Las Cortes están para algo     
 
 Diario 16.    06/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Las Cortes están para alga

Lo que hace falta en este país es empezar a tomarse en serio las consecuencias de las elecciones de junio.

Ya es hora de terminar el respiro y de empeñarse de verdad en lo que la urgencia requiere, en lo que la

mecánica electoral dio a luz. Sería una pena tener que explicar a este país, con frecuencia, que ésta es otra

situación, que hacen falta nuevos métodos y otras estrategias.

Lo que hace falta en este país es que empiecen a funcionar de una vez, y con todas sus consecuencias, los

organismos nacidos de las elecciones. Que ya es hora de que, sin ir más lejos, las Cortes sean consultadas,

preguntadas, demandadas y respetadas.

Lo último lleva trazas de ser una aspiración difícil. Lo otra espera a ser planteado de verdad y con todas

sus consecuencias. Porque, vamos a ver, ¿para qué fueron elegidas las Cortes? ¿Para seguir

desempeñando su papel de comparsa? ¿Para seguir siendo el escenario de las adhesiones, las

aprobaciones y las efusiones inquebrantables? Para -ello no merecía haberse librado tal batalla.

Las Cortes están ahí, fueron elegidas y fueron constituidas para algo más. Sin ir más lejos, para ser la

conciencia del país, que ya es hora dé que alguien ponga aquí frenos al poder y logre acelerones cuando

hace falta. Resulta que las Cortes son, ahora mismo, la única institución democrática en España, el único

organismo oficial que puede decir que ha salido de las urnas. Estas Cortes, así las cosas, estas Cortes que

nacieron después de cuarenta años de sequía política, están para algo más que para hacer bonito en la

carrera de San Jerónimo y para algo más que para decir a los cuatro vientos que algo ha cambiado en este

país.

Estas Cortes, precisamente están ahí —jlas primeras Cortes elegidas desde hace cuarenta años!— para

trabajar y, siendo la tínica institución democrática, estas Cortes tienen que entrar en juego. Sobre todo,

para que no se hundan, no se pierdan y no se mueran definitivamente. Y, después, para que sea posible

mantener, de algún modo, lo conquistado con los votos.

Por ello, ya es hora de que el Gobierno se presente ante las Cortes. Ya es hora de que Suárez admita la

necesidad de que las Cortes refrenden el programa del Gobierno. Con ello, aunque algunos se empeñen en

demostrar lo contrario, la Moncloa no haría un supremo sacrificio ni siquiera una concesión graciosa. Con

ello, la Presidencia del Gobierno cumpliría una de las reglas de oro del juego democrático.

Las Cortes deben fiscalizar la labor del Gobierno, deben estudiar el programa del Gobierno. Más vale

tarde que nunca. Primero, porque tienen derecho y porque el Gobierno debe someter sa criterio a la

soberanía representada en las Cámaras. Segundo, en este país, en esta situación concreta, porque hay que

cuidar en mantillas el proyecto de democracia que tenemos, este inicio de convivencia. Así las cosas,

sería un error gravísimo, irreparable, saltarse a la torera a quinientos y pico diputados y senadores que

forman un cuerpo indispensable. Ahora no ds posible la vacilación. Hay que dar a cada institución su

competencia. Y a las Cortes hay que empezar a tratarlas en serio. De una vez v por el bien de todos.

 

< Volver