El favor de la democracia     
 
 Diario 16.    13/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

En favor de la democracia

El caso del diputado Jaime Blanco (PSOE) ha llegado al punto de Juicio salomónico. Dos informes de

parte interesada, uno de los parlamentarios José Luis Navarro (UCD) y Pablo Castellanos (PSOE) y otro

del Ministerio del Interior, presentan los hechos de forma contradictoria en algunos detalles. La dificultad

reside ahora en la demostración de los hechos que sólo pueden haber ocurrido de una manera.

Que Jaime Blanco fue golpeado y -que se intercambiaron insultos durante el trayecto al cuartel de la

Policía Armada y durante la retención, ño cabe duda a ninguno de los informantes.

Pero, pese a la minuciisidad de las investigaciones, las claves parecen estar fuera de los informes. El 7 de

septiembre, tras una reunión con los gobernadores civiles de toda España, el ministro del Interior, Martín

Villa, anunció a los periodistas que no dimitía, pese a las presiones del PSOE en este sentido. Martin Villa

aceptó que hay policías ultras, pero en minoría. Con ello parecía aceptar que Blanco fue insultado y

golpeado por policías que se excedieron en sus obligaciones.

Sobre la investigación de los parlamentarios (la duda de que el tono de Blanco fuera correcto)

gravita las declaraciones oficiales, que no rechazan las tesis de los parlamentarios, pero si Justifican la

actuación de la Policía.

La realidad a aceptar por el momento, es que todos tienen razón, y que hasta que se termine la

construcción de la democracia, se escriba la Constitución y se hagan habituales las libertades civiles, la

única legalidad, mientras no se apruebe otra es la franquista, cuyos nudos se van desatando

pacientemente, día a día.

El pleno que hoy celebra la Cámara de diputados deberá en nuestra opinión reconducir el caso Blanco a

sus verdaderas dimensiones evitando por una y otra parte toda extrapolación innecesaria que en las

circunstancias actuales sería además nociva.

Hay una larga tarea que llevar a cabo hasta reconvertir las Fuerzas de Orden Público —como ha escrito

ayer en estas páginas Julio Busquest—, pero es deber de todos ayudarlas a reencontrarse consigo mismas,

"en una palabra, democratizarlas". Sólo así volverán a ser no sólo respetadas, sino auténticamente que-

ridas por todo el pueblo.

 

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