Autor: Narvión, Pilar (CASANDRA). 
 El mensaje de la Corona. 
 El discurso de la concordia     
 
 Pueblo.    23/09/1977.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

EL DISCURSO DE LA CONCORDIA

POR tres veces nos ha convocado el Rey en el discurso de la Corona a la concordia, cuando nos ha pedido

«ante todo, una sincera voluntad de concordia nacional»; cuando al aludir a la pluralidad de ideologías

qué recogen las Cortes, ha dicho que son «la mejor muestra de que, se ha traducido a la práctica la

voluntad de concordia nacional» y, por tercera vez, cuando invocando «una España que queremos

armónica en lo político, justa en lo social, dinámica en lo cultural y progresiva en todos los aspectos», ha

basado esta España «en la concordia»

Sería bueno que quienes forman parte del Gobierno, de las Cortes, de la clase política y de esa fiel

infantería de las letras, que es el periodismo, tomásemos buena nota de este mensaje de concordia del

Monarca. Ninguno de los problemas que entre todos hemos dé resolver y que a todos atañen, tienen

solución en la discordia, y sobran, a mi parecer, más de una arista que aparece en algunos editoriales y

comentarios de Prensa en los que luce la facilidad de la crítica destructiva, género en el que cualquiera

puede ser brillante; como sobran malos humores y personalismos de algunos descontentos de la clase

política que no han encontrado poltrona acorde con su ambición; como sobran gesticulaciones qué se

atribuyen a algunos grupos minoritarios de las Cortes, decididos a moverse mucho, ya que son pocos.

Esta convocatoria a la concordia del Rey, que es una convocatoria a los buenos modos y al entendimiento

de todos, debe de ser especialmente oída.

Ha habido, además, las herniosas palabras del Rey, que llama España a España, a la España de todos los

españoles, y habla con tanta naturalidad dé la Patria y de la tradición, que son palabras que no tienen

fecha ni se ponen ni se quitan de moda, que son la Patria de todos y representan la tradición de todos. Las

hermosas palabras del Rey han sido España, Patria, tradición, justicia, democracia, libertad, soberanía,

sensatez, esperanza, paz; trabajo, convivencia, responsabilidad, cultura, realismo, esfuerzo, tolerancia,

dignidad, ideales, austeridad, lealtad, disciplina, patriotismo. Palabras llanas del pueblo llano, que se

emplean en el trabajo y en el hogar, en el seno de la familia, en el lenguaje cotidiano que todos

entendemos.

El Rey ha tenido decidido empeño, ante todo, en ser el Rey dé todos los españoles. Hay un párrafo

admirable de sencillez y que es toda una declaración de princi-pios de la Corona: «La institución

monárquica proclama el reconocimiento sincero de cuantos puntos de vista se simbolizan en estas Cortes.

Las diferentes ideologías aquí presentes no son otra cosa que distintos modos de entender la paz, la

justicia, la libertad y la realidad histórica de España. La diversidad que encarnan responde a un mismo

ideal: el entendimiento y la comprensión de todos. Y está movido por un mismo estímulo: el amor de

España.»

Soy particularmente sensible a otro párrafo del discurso de la Corona en el que el Rey pone prudente

cuidado en recordarnos las limitaciones de nuestros particularismos, cuando dice: «Para la Corona y para

los demás órganos del Estado, todas las aspiraciones son legítimas, y todas deben, en beneficio de la

comunidad, limitarse reciprocamente. La tolerancia, que en nada contradice la fortaleza dé las

convicciones, es la única vía hacia el futuro de progreso y prosperidad que buscamos y merecemos.»

Bueno, es que el Rey en tan solemne momento nos recuerde que nuestras libertades están limitadas por

las libertades de los otros y nos deje este mensaje de tolerancia «que en nada contradice la fortaleza de las

convicciones».

Y porque el Rey es el Rey de todos los españoles, de todos los programas; y de todas las, orientaciones,

nos recuerda que no le in-cumbe «proponer un programa de tareas concretas que únicamente a ustedes y

al Gobierno corresponde, decidir ni ofrecer orientaciones para llevarlas a buen término»; pero qué no se

confunda nadie, tampoco es un Rey decorativo: «Pero sí quiero señalar la función integradora de la

Corona y su poder arbitral, que cobran un especial relieve en sus relaciones con las Cortes.»

Leído con calma el discurso de la Corona, todavía bien fresca la emoción del hemiciclo y la respetuosa y

responsable ovación de las Cortes, se afirma más en mí la impresión dominante de la jornada de ayer:

Don Juan Carlos I fue más Rey que nunca, Rey de todos los españoles que llegó ayer a su mayoría de

edad y que, con su madurez, ha precipitado de modo positivo la madurez de nuestra joven y moderna

democracia.

Pilar NARVIÓN

 

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