Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   Empieza la refriega     
 
 Informaciones.    26/07/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

EMPIEZA LA REFRIEGA

Por Abel HERNÁNDEZ

NO será todavía la guerra, pero hoy comienzan las primeras batallas parlamentarias para ocupar el mapa

político español. La izquierda va a presionar con fuerza desde el principio sobre los flancos más débiles

del Gobierno y de su partido, la Unión de Centro Democrático.

En los preliminares, antes de la solemne sesión de apertura, la izquierda apareció dividida, El P.S.O.E. se

alineó con la U.C.D. Los señores Tierno y Carrillo no disimularon su mal humor. Las minorías regionales

se sintieron defraudadas por las maniobras de prepotencia llevadas a cabo conjuntamente por los dos

grandes. El pacto González-Suárez aleteó sobre el hemiciclo. Se trataba de poner tope a los grupos parla-

mentarios. Al final se han formado quince: siete en el Congreso y ocho en el Senado, Los felipistas fueron

la diana de los dardos en el País Vasco y en Cataluña.

Ahora parece que el señor González quiere cambiar de táctica para compensar su primera maniobra

contra las minorías, y aparece alineado "con el señor Carrillo. El P.S.O.E. va a intentar congraciarse con

los vascos .y catalanes rompiendo el acuerdo previo que tenía con la U.C.D. De paso pretende convertir al

partido de! Gobierno en el centro de las críticas. Depende de la habilidad de los ucedistas que al señor

González le salga el tiro por la culata.

El problema de las autonomías regionales va a ser el gran caballo de batalla. Los catalanes pretenden ga-

nar por la mano. Los parlamentarios de izquierda desconfían del pacto Gobierno - Tarradellas, y tratan de

marginar al presidente de la Generalidad en el exilio, con mucha delicadeza. La tensión empieza a ser

evidente. Es otra escaramuza digna, de seguirse de cerca.

y queda el plan económico de urgencia aprobado por el Gobierno Suárez. Es seguramente el teína más

acuciante. La tempestad ya se ha desatado tras el plácido «puente de Santiago». Ni los sindicatos ni los

empresarios parecen dispuestos a colaborar. Los partidos políticos podrían ser menos inflexibles; pero

serviría de poco. Al final, el verdadero poder no va a residir en el Gobierno ni en el Parlamento, sino en

los sindicatos y en los núcleos poderosos del capital. No está claro que los dirigentes políticos dominen a

sus centrales sindicales, sobre todo si hay —que hay— necesidad de apretarse el cinturón. Los

empresarios no se van a entregar con armas y bagajes.

No va a haber vacaciones. No podía haberlas. La lucha en todos los frentes no admite treguas. Este va a

ser un verano caliente.

 

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