Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   El Consejo se reúne; La Terna; Francia y la ETA; El juego de adivinar     
 
 Gaceta Ilustrada.    06/01/1974.  Página: 55. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

MADRID LABERINTO

Por Jaime Campmany

(Enviado especial de «G. i.» en Madrid)

El Consejo se reúne

ESCRIBO estas líneas el viernes, 28. Es día de ´los Inocentes. Pero el laberinto de Madrid ha olvidado este año Ja infantil costumbre de las inocentadas. Está pendiente de cosas serias y graves. La terrible explosión de Claudio Coello ha ensombrecido y enlutado los días de Navidad, hechos para el goce de la paz y para el estallido de la alegría. Escribo con prisa, con una urgencia que me recuerda mis noches de redacción con lias linotipias esperando devorar las cuantillas apenas salidas de la máquina de escribir. «Gaceta ilustrada» se cierra dentro de un par de horas y los acontecimientos de esta semana se amontonan, hechos recortes de prensa, sobre mi mesa de trabajo, y se me agolpan en la frente, todavía confusos y entremezclados. Pocas veces como hoy siento en la yema de los dedos que golpean las teclas de la máquina, la grandeza y ´la servidumbre del periodismo. No hay tiempo de ordenar recuerdos, de buscar las palabras, de meditar un poco Jas afirmaciones mientras los cigarrillos se consumen, casi olvidados y encendidos, en el cenicero.

Esa historia apresurada que es el periódico cuenta, día a día, nuevos pormenores del atentado contra el almirante Carrero Blanco, que ya no es sólo Capitán General de la Armada, Duque de Carrero, quinto presidente del Gobierno asesinado en poco más de un siglo, sino que es el último mártir de la paz de España. Las exequias fúnebres; la manifestación de duelo del pueblo de Madrid; la oración funeral del cardenal arzobispo; la imagen de la viuda del Presidente llorando sobre la mano de Franco: los rostros identificados de ios asesinos; Jas increíbles declaraciones de aquellos que recaban para sí, amparados en territorio francés, la tremenda responsabilidad del asesinato; el problema político que supone la sustitución de quien fue, no sólo el primer presidente del Gobierno de la Ley Orgánica del Estado, sino también, y durante muchos años, el brazo derecho del Caudillo; ¡los esfuerzos y las investigaciones, hasta ahora silenciosos, para capturar a Jos culpables y entregarlos a la justicia, fundamento de toda paz y de todo orden social; el funcionamiento reglado y normal de las instituciones que deben-salvar nuestro futuro... Todos estos acontecimientos se atropellan en la memoria y en los renglones que van llenando estas cuartillas.

A la hora en que escribo estarán a punto de llegar al Palacio de ´la Carrera de San Jerónimo los miembros del Consejo del Reino que han sido convocados para hoy. Mientras yo escribo, mis compañeros hacen guardia ya en :la puerta de las Cortes para ver la entrada de los «diecisiete» que tienen la responsabilidad de confeccionar la terna de candidatos a Ja Jefatura del Gobierno. Las deliberaciones y las votaciones del alto organismo consultivo son secretas. En la «sala de ministros», donde se reúnen, no habrá informadores, ni secretarios, ni letrados, ni ujieres. Es algo así como un solemne «cónclave» civil. Pero Jos informadores espiarán las llegadas, anotarán en sus carteras de notas las presencias y las ausencias, las horas y los minutos de las deliberaciones, e intentarán adivinar aquello que nadie les puede decir.

La Terna

Cuando ustedes lean estas .líneas ya se sabrá si don Pedro Cantero, arzobispo de Zaragoza y prelado más antiguo de los procuradores en Cortes, se ha repuesto de su dolencia y ha asistido a la reunión. Es- decir, sabremos si Ja voz que representa a la Iglesia española puede o no estar presente en las importantes deliberaciones. También. sabremos si el más joven de los consejeros, don Enrique de la Mata, ha podido abandonar su cama de enfermo, para asistir a la reunión. Entre Jos consejeros figuran aIgunos con méritos, nombre y servicios suficientes para figurar en la terna. Pero la ley es clara en este punto: ningún consejero del Reino puede figurar en Ja terna para cubrir la presidencia del Gobierno. Tendría que producirse un cese o una dimisión previos a las deliberaciones. Si el presidente de las Cortes entra en el salón de los secretos, su nombre puede quedar automáticamente descartado de la lista de presidenciables.

Lo mismo se puede decir del general Díez-Alegría, jefe del Alto Estado Mayor y hermano de otro general Diez-Alegría, jefe de Ja Casa Militar del Generalísimo, que no tendría impedimento legal para figurar entre los ¡tres candidatos. La misma incompatibilidad recae sobre don José Antonio Girón y sobre el teniente general Navarro Gárnica, el más antiguo teniente general en activo . y, por ello mismo, consejero del Reino.

Los nombres que han circulado estos días pasados por Jos círculos políticos de Madrid han sido varios y todos ellos ilustres, los «profetas» de la política y Jos, que se creen expertos en esa difícil asignatura que se llama «francología» hacen dos listas de presidenciables: una civil y otra militar. Desde que Franco asumió Ja Jefatura del Estado y del Gobierno en los años de nuestra guerra, el único presidente civil ha sido don Torcuato Fernández-Miranda, aunque en circunstancias extraordinarias y como presidente en funciones. Su nombre, junto al de Rodríguez de Valcárcel, Solís Ruiz, López-Rodó o Arias Navarro, debe figurar en cualquier previsión que señale una personalidad política civil para sustituir en el sillón de la presidencia al almirante Carrero Blanco. En Ja lisia militar hay que incluir los nombres de dos almirantes: don Pedro Nieto Antúnez y el actual ministro de Marina, señor Pita da Velga, y también el del general Castañón de Mena, ex ministro del Ejército y colaborador cercano del Caudillo durante varios años.

Lo que hasta este momento es una curiosidad lógica, e incluso un juego político apasionante, tendrá su solución mañana y ustedes ya sabrán al momento de leerme lo que, para mí y para todos, es hoy solamente un jeroglífico de solución imposible. El único precedente con que contamos sirve de poco. En Ja terna del pasado julio había un nombre seguro e indiscutible. La ilógica interna del Sistema y todas las señales acumuladas a lo largo de muchos años indicaban el nombre del almirante Carrero como el primer y único presidente del Gobierno en aquellos momentos en que él Caudillo se disponía a separar las jefaturas de! Estado y del Gobierno. El acompañamiento del Almirante en la terna no podía entenderse como una alternativa de posibilidades, sino como una compañía de honor o como un signo indicativo de futuro. Si como parece es cierto que en aquella ocasión acompañaron al Almirante los nombres de don Raimundo Fernández-Cuesta y de don Manuel Fraga, esos nombres no podían ser interpretados sino como homenaje a la Falange histórica, de donde tomó el Movimiento la doctrina, y como indicación de apertura hacia el futuro.

Este momento histórico hay que contemplarlo bajo otro signo. Ningún nombre parece reunir en sí las cualidades y Jas circunstancias del almirante Carrero, que podía definirse, con toda razón, un político que jamás ha estado ni se ha sentido Hígado a «familia política» alguna, a pesar de su larga permanencia en puestos estrictamente políticos. Podrá encontrarse un Presidente desligado de todo sector o familia, pero no tendrá Ja experiencia política de que disponía el Presidente asesinado. Podrá encontrarse un político con capacidad para agrupar en su derredor a personalidades representativas de las «familias» del Régimen, pero, por su origen o por su pensamiento, habría de pertenecer a una de ellas.

Tal vez la terna que en estos instantes se esté preparando y votando tenga ¡las mismas o parecidas características que la anterior: un Presidente unánime y una compañía honorífica que haya obtenido consensos menos extensos en él seno del Consejo del Reino. Pero también podemos pensar en una terna de alternativa que ofrezca al Jefe del Estado una propuesta no nacida de un único convencimiento, sino de un abanico de opciones.

Francia y la E.T.A.

Deberá perdonarme el lector que me haya extendido en cabalas sobre acontecimientos que para mí son futuro inescrutable y que para él ya serán presente histórico. Pero he querido escribir aquí unos apuntes, siquiera apresurados y urgentes., del ambiente que ha respirado Ja oíase política y de las inquietudes, adivinaciones y profecías que corrían por los corrillos del laberinto político de Madrid en esta última semana.

Ya vemos que en cuanto a nuestra política interior la desaparición del almirante Carrero Blanco, destinado a protagonizar la continuidad más fiel y leal de Ja obra del Caudillo durante el «rodaje» de las instituciones previstas para el futuro, ha planteado una nueva problemática. En cuanto a la política exterior, plantea la situación incomprensible de Ja impunidad que una nación vecina y amiga. concede a un grupo que no puede ser considerado como una ´minoría discrepante, exiliada o refugiada, sino que constituye un reducido, pero auténtico ejército de terrorismo y de subversión criminal. La denuncia de esta situación ha sido prácticamente , unánime en la prensa española.

• La Gaceta del Norte», en un editorial titulado «la paradoja de un país amigo» habla de la «inconcebible pasividad de las autoridades y del Gobierno francés». Y después aclara: «No estamos ante refugiados políticos ni ante personas discrepantes que han elegido el exilio y pudieran gozar de la ¡ más humanitaria inmunidad, ni siquiera ante indi- ¡ viduos que después de ejecutar sus acciones terroristas han ganado Ja frontera y se comportan i conforme a las exigencias de la ley internacional. Estamos, pura y simplemente, ante una base terrorista que se catapulta con impunidad tantas veces cuantas les viene en gana, y arremete, contra nosotros, según se evidencia incluso por los testimonios periodísticos de la vecindad inmediata».

Tomo ahora un párrafo de otro editorial («La hora de Ja justicia») publicado en «El Correo español - El Pueblo vasco»: «En la muerte del presidente del Gobierno, que tan particularmente nos afecta, los asesinos han sido identificados de manera inconfusa: pertenecen a la facción más violenta de la E.T.A.

organización terrorista, cuyo amplio historial de violencias resulta especialmente notorio entre el pueblo vasco. Amparados por complicidades sorprendentes, cruzan y recruzan la frontera, dejan aquí y allá incuestionables testimonios de su frío terror, y regresan al complaciente amparo del suroeste francés, donde se alzan, entre otros, acreditados refugios, la casa madre de Saint Palais o la sacristía confortable del padre Larzábal».

Hoy mismo, «Nuevo Diario» afirma en su editorial: «No podemos menos de concluir, y no sin dolor, pues somos sinceros amigos de Francia, que nos hallamos ante una grave negligencia en el cumplimiento de sus deberes internacionales hacia España al permitir, y continuar permitiendo, las criminales actividades de Ja E.T.A. en su territorio, con perfecto conocimiento de sus objetivos y de los medios abundantes puestos a su disposición por el robo a mano armada, la extorsión y el secuestro».

Los comandos terroristas de Ja E.T.A. disponen todavía de importantes cantidades de explosivo y ya han amenazado tranquila y fríamente con nuevos actos de violencia y de muerte. Estos enemigos de toda paz, todo derecho y toda justicia se reúnen en las terrazas de los cafés de Biarritz, hacen declaraciones en las redacciones de Jos periódicos franceses, se muestran a cara descubierta o encapuchados como un nuevo Ku-Klux-Klan, recaban para sí las responsabilidades de asesinatos de personas inocentes o de un magnicidio, entre débiles requisitos administrativos o policiales de las autoridades francesas. Es hora de que nuestra amiga Francia deje desamparar y tolerar esta banda de asesinos a sangré fría.

El juego de adivinar

No quiero terminar esta crónica sin correr el riesgo del error y jugar, yo también, como profeta en laberinto, a la difícil profecía y a la arriesgada adivinanza. - Si alguien me pidiera un pronóstico sobre Jos tres nombres que el Consejo del Reino ofrecerá hoy al Jefe del Estado para que designe nuevo presidente del Gobierno, yo escribiría los siguientes: don Torcuato Fernández-Miranda, don Carlos Arias Navarro y el teniente general don Juan Castañón de Mena. Y deseo que mi pueblo se agrupe en torno al que reciba tan alta responsabilidad para otorgarle Ja confianza, el entusiasmo y Ja colaboración que siempre ha derrochado en horas difíciles e históricas.

 

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