Autor: Aguirre Bellver, Joaquín. 
   Notas a una sesión pasional     
 
 Pueblo.    16/09/1977.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

Joaquín AGUIRRE BELLVER

Ayer, con las prisas, se me quedaron algunas que decir sobre el pasado Pleno y quiero decirlas ahora.

Actúo con ventaja, lo sé, porque ya estoy enterado no sólo de lo que pasó allí, sino de lo que la gente

quiere saber, además de lo que le contamos en nuestras crónicas de urgencia.

El taxista que acaba de traerme al periódico me ha preguntado si dé verdad se pusieron tan enfadados los

parlamentarios como le ha parecido entender a la lectura de la Prensa. Sinceramente, creo qué sí, que mis

colegas no exageran nada. Había muchos nervios y había mucha inexperiencia. Nervios e inexperiencia

pueden llevar a dos posiciones muy distintas, a dos ideas encontradas de lo que es un Parlamento: a

engolarse, quitándole toda naturalidad al espectáculo, o a liarse la manta a la cabeza y pensar que el

camino más corto es el de la agresividad.

No quiero personalizar. Dividida la Cámara en sectores, él de UCD es circunspecto, quizá en exceso

poseído de la trascendencia de su papel; el sector socialista, principalmente en los escaños del PSOE,

reacciona como un público de fútbol,, con grandes ovaciones y grandes risas, clama y a veces se escapa

de la disciplina algún entusiasta para re-,plicar al orador de;turno. Felipe Gonzále? tuvo que contener a

los suyos varias veces, haciéndoles gestos con la mano y enviando a recorrer los escaños a sus ayudantes.

Calvo-Sotelo no laene estos problemas, sino otros, de muy distinta dimensión.

Como ejemplo de las dificultades de Felipe González para mesurar a sus tropas, hemos de citar una vez

más a don Jaime Blanco. ¿A quién se le ocurre, don Jaime, cuando, acaba de plantear usted, en las Cortes

el tema del honor parlamentario, soltar delante de un puñado de periodistas aquello de «esto está lleno de

mongólicos»? Lo ha contado Pilar Urbano y es verdad, porque yo lo oí claramente. Tengo una memoria

fotográfica para estas cosas, ,y lo que oí fue lo que sigue:

—Puede qué yo sea un esquizofrénico, pero esto está lleno de mongólicos.

No había hablado de este tema porque pensé que era natural que Jaime Blanco estuviera apasionado en e s

as horas de defensa, ataque y hasta calumnia sobre su persona;,pero ahora resulta que alguien pone en

duda la información de Pilar Urbano, y me veo en la obligación de ayudar a establecer la verdad. Vamos,

a decir lo que oí.

Sobre estrategia es también otra pregunta que me han hecho varias personas con las que he hablado desde

el Pleno hasta que me he puesto a escribir estas líneas:

—¿Cómo se entiende la actitud de Carrillo? A ver ¿qué se propone?

En mi opinión, Carrillo, desdé que regresó a España, rio hace otra cosa que decir: «¡Eh!, señores, que aquí

los radicales, los peligrosos, los que de veras son de temer, son esos, y no nosotros. A nosotros nos han

echado la fama, pero aquí quienes vienen a derribar un orden social, a subvertir, a hacer difícil la

convivencia, no están en el Partido Comunista.» Y, señala sin decirlo, al PSOE. Porqué Carrillo y el

PSOE se han disputado en la campaña, electoral los votos-de la moderación con inquietud social, y se los

ha llevado Felipe González, mientras Carrillo no lograba quitarse algún sambenito de encima.

En el Pleno de anteayer se vio, además claramente, otra cosa: Tierno Galván parece que va a colaborar

con don Santiago en esta estrategia.

Con su eterna manía de apostar, Franco Pascual del Pobil, que asiste al Pleno desde la tribuna pública, me

dice en la barra del bar que se juega conmigo el café, una comida, lo que sea, a que Tierno es ministro

antes de fin de año. Se fue sin pagar el café, quizá en señar de dar por hecho que me había ganado.

A Tierno Galván quizá le separe del PSOE y le acerque a UCD uña cuestión de modales." Aunque se

haya situado por derecho propio a la izquierda en él hemiciclo, las reacciones de. él y de su grupo se

parecen bastante más a las dé los centristas, hasta en el atuendo. Es tan difícil imaginarse sin corbata a

Tierno Galván como imaginarse con ella a otros:

Dentro de la estrategia del Pleno, una maniobra singular: Alfonso Guerra trató abiertamente de en frentar

al ministro socíai-de.mócratá Fernández Or dóñez y al ministro liberal Garrigues con Martín Villa. La

reacción fue inmediata, y los dos respondieron yendo a sentarse junto a don Rodolfo, flanqueándolo de

adhesión ostensiblemente, como invitando a los fotógrafos tirar unas placas. Pe re eso, conste, no quiere

decir que toda el monte sea orégano en el Gobierno; quiere decir, simplemente, due esa maninhra~Hf>-

oiera nacerse de lórína más sutil.

Otra pregunta de la ca lie: ¿por qué Unión de Centro repite tanto a los oradores? ¿Acaso porque no tiene

más que esos Pues, la verdad, me parece un error notable.

Una más: ¿por qué nc replicaron a Carrillo? A eso diré que iba a hacerlo Benzo; ya estaba a punto de

pasar a la tribuna cuando Suárez le contuve y le indicó que renunciara. Benzo no es un orador brillante,

sino comedido, de palabras muy precisas, meditadas, bástante mejor cuando ha preparado el tema que

cuándo tiene que improvisar. Le he oído cosas muy buenas, y le he oído, en intervenciones impensadas,

cosas regularciílas. Correcto, atacante siempre con argumentos, raramente dado a la ironía. Quizá Suárez

pensó, al cabo del discurso colorista y efectivo .de Carrillo, que la respuesta no era necesaria.

No sé si el PSOE se equivocó ai elegir el tema para este Pleno extraordinario. Lo que sí me permito es

insistir en que los incidentes de enfrenta-miento callejero entre manifestantes y. guardias deben

abandonarse como primera materia dialéctica. Me hago cargo de que esto no es fácil en un partido cuya

operatividad se apoya en la movilización de masas. ¿De verdad son éstos los tiempos para movilizaciones

de masas? ¿Nc sstará un poco pasado todo éso? Me remito a aquella verosímil respuesta dej embajador

inglés a Serrano Súñer cuando la manifestación estudiantil;

—No, no me envíe más guardias; basta con que deje de enviarme estudiantes.

 

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