Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Política, política, política...     
 
 ABC.    22/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ABC. MARTES 22 DE FEBRERO DE 1977.

APUNTE POLÍTICO

Política, política, política...

Por José María RUIZ GALLARDON

Hasta hartarnos. ¿Que usted es aficionado al fútbol? Pues olvídese, amigo, Lo que importa es el

«centralismo arbitral» para impedir el triunfo en la Lisa del periférico Barsa. ¿Que se celebran elecciones

en un colegio profesional? Pues no se acuerde de los méritos profesionales de los candidatos. Lo que está

en juego es su «democratismo» o su vinculación a las estructuras de la «ominosa dictadura. ¿Que suben

los cines? Pues a callar, conciudadano. Usted es un despistado usuario que no parece querer enterarse del

trasfondo político (¡) de la medida.

Y así todo. La incesante avalancha de política rezuma en los periódicos, en las tertulias, hasta en el seno

de las familias. Todo, como por ensalmo, ha cobrado dimensión política y lo que no la tiene la tendrá,

libros, representaciones teatrales, música folk y de la otra, son hoy parcelas tenidas de color político. Si

usted quiere, dese una vuelta por cualquier librería y no digamos nada si se para ante un quiosco de

periódicos y revistas.

Esta inflación —que, para que no se me quede en el tintero, hace ya mucho tiempo que invadió las

homilías de muchísimos sacerdotes— en mala. Porque no es simplemente política, o, mejor, es política,

pero de partido, de grupo. Y de esta suerte —de esta mala suerte— transformamos lo que debiera ser

canal en desbordamiento, aquello que habría de servirnos para mejorar nuestra educación —y sí la

política no es educación es que no es nada— en guerrilla enfrentada.

Como quien no quiere la cosa hemos alzaprimado el valor y la función de los partidos hasta hacer de ellos

denominador común e indispensable, las más varias asociaciones —de vecinos, de amas de casa, de

aficionados al deporte o de filatélicos— corren el peligro de ver naufragar sus pretensiones y fines que las

dotaron de sentido en el mar del partidismo. Es la hora cumbre del partido-Dios. Y ya veremos las

consecuencias.

Yo siempre he creído que si partido viene de participar y no de romper, lo primero será fomentar

solidaridades que no discordias. Y que una democracia en la que los partidos no sepan, o no quieran, dejar

fuera y por encima de ellos mismos un conjunto de valores comunes, terminará en anarquía, en la que, es

sabido, toda libertad perece.

En fin. Que las cosas son como son. Lo que no empece —antes obliga— a que algunos pidamos que no lo

mezclen todo con la salsa a veces poco digestiva del partidismo. Aunque no se nos haga demasiado caso,

quizá haya libado el momento de decir que hemos ido demasiado lejos y, por aquello de que lo bueno es

enemigo de lo mejor, debiéramos, modestamente, circunscribir la política a su objeto propio y dejar

aparte otros dominios del pensamiento, del trabajo y hasta del ocio.

J. M. R. G.

 

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