Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   A la sangre por la democracia     
 
 El Alcázar.    15/09/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

CRÓNICA DE ESPAÑA

A LA SANGRE POR LA DEMOCRACIA

CON rapidez se van las ilusiones democráticas por la escotilla de tos mas añejos vicios

políticos. Con rapidez se desflecan las esperanzas. Con rapidez mueren los sueños. Con

rapidez se avanza hacia el fin de lo apenas comenzado. Con rapidez destruyen lo posible

aquellos que nacieron marcados con te señal indeleble de te confusión.

¿Qué mas decir del momento político que vivimos? ¿Acaso que una bofetada en sensible

mejilla socialista importa más que el bienestar de treinta y cinco millones de españoles? Esta

grotesca comedia de te reposición del más rancio y estúpido de los parlamentarismos, le deja

el cuerpo a un español normal igual que si hubiera pasado por una disentería aguda. Montar el

numero del primer pleno en torno a la demanda de destitución del ministro del Interior por el

incidente irrelevante de Santander, es un chiste tan malo que ni el rey de los pelotilleros sería

capaz de esbozar una sonrisa. Resurta tan absurdo como preparar un convite de fabada en

mitad del Sahara. ¿O es que acaso el señor ministro del Interior no ha cometido gruesos y

groseros errores políticos capaces de justificar te dimisión e incluso una larga cura de silencio?.

Los números que sirven de guinda a te increíble escenificación protagonizada por te Cámara

de Diputados, apenas si significan otra cosa que te confirmación de un falseamiento electoral

por todos conocido. Los votos que verdaderamente importan a los efectos del análisis político,

no son los síes del centro ni los noes marxistes. El centro de gravedad de te democracia de

don Tancredo, en que estarnos, sigue emplazado en el reducido espacio de tes treinta y siete

abstenciones. El día en que los abstencionistas dejen de sentir determinados atavismos éticos

y se emparejen con tos restantes, el estruendo de te caída resonará con estrépito en las

bóvedas de te Casa Blanca y del Kremlin.

El falseamiento ha sido en exceso descarado. Poner sobre el escenario a las Fuerzas de Orden

Público y escuchar elogios hacia su comportamiento y misión de quienes tes destruyen y tes

hostigan, es algo que supera todas las marcas de te desfachatez. Pero, en realidad, lo que

menos importaba en el pleno desdichado de te Cámara de Diputados era te imagen de un

diputado socialista que no ha aprendido tes limitaciones racionales que tienen los

absurdamente llamados padres de te Patria. Y tampoco te suerte de las Fuerzas de Orden

Público, que todos saben echada. La dimisión del ministro del Interior no era pedida en función

de determinadas incapacidades de sobra demostradas, las cuales convienen mucho al PSOE y

al PCE. La dimisión del señor Martín Villa convenía sobremanera en cuanto su único fuero

político comprobado reside en te capacidad indiscutible de muñidor electoral. Los marxistas no

quieren al señor Martín Villa en te sala de los botones de las elecciones municipales. Eso es

todo. Pero han demostrado una gran torpeza al tomar como base artillera tan necio pretexto.

Han .salido de te batalla parlamentaria tan mal parados como te franja gubernamental

En te sesión de marras, sólo un hombre ha sido consecuente con sus ¡deas. Me refiero al

diputado gitano de UCD. A este hombre, políticamente ingenuo, se le puede pedir cualquier

cosa, menos votar en favor de te Guardia Civil. Es natural. Ha sido fiel a su gente. Todo lo

contrario que los restantes diputados, fieles sólo a intereses tangenciales, a viejos resabios, a

pavores infundados y a tentaciones innombrables. Fieles a los españoles es decir, a los

verdaderos intereses del pueblo, podrían contarse con tos dedos de te mano en el conjunto de

ambas Cámaras.

Pero no es en el hemiciclo parlamentario donde se demuestran tes buenas intenciones y el

respeto hacia tes Fuerzas de Orden Público. Las palabras son fáciles. Las actitudes, día tras

día mantenidas, son las difíciles. Las empeñadas. Las sacrificadas. Las responsables. ¿Y qué

pasa en te calle? Navaluenga es una respuesta reciente. Y el comunicado tardío y apremiado

del Gobernador Civil de Madrid sobre te accidentada detención de un GRAPO, es otro aún más

explícito. Dejo a un lado el sospechoso silencio durante tres días de la primera autoridad de

Madrid y el escopetazo en el justo momento en que ya no era posible el pacto de silencio para

el pleno entre Suárez y González, ahora contendientes por la jefatura de una hipotética social-

democracia homologable y financiable. La gravedad está en otra parte.

Esos hechos ponen de manifiesto algo que desde estas páginas se ha denunciado con

fastidiosa reiteración. Los españoles han comprendido que desapareció ya te autoridad del

Estado. Cada cual pretende tomarse b justicia por su mano. Cada cual pretende hacer las

cosas a su modo. Cada cual se siente con derecho a imponer su voluntad. AQUÍ no manda

nadie. Mientras te clase política cede, dimite de sus deberes, discute estupideces, deja ver

constantemente sus más íntimas vergüenzas, lucha por las palabras, desconoce los problemas

más angustiosos para el pueblo y falsifica hasta su sombra, reaparecen con fuerza inusitada

los viejos demonios familiares. La propensión anárquica de este pueblo nuestro, inevitable

cuando se le sustrae de una tentadora empresa a realizar en común, retoma una vez más por

sus fueros.

España se hunde otra vez en te anarquía. A España le han fallado de nuevo sus clases

dirigentes. España vuelve a ser lo que solía.

Grandes y pequeñas empresas quiebran, las cifras de paro crecen agoreramente, te ruina se

enseñorea de te economía, los precios se disparan, el ahorro desaparece, te Bolsa naufraga, te

miseria amenaza... Pero los partidos, sus dirigentes y sus parlamentarios convierten los

espacios institucionales de te política en patio de vecindad. Aquí nadie es capaz de decir y

exigir seriamente, igual que el sucesor de MAO: "Menos inútil palabrería, y a trabajar". Aquí lo

único que importe es permanecer en el poder y satisfacer los más bajos instintos políticos.

Igual sucedió en los años treinta. Hoy, como entonces, se va a te sangre por una nefanda

administración de algo tan esencial, conveniente y frágil como es te democracia. Sólo que

ahora, con mayor rapidez.

Ismael MEDINA

 

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