Y ahora, ¿qué?     
 
 Diario 16.    16/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Y ahora, ¿qué?

Pasado cí pk´iio celebrado en torno al ca^o dcJ diputado Blanco conviene preguntarse dónde estamos.

Sólo los previamerUc convencidos pueden afirmar que el Gobierno ha salido fortalecido de la prueba. La

derrota de la moción de censura presentada por el PSOE estaba prevista y el Gobierno ha quedado donde

estaba sin más asistencias de las que tenía antes y sin más credibilidad que ia que conservaba después Je

las batallas veraniegas. Lo único positivo del Pleno en cucslión sería ese pacto sobre la amnistía que si es

real puede poner fin a uno de los más serios obsláculos para la consolidación de la democracia. Pero esle

trofeo no requería (anuí pólvora gastada en salvas.

En resumen, centristas y socialistas han salido desgasUulos de! incidente y mucho han contribuido a ese

desgaste las intervenciones de algunos diputados de ambos lados que casi llevaron un en-frentamiento al

nivel de una pelea infantil y callejera. El incidente iniciado en Puerto Chico terminó en una colisión

dialéctica, con corsarios por medio, que tuvo ribetes de algarada de muelle. Y hasta el Parlamento se ha

visto afectado en un prestigio por un planteamiento erróneo. La partida concluyó en tablas.

¿Qué hacer ahora? El Gobierno licué que ponerse a gobernar de una vez presentando su programa y los

diversos proyectos que lo constituyan debidamente articulados y dispuestos al débale y sin escudarse en el

pretexto de que las Cortes todavía no están en condiciones de funcionar porque no tienen reglamento. Si

en un plazo de pocas semanas sigue todo como ahora, habrá que pencar que la idea de un Gobierno de

concentración puede ser la única salida. Tal fórmula es hoy prematura porque si no todo es pa/ y ventura

en el actual Gobierno centrista, ¿qué sería de un Gobierno en el que estuvieran desde Fraga hasta

Carrillo? Pero si la UCD se muestra incapaz de gobernar habrá que buscar algún modo de. salir del

atolladero y esa discutida idea del Gobierno de concentración podría ser el último tanto de la democracia.

Por su parte, las Cortes deben borrar inmediatamente la imagen, cada vez más extendida, de que allí no se

hace nada. Hay tres temas, reglamento, Constitución y programa económico, que deben quedar resueltos

cuanto antes. Para avanzar en todas estas cuestiones y en esas oirás que están sobre el tápele

{´autonomías, educación, sanidad, vivienda, etcétera) las Cortes y el Gobierno debieran, de mutuo

acuerdo, fijar un calendario y comprometerse a cumplirlo. Eso es lo que esperan los electores de sus

representantes y del Gobierno. O se nos dice cuáles son los pasos que se proponen dar los nuevos

gobernantes, cuándo y cómo pretenden darlos o e! descrédito se abatirá sobre ellos y, io que es peor,

sobre la formula democrática. El camino para evitar esto está bien claro sería grave responsabilidad de

nuestros políticos no recorrerlo hasta el final y a toda marcha.

 

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