Autor: Madrid Corcuera, Luis. 
   Más sobre el crucifijo de las Cortes     
 
 El Alcázar.    19/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

MAS SOBRE EL CRUCIFIJO DE LAS CORTES

Tenemos que volver sobre el triste asunto. El asunto más grave, que se ha producido en España desde

1939. Grave en sí mismo, grave en sus circunstancias y grave en sus protagonistas.

El excmo. Sr. Hernández Gil, presidente de las Cortes, que, según se escribe, "tiene profundos

sentimientos religiosos´; ha hecho retirar de su despacho oficial el Crucifijo para no molestar o herir los

sentimientos de determinados parlamentarios. El hecho tiene una objetividad y una trascendencia

gravísimas, que nos hiere y nos desgarra como católicos y españoles. Pero no son nuestros sentimientos y

nuestro amor al Crucificado y a España los que ahora cuentan. Pueden enhorabuena o enhoramala los

nuevos politices apaleárnoslos y crucificárnoslos. Nos encontrarán siempre en trance de oblación por la

Iglesia Católica y por la España católica.

La que en esta hora de las tinieblas cuenta es el hecho en si mismo. Y el hecho, por mucho que nos

esforcemos en echarlo a buena parte, constituye objetivamente y a la luz más elemental de la moral

católica, una negación de Cristo y de su Cruz Redentora. Y esto no lo puede hacer un católico. Más allá

de los sentimientos subjetivos y del juicio de Dios, las penas eclesiásticas son muy graves. Porque es

absolutamente inconciliable "tener profundos sentimientos católicos" y mandar retirar el Crucifijo porque

su presencia puede molestar. ¿Cómo es posible sentir en católico y esconder a Cristo crucificado para que

no moleste...? ¿Qué clase de turbado catolicismo es ése que no duda en negar prácticamente a Cristo...?

¿A tanto ha llegado la confusión teológica y el oscurecimiento de la primera y más elemental exigencia de

la Fe? ¿Qué diriamos del hijo que escondiese vergonzantemente a su madre porque su presencia podía ser

poco grata a unos visitantes?

¿UN ESTADO CATÓLICO...?

Aparte el desprecio y menosprecio objetivo de la historia y de los sentimientos del pueblo español, el

hecho está rodeado socialmente de unas circunstancias agravantes, cuyas consecuencias no están lejos de

llegar a ser catastróficas para la Patria. Creemos que sigue existiendo en España una ley de rango

constitucional, que establece la confesionalidad católica del Estado Español. ¿No atenta directamente

contra esa Ley constitucional de que las leyes se inspirarán en la doctrina católica...? ¿Qué confianza y

qué esperanza pueden ofrecer al pueblo español unas Cortes, cuyo Presidente es capaz de hacer retirar el

Crucifijo de su despacho contra el sentir común del pueblo y contra las mismas leyes constitucionales

existentes...?

Elevamos nuestra mas dolorosa protesta, en nombre de la Fe Católica y en nombre de España,

y nos preguntamos, ante el silencio observado, si ya no hay en España parlamentarios católicos, que

levanten valientemente su voz para defender la presencia del Crucifijo y para protestar contra el atropello

de los sentimientos católicos del pueblo español y de las ´mismas leyes constitucionales. Y tenemos que

añadir nuestro estupor al contemplar el espectáculo paradógico e increíble de que siga siendo Presidente

de las Cortes Españolas un hombre, que ha echado el Crucifijo de su despacho porque podía molestar. ¿Es

que a nuestro Gobierno y a nuestra Monarquía no les importa tamaño desafuero religioso? ¿Es que acaso

nuestro Gobierno y nuestra Monarquía están dejando de ser católicos? A ellos les alcanza una gravísima

responsabilidad, delante de Dios y delante de España, aunque sólo sea por un escándalo nacional sin

precedentes desde hace 40 años. Porque quien consiente, midiendo y debiendo evitarlo, que se niegue

públicamente a Cristo, se solidariza, quiéralo p no, con el pecado objetivo de la negación y está obligado

en conciencia a reparar, el pecado frente a Dios y el escándalo frente al pueblo.

UNA LÓGICA CONSECUENCIA

Por fin una consideración a nivel personal, que no debo en conciencia silenciar, por mucho dolor que me

produzca. El Excmo. Sr. Presidente de las Cortes hace retirar el Crucifijo de su despacho porque su

presencia puede molestar a algunos parlamentarios. ¿No se ha parado a pensar el Sr. Hernández Gil que

su presencia en las Cortes como Presidente puede molestar a algunos parlamentarios y que puede herir a

no pocos españoles? Desde luego a mí, sacerdote y español, —lo digo sangrándome el corazón— me está

hiriendo en mi más íntima fibra española y sacerdotal. Y como a mi, a muchos otros, que lo han

manifestado de muy diversas maneras. A mí y a muchos otros españoles nos molesta, tras su incalificable

gesto religioso, la presencia del Sr. Hernández Gil en las Cortes españolas. Por eso le pedimos de corazón

que sea lógico y consecuente consigo mismo. Si el hace retirar al Crucifijo porque puede molestar,

retírese él porque nos ha molestado y nos molesta su presencia, mientras no repare su gesto, que nos

ofende como españoles y como católicos. Y si él no se retira voluntariamente, retírelo quien tiene auto-

ridad para hacerlo. Que no se puede comparar lo que es y representa para España y para los españoles el

Crucifijo y lo que puede representar y ser el honorable Sr. Hernández Gil, a quien no conocemos, a quien

expresamos nuestro inmenso dolor y de quien esperamos, con confiada caridad cristiana, que tenga la

suficiente nobleza, humildad y valentía para reponer el Crucifijo en la Presidencia de las Cortes con aquel

honor y con aquel amor que el Crucifijo y España se merecen.

Luis MADRID CORCUERA

19 —AGOSTO —1977

 

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