Autor: Trenas, Julio. 
   Los Hombres de la Constitución     
 
 Pueblo.    09/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Tarea y verano por delante tie-nen los hombres encargados de elaborar la Constitución. Ponencia y Mesa

quedaron designadas en el Congreso. El Senado, no obstante el anhelo de algunos de sus miembros y en

virtud de lo previsto en la ley para la Reforma Política, no, tomará parte activa en la redacción del

proyecto. Se limitará a darle luz verde, una vez aprobado por los diputados o bien, expresará

disconformidades, dirimibles en la Comisión Mixta de congresistas y senadores.

A Los paralelismos históricos se dibujan con asombrosa frecuencia. La ultimar» Constitución da

intención democrática disfrutada por el país inició su gestación también en verano, aunque fue aprobada

en invierno. Tres meses y medio empleó el Parlamento en ponerla a punto. Los hombres de aquella

Constitución trabajaron de firme. Como lo harán quienes echaron sobre sus espaldas la responsabilidad de

constitucíonalizar la nueva democracia española.

• El hombre de la Constitución de la República —inmediatamente anterior en el tiempo a la que va

a elaborarse— fue Luis Jiménez dé Asúa, que tuvo a su lado, como peones socialistas, a Luis

Araquistáin, Jerónimo Bugeda, Trifón Gómez San José y Enrique de Francisco. Partieron para su trabajo

del texto elaborado por una comisión jurídica asesora. Aquel anteproyecto dejaba subsistentes el

Congreso y el Senado, aunque este último con características distintas al de la Constitución del

año 1876. La comisión rechazó en absoluto esta segunda Cámara.

• No se dio, como ahora, la que podríamos llamar neutralidad gubernamental —aunque en esta comisión

la línea política del gabinete esté bien representada—; Juan Simeón Vi-darte, primer secretario de

aquellas Cortes, refiere que «las discrepancias en el seno del Gobierno sobre la futura Constitución

comenzaron a exteriorizarse desde la presentación 4 la Cámara del proyecto de la comisión jurídica

asesora». El propio Alcalá-Zamora, presidente del Gobierno, encomendó al jefe de su minoría, Juan,

Castrillo, la elaboración de un voto particular que, en realidad, era un nuevo proyecto de Constitución.

«En él se establecía el sistema bicameral y se suprimían, entre otros, el artículo referente al divorcio,

por impropio de una Constitución.»

• Comenzó el debate constitucional el 27 de agosto de 1931. Jiménez de Asúa, presidente de la Comisión

Parlamentaria, defendió el proyecto. Declaró abiertamente: «Hacemos una Constitución de izquierdas,

y esta Constitución va directamente al alma popular. No quiere la Comisión que la compuso que el

pueblo , español, que salió a la calle a ganar la República, tenga que salir a ganar su contenido.» Para la

discusión de la totalidad del proyecto fueron concedidos tres turnos en pro y tres en contra, a más de

breves intervenciones de los representantes de las minorías. A favor hablaron Claudio Sánchez

Albornoz, Luis de Zulueta y Luis de Tapia. En contra, José Álvarez Buyca y los sacerdotes Ramón

Molina Nieto y Basilio Álvarez. Consumió otro turno en contra Pedro Sainz Rodríguez, y en la misma

linea habló Gómez Rojí. Los impugnadores se centraban en el carácter antirreligioso de algunos artículos.

Molina Nieto dijo: «El proyecto es un desafío a la conciencia del país. Una invitación a la guerra civil.»

® En las intervenciones a favor vale contabilizar aquel discurso de Ortega y Gasset donde glosó la

mecánica del voto particular: «El Parlamento no puede ser ya un sucedáneo del tiro de pichón, al cual

iban- los diputados con ánimo alegre de disparar sobre ningún miembro del Gobierno; hace falta un voto

particular de difícil ejercicio.» Una bellísima, entonada, atrayente y suasoria intervención, incluso para

quienes no comulgaban con sus puntos de vista, fue la de Fernando de los Ríos en nombre de la minoría

socialista. En ella acuñó aquella frase, luego objeto de comentarios y caricaturas: «Somos los hijos

espirituales de los erasmitas.» La expectación que había despertado fue enorme. Vidarte cuenta que

Ricardo de Orueta y Federico García Lorca, muy amigos; de don Fernando, querían oírle y acudieron a

pedirle invitación. No le quedaban y les situó en una tribuna de prensa. Terminada la sesión, ambos

volvieron a verle, entusiasmados por el discurso oído. Federico había escrito en la tribuna unos versos que

le mostró, y decían:

«¡Viva Fernando, viva Fernando´., Fernando de ¡os Rios, barbas de santo. Besteiro es elegante, pero no

tanto.

¡Viva Fernando, viva Fernando! Fernando el eremita, ´ barbas de santo.»

Q En una de aquellas sesiones se planteó la dimisión de Alcalá Zamora y Maura; ambos, comq católicos,

no aceptaban determinados artículos constitucionales. Don Niceto. en una carta a Marcelino Domingo, le

decía que él seria más útil a la República «propugnando ia revisión legal de los artículos que se acababan

d« aprobar» que dentro del Gabinete. Con Azaña de presidente del Gobierno prosiguió ia discusión, y el 9

de diciembre de 1931 la Constitución era aprobada por 368 votos a favor y ninguno en contra, ya que los

oponentes se ausentaron. Se rebasó la mayoría absoluta, cifrada en 236 votos favorables.

• Ahora son otros los hombres y los supuestos sobre los que se edificará una nueva Constitución. La

mirada retrospectiva puede servir de experiencia y estímulo a la tarea actual.

 

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