Martín Villa, vete ya     
 
 Diario 16.    30/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Martín Villa, vete ya

Cuando un ministro del Interior en un país democrático, en un Estado de Derecho, no como dicen que

debería ser: el nuestro, sino como es¿ no asoma los añones de la responsabilidad ante las cámaras de la

televisión cuando hay un intento palpable de querer matar al Rey´ y al jefe del Gobierno, ni es ministro —

-no se entienden sus razones para serlo—-, ni es nada. En este caso, debe dimitir con URGENCIA. Y si

no v dimite,´ los que le han puesto deben cesarle hoy mejor que mañana.

Cuando un ministro del Interior en un país que ha pasado por las urnas resiste sin inmutarse, sin

vergüenza, sin pudor, sin darse por aludido, la denuncia de unas watergatianas escuchas telefónicas que

atenían gravísimamente contra los derechos de las personas escuchadas en principio, y, por extensión,

contra todo un pueblo con ánimo noble de levantar su capa caída y de integrarse en un mundo del qué fue

desalojado hace cuarenta años. Cuando ese ministro del Interior mete la cabeza debajo del ala y no sabe,

no contesta, no da explicaciones al país, ni es ministro —no se entienden las razones para que lo hayan

encaramado a ese puesto de responsabilidad— ni es nada. Y en consecuencia, razonable debe irse a casa

hoy, que más tarde es tarde.

Cuando un ministro del Interior, con tan amplio mando como supone las múltiples competencias de su

Departamento, si esas competencias son llevadas exclusivamente por los caminos de la represión,

incomunicación, falta :de información y persecución callejera continuada contra el pueblo legalmente,

representado en las Cortes, ese ministro, y antes de que persista su claro abuso de poder dé marcado estilo

franquista, debe desaparecer ya e irse a descansar el cansancio del guerrero, de guerra.

Cuando un ministro del Interior permite que su gobernador civil en Santander consienta que su Policía —

que indudablemente no es la Policía que quiere el pueblo y parte de esa misma Policía— masacre a un

diputado que, casualidad, no es del partido del señor ministro del Interior, no se debe permitir que

continúen en sus puesto de responsabilidad ni el gobernador ni el ministro. ¡Que se vayan ya!

Si ante ese hecho que se podría calificar como en la terminología forense de delito político con abuso de

poder, alevosía y ensañamiento reaccionan partidos en la legalidad representantes del pueblo con un

vayase usted ministro, pues vayase y déjenos en paz, para que desde el Interior podamos rehacer un país

como queremos los españoles, que es sin duda como no parece querer ; el ministro encaramado.

Si cuando, por fin, un ministro del Interior, que ya asomaba el hocico en Gobiernos de Franco, que echa

la persiana para no ver ni oír cómo su colega italiano intenta razonarle al .pueblo su mala gestión en el

caso Keppler; que esconde la responsabilidad como el avestruz en los casos sobre los que el pueblo

demanda sus derechos y exige explicaciones, pero que consiente que su gobernador civil de Madrid para

callarnos la boca, dé una nota bochornosa a la opinión pública sobre lo acontecido en el Rastro el

domingo por la mañana: cuando con Jos métodos habituales se carga contra la multitud, ese ministro y, de

paso, ese gobernador, y esos otros muchos gobernadores, tienen que marcharse "ya.

Martín Villa, dimite. Diputados y pueblo no le admiten.

 

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