Autor: J. C. . 
 Pasillos. 
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 El Alcázar.    15/09/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

PASILLOS

SE CONOCÍA EL MENÚ

Camacho, Carrillo, Carro, tres abstenciones para contabilizar en serio las posibilidades defenestradoras

del Pleno. O sea que el tete á tete de las mayorías, con las inquebrantables adhesiones de compromiso, a

partir de las tres "C" no tenía ya color y mantenía en su sitio la del ministro Martín Villa, con 160 votos

de soporte.

Pero la victoria tan largamente preparada careció de estilo. Los detalles no aparecieron por ninguna parte

y así contabilizamos la abstención del gitano centrista y la postura del ex subsecretario del titular del

Interior, Ortí Bordás, muy locuaz durante los dos días que duró el estudio del caso, prefirió, a la hora de

las votaciones, ausentarse del pasteleo (no como Mayor Zaragoza v López Rodó, cuyos escaños

aparecieron vacías desde el comienzo de las sesiones). La decisión llegó arrobada de buen humor por la

equivocación del Rodríguez González, socialista por Murcia que no acertó a la primera con la disciplina

del partido y por la deportiva actitud de sus compañeros, que querían cerrar la lista con el sí de Carlos

Zayas, por aquello del honor y por aquello de los malintencionados que sospechasen de las buenas

maneras del secretario de la Cámara.

LA CALLE DE LAS CORTES ERA DE TODOS

Pero ya digo, faltó calse. O se ganó en mala uva, de la que ayer sus señorías hicieron acopio. Pérez Llorca

sacó del sombrero las conclusiones del último Congreso del PSOE y allí reververaron de pronto las

actitudes revolucionarias, cordialmente recogidas por la base parlamentaria de Felipe con aplauso de

sincero agradecimiento. Al otro lado de la red, Guerra ponía en el atril una acusación demoledora: la nota

del Gobierno Civil de Santander sobre los hechos en el caro Blanco era prefabricada. Llamó corsario a

Camuñas —quien, al abordaje, se lanzó inmediatamente a corregir al "querido Alfonso", explicando que

cualquier persona no tenia patente de corso para intervenir en una manifestación— y puso colorado a

Fernández Ordóñez y Garrigues dudando de su solidaridad con su compañero de Gabinete. El ministro de

Obras Públicas no quiso pronunciarse al respecto cuando fue preguntado por este peoriódico.

Cantarero, que andaba entre los invitados, confirmó la impresión: "Siento mucho que este primer pleno se

convoque para examinar un tema que es de la jurisdicción ordinaria" —pienso que lo que el recién nacido

al socilismo sentía de verdad era no estar en la pista lamentando el suceso con la púrpura al hombro-*. El

senador de UCD, Chueca Goitia murmuraba también a los desabridos portavoces que "habían creado un

clima de tensión impropio en el Congreso".

Y llegó ese monstruo de legalismos eminente que es Manuel Fraga, echando por tierra la argumentación

de las mayorías y justificando de paso la inhibición de su grupo. Calificó de bombero al bueno de Blanco

y quiso traer al canto general de promesas y amenazas una frase acuñada en sus mejores tiempos de

poder: "Vamos por un camino triste de degradación. Por la ley lo que quieran, contra la ley lo que

puedan".

Gómez Llórente, que había atravesado con el dedo acusador veintisiete veces al ministro, se mostraba —

que en esto todos se igualaban ayer— eufórico a falta de otras previsiones: "Sí es que es verdad. Sea cual

sea el resultado de la votación,el Parlamento ha obtenido su primera victoria sobre el Gobierno. No ha

podido eludirnos. Hemos dicho lo que muchos millones de españoles querrían decir".

Las lenguas se afilaban, dentro y fuera de la calle, que ayer en las Cortes, si que era de todos y todos

querían soltar su frase. Muchos, elevando instancia al pataleo de lo que se presentía. Es lo que decía

Felipe: "El voto secreto se utiliza cuando hay que actuar en conciencia. Por eso precisamente hoy no va a

ser secreto". En la suposición, coincidiría con el presidente Alvarez Miranda, con lo que el líder socialista

tuvo que dejar constancia de su granito de arena de viva voz.

INVITA CARRILLO

Efectivamente, como apuntó Sánchez Terán, la luna de miel de la legislatura había finiquitado. Con

Carrillo de fin de fiesta que convirtió el retorno a la ingrata cotidaneidad en una amigable reunión de

amigos donde no se esperaban sorpresas. Los inquietos Ortega y Díaz Ambrona, Calvo Sotelo y Abril,

cerebro de las operaciones de busca y captura, se habían quedado sentaditos y hasta Nicolás Franco y

Antonio Fontán escuchaban, como mandan los cánones, el libreto que todos habían ensayado. La traca de

Santiago incluida. Sin sobresaltos en el selecto auditorio, a quien Alvarez de Miranda había amenazado

con desalojar si. volvía a manifestar su preferencia ruidosamente, el secretario del PCE logró arrancar

complacencias hasta de la primera fila de butacas azules, a quien muy respetuosamente le invitó una

próxima función, dentro de seis meses. "A ver quien se ríe de estas cuestiones porque yo dudo que el

pueblo quisiera que la UCD volviese a aplicar un programa de la izquierda".

El profesor Ollero se apartaba —como el alcalde Arespacochaga— discretamente de la kermesee. "Si es

que no no sé nada del Congreso. No es que no quiera opinar. Pero soy senador y no he venido por aquí

más que dos días". Por e! contrario, otros, invitados de segunda se apuntaban a la rifa de opiniones. Voilá

Miguel Primo de Rivera, acaloradillo en el bar, donde por cierto, no quedaban canapés ni coca con

minutos antes de las votaciones.

Porque es que lo de ayer desmereció las previsiones. A medio pelo anduvo el asunto y el mal sabor de

boca, con perdón de Rodolfo Martín Villa lo produjo su "normal" confirmación en el cargo. Hubo quien

esperaba más de la bacanal.

J.C.

EL ALCÁZAR

 

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