Autor: García Escudero, José María (NEMO). 
 Bustos políticos. 
 El Estilita del Senado     
 
 Ya.    28/07/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 5. 

BUSTOS POLÍTICOS

El Estilita del Senado

El santo Simeón, llamado El Estilita, vivió entre los años 387 y 489 del Señor. Cuen-ta "El Año

Cristiano", que unH noche—y así ganó el sobrenombre—el piadoso varón, construyó una columna, y al

amanecer, su cuerpo menudo* y flaco apareció en lo alto, W* se movió de allí durante treinta y siete

años. No le quedab9 más espacio arriba qtte pcwa mantenerse en pie y para mal* dormir acurrucado. Y

añade el fervoroso cronista que la, lu* de aquella, columna iluminó t>x da Ja cristiandad y desde su

candelera Simeón anatematizó herejes, combatió a cismáticos, apoyó o Cirilo de Alejandría contra

Nestorio, amedrentó a paganos y a judíos, detuvo persecuciones, aterró a los opre-sores de pueblos y

arrastré tras sí a muchos más de los que habría podido convertir aun-que hubiera dispuesto de cien pies

para trasladarse a todo» aquellos lugares y ocasiones en los que no pitdo estar.

LE falta la columna a mosén Lluis María Xirinacs, sena-dor del Reino, pero todo se an-dará. Si la hubiese

tenido, no habría pasado inadvertida, en la, sesión de apertura, de I»s Cortes, su decisión de permanecer

en pie durante las sesiones hasta que se promulgue l& amnistía para todos los presos y detenidos

políticos. Válgalo este comentario como sucedáneo del pedestal. Y como lenitivo a otros más indigestos,

lo cual no quiere decir, ni mucho menos, que yo considere la decisión del senador como una frivolidad.

Yo, desde luego, no la entiendo, pero tampoco entiendo la actitud de Simeón Estilita, y debo aceptar su

santidad. También en la santidad hay pluralismo y contraste de pa-receres, pues lo que debe valer es la

intención y no los medios más o menos extravagentes que escoja, y aunque, natural´ mente, yo no me

atreva a hablar de más santidad que la caí nónicamente proel amada, d« las buenas intenciones no dudo

nunca, ni de la mirada dul-00 de este descorbatado senador de fluentes barbas. Venga, pues, con todo

derecho a, estos "Bustos políticos", como una página arrancada de la Leyenda Aurea o un miniado

pergamino dg otros tiempos, para edificación de cuantos ¿tensan que un asiento es para sentarse y no para

hacer centinela delante de él, como un ángel erecto de la amnistía total.

Dígase, sin embargo que con un ángel Hay suficiente: una milicia angélica seria demasiado. Y esto es lo

que nos amenosa si el ejemplo cunde. Por de pronto, senadores ha habido que se han puesto igualmente

en pie, relevándose para acompañar a mosén Xiri-nacs. También San Simeón tuvo sus seguidores, y los

estilitas llegaron a ser una forma nueva de monacato. Pero San Simeón no vaciló, cuando para poner a

prueba su humildad se le mandó que descendiera de la columna, en echar una pierna fuera, i Resistiría

mosén Si-rinacs a un suave requerimiento de que se sentase en nombre de la tradición parlamentaria? i O

se habrá espontáneamente incorporado a esa tradición cuando aparezcan estas lineas.

Confiemos al menos en que los redactores del futuro reglamento de las Cortes no den cabida en él a esta

nueva especie de senadores en pie. O, levantándose cada cual en mudo y erguido alegato de sus

reivindicaciones, cada sesión del Senado se nos convertiría en la escena del panteón en el "Tenorio".

NEMO

 

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