Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Xirinachs     
 
 Informaciones.    27/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LETRAS DEL CAMBIO

XIRINACHS

Por Jaime CAMPMANY

SIÉNTESE, pcsr favor, padre Xirinachs, o señor Xiri-nachs, o mahatma Xirinachs.

—No, gracias. Prefiero esperar de pie.

Lo que el padre Xirinachs, o ex padre Xirinachs, o el señor Xirinachs o el mahatma Xirinachs espera de

pie es la amnistía total, La amnistía tota! como único e insustituible comienzo de una verdadera

reconciliación. Ese diálogo se habrá producido, aunque haya sido con la mirada, entre el estupor del

presidente del Senado, don Antonio Fontán, senador por Sevilla («Tome usté asiento, compadre») y la

figura extraña (un santo inquietante, un loco de Dios), del barbudo capuchino o ex capuchino, o «hippy»

o hindú, llamado Xirinachs, senador por Barcelona.

Después de leerme, con detención y recreo, la historia de todas las Cortes españolas, desde las del asedio

de Cádiz hasta las del suicidio orgánico, yo creía que en atlas había habido de todo. Pues, no. Faltaba ese

exhila-rativo y patético adorno parlamentario del padre Xirinachs. A la más alta terquedad que habían

llegado sus señorías fue a la de permanecer, hasta morir si preciso fuere, ante la conminación de ios

fusileros de Pavía, sin abandonar el hemicicio. En sus puestos, pero sentados. (Luego, a las primeras

salvas, no quedó una señoría en la sala, pero esa es otra historia). En cambio, el padre Xirinachs no

permanece sentado, sino de pie. No ha ganado un escaño, sino el derecho a permanecer en pie delante de

él. Además, los escaños no disponen de misericordia, como los asientos del coro, donde los canónigos

descansan disimuladamente las reverendas posaderas durante los gregorianos.

Xirinachs debe de ser una curiosa simbiosis entre sacerdote jainí y poseído franciscano. Está a medio

camino entre el mahatma Gandhi, que logró ver, por fin, la independencia de la India antes de que sus

cenizas fueran arrojadas al Ganges, y María Go-retti, es decir, defendiendo hasta la heroicidad su virgini-

dad de hombre público. Es uno de esos raros ejemplares humanos que entran en la categoría de los

impertérritos, que utilizan el temible desafío de la mansedumbre.

Mientras los señores senadores discuten lo de la comisión de urgencia y lo del Consejo del Reino,

Xirinachs permanece de pie, como si ya fuese su propia estatua, o su propio eccehomo. El padre

Xirinachs ha inventado dentro del Parlamento español el inacabable el ininterrumpible discurso mudo.

 

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