Autor: Fernández Armesto, Felipe (AUGUSTO ASSÍA). 
 Carta abierta de Augusto Assia. 
 El descabellado debate de estos dos días     
 
 Ya.    15/09/1977.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

CARTA ABIERTA DE AUGUSTO ASSIA

EL DESCABELLADO DEBATE DE ESTOS DOS DÍAS

Un altercado entre un señor diputado y unos guardias es, en cualquier otra monarquía moderna, una

cuestión dé juzgado de guardia

Mientras tanto, al Parlamento se le escabullen sin contemplaciones los grandes temas nacionales

Querido director:

NO soy yo ciertamente dé aquellos que desde hace ya meses tienen que reprimir cada, mañana y cada

noche la tentación de. Imitando a don José Ortega y Gasset, repetir ahora la admonición en que el filósofo

anunció "no es esto, no es esto".

En no pocos aspectos, la Monarquía, los ministros de la Monarquía, la política de la Monarquía siguen

siendo, con todos sus defectos, BUS cortedades y, hasta si usted quiere, sus torpezas, a los dos años de

vida, más o menos lo que esperábamos aquellos españoles que sabemos lo que es hoy una monarquía

constitucional y las dificultades que lleva consigo acoplar en los elásticos odres de la monarquía consti-

tucional el torbellino emanado de una dictadura "atada y bien atada", de la que las cuerdas han reventado.

Quien esperaba que aquí la riada Iba a ser, sólo gracias a que estamos en la tierra de María Santísima,

amable y alegre á#ua de mayo, no pasa de pertenecer a la legión de loe Husos.

El desorden callejero, las huelgas—como loe Ingleses denominan a las que no tienen otro propósito que el

del altercado—"salvajes", la exudación desde los bajos fondos de la delincuencia "política", el pedrisco

de partidos y sindicatos propulsados por Va Inexperiencia y la Ignorancia, a mi, por lo menos, no me ha

cogido de sorpresa.

Discursos desde los balcones

No me alarmar Indebidamente Ja política » "través de lae manifestaciones" con que ahora los españoles

imitan la de los "discursos desde los balcones" que caracterizó a nuestra ínclita República.

Todos y cada uno de tales sarampiones entre los muchos que atormentan al país, a mí, que presencié

desde una butaca d« primera fila, primero, el avance de los fascismos sobre la democracia surgida en

Europa « consecuencia de la primera, guerra mundial y después, a consecuencia de la segunda, la

restauración de la democracia sobre las ruinas de loe fascismos, al mismo tiempo que la contención del

comunismo sacado de su madriguera oriental -por el nazismo, no me hace rasgarme las vestiduras, como

a tantos otros españoles a loe que puecte usted oír, querido director, en loe cafés, en los trenes, ei´ usted

conserva la plácida costumbre de viajar en tren; por loa campos, si usted no ha perdido el gusto de pasear

por los campos; en las fábricas, en las fiestas.

A mí. en fin, no me alarma, o me alarma poco, nada de lo que tiene a los españoles en vilo y les hace ver

pintado en el cíelo la admonición de don José Ortega, otra vez, otra vez, el caballo de Pavía. Todas esas

fuerzas ciegas precipitadas en la oscuridad de la noche no me infunden el menor terror. Sé por

experiencia que en estos momentos y en este continente no son más que silbidos en el desierto.

Ahora bien, señor director, lo que a mí comienza a producirme perplejidad son las cosas que se les

ocurren hacer al Gobierno de Su Majestad y otras que no se le ocurren.

Espero poder explicarle a usted en una serie de cartas los muchos, y cada vez más, actos deliberados,

conscientes, adoptados libremente y premeditadamente por el Gobierno de Su Majestad, sin que nadie lo

obligue a ello, que delata que si las fuerzas oscuras emanadas del fondo de la dictadura sobre la

Monarquía no saben lo que quieren ni quieren nada, no ya razonable, sino practicable, en cambio, mucho

de lo qué quiere el Gobierno (o aparenta creer al menos) si es practicable es dudoso que sea razonable y,

desde luego, harían de la Monarquía española, si tuvieran éxito, cualquier cosa menos una Monarquía

moderna, eficiente y estable como las otras siete europeas.

Según le digo, ya le hablaré a usted de otra serie de actos y medidas gubernamentales, que de continuar y

de prosperar pueden hacernos esperar aqui una Monarquía a lo Faruk, a lo Kaiser, a lo griego o a

cualquier otra antigualla que a usted se le ocurra; pero, aesae mego, no una Monarquía a lo británico, a lo

holandés o a lo sueco. En esta carta quiero circunscribirme al debate parlamentario que hemos estado

presenciando estos dos últimos días, y que eí representa algo, en lin contexto democrático, representa lo

que Shakespeare describió como "un sueño en una noche de verano".

Un Parlamento al que se le ha escabullido dn contemplaciones la devaluación de la peseta o la reforma

fiscal, que no ha podido diecu-:ir todavía ninguno de los aspectos de la ore-jiente crisis económica, la cual

avanza como los jabalíos del Apocalipsis sobre nosotros, que ha insto sin poderlo mencionar siquiera la

eus-titución del tiránico sindicato vertical por el saos sindical, que aún no ee ha enfrentado con la

inflación, un Parlamento como el que desde el diía 16 de junio no ha hecho más ctue ver pasar por delante

de los leones los acontecimientos nacionales, es lanzado, señor director, a que debata como primer gran

tema nacional, durante dos días y a los dos meses de elegido, un altercado entre un señor diputado y unos

guardias que, en cualquier otra Monarquía moderna, no e«. ni puede ser, sino una cuestión de Juzgado de

guardia.

¿Habrá visto mayar disparate que el de pretender que el nuevo y comprometido Parlamento de la

Monarquía constitucional empiece «u vida discrepante, cuando debía empezarla enfrentándose con los

grandes temas y problemas que a todos nos une», poniéndole ante una reyecta entre loe agentes de la

autoridad y un miembro del poder legislativo? ¿Es que aqui lo que quiere el Gobierno es hacer del

Parlamento un "soviet", una "convención" o un "juagar do", cuando lo que en todas las otras monarquías

el Parlamento lo que es, «s el órgano legislativo, cuya misión principal consiste en controlar al Gobierno?

El Parlamento y su función

Si el descabellado debate de estos dos días, el primer debate parlamentario en España después de cuarenta

años, lo que busca no es des-viar al Parlamento de controlar al Gobierno controlando una reyerta

callejera, ¿qué es, querido director, lo que quiere? ¿Cómo es posible que los señores diputadas y el propio

Gobierno no se den cuenta de que privando al Parlamento de su verdadera función para cargar sobre sus

espaldas funciones policíacas y judiciales, se lanzan por un camino no sólo irrevocablemente

anticonstitucional desde el punto de vista de la división de poderes preponderante en toda monarquía,

corremos el riesgo de meternos en un callejón sin salida? ¿Vamos a meter por la puerta trasera en el

Parlamento las funciones que no le corresponden, mientras Je quitamos las que son suyas propias?

Que nadie haya planteado el debate en estos términos que son los verdaderos términos en que hay que

plantearlo desde un punto de vista monárquico y constitucional, resulta, querido director, alarmante,

porque señala que quizá no sólo el Gobierno de Su Majestad, sino también los propios parlamentarios se

encuentran como loe niños en el bosque de que habla la frase inglesa y han perdido el hilo que lleva por el

camino del regreso hacia la realidad impuesta por nuestro gran propósito de construir una Monarquía

constitucional y moderna, no una antigualla confusa.

Colocar al Parlamento y a cada uno de loe partidos en él representados ante el dilema de declararse a

favor de la autoridad o del privilegio parlamentario, es ya, en eí mismo, un dislate que no necesita ser

acentuado. Lo mismo podría el Gobierno plantear la decisión entre la virtud y el vicio. Dirimir sobre una

reyerta callejera es, como digo, entre en ella quien entre, función del Juzgado de guardia y constituye un

despropósito ponerla sobre la mesa del Congreso como el único debate de que es digno el Parlamento,

con lo que, señor director, quedo de usted afectísimo amigo,

Augusto ASSIA

 

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