el Rey, consciente de que las Cortes, que han comenzado

oficialmente a caminar, tras el espaldarazo de su inauguración, tienen sus limitaciones, que dé ellas no

cabe esperar la panacea, pero sabedor de que su función es hoy fundamental.

S! él discurso del Rey fue un discurso constitucional, con referencia directa a ía Constitución cuya

redacción y debate aguarda, como tarea primordial, a las nuevas Cortes; si definió por medio del mismo,

una vez más, !a función y cometido de la Corona, corrió motor y garante dé todo el proceso democrático,

y si los acentos sociales tuvieron sonoridades y resonancias específicas, no cabe olvidar que, ayer, Don

Juan Carlos concretó la posición de la Institución monárquica, su propia posición, al referirse a la política

exterior. «La Corona —dijo— espera que los intereses de España en el exterior se defiendan por encima

de las opciones concretas de cada partido, porque sólo la unión de todas las fuerzas políticas y sociales

nos permitirá realizar con éxito, en la acción exterior, tas aspiraciones nacionales.»

Cauce superior, puente múltiple,.techo.para todos, la Monarquía solicitaba de las Cortes, de la

representación democrática del pueblo español, ni más ni menos que el mantenimiento, por encima de

todo, de su identidad nacional, de su fidelidad al país, probando así que la pluralidad ideológica no

significa más que Un enriquecimiento ¿e posibilidades, una mejor traducción de la rica pluralidad

cultural, racial y existencia! de España. Porque España y el mundo miran a estas Cortes con la esperanza

y la Ilusión que Don Juan Garlos hizo ayer patentes, extendiéndolas a todo el país. Las Cortes no están

solas. Tienen, con el estimulo y el impulso de la Corona, la asistencia de todo un pueblo que confía en su

Rey y en sus reoreseñtantes.

 

< Volver