Autor: Fernández Armesto, Felipe (AUGUSTO ASSÍA). 
 Carta abierta de Augusto Assía. 
 La inmunidad parlamentaria no exime de reponsabilidades al diputado  :   
 En Inglaterra, un diputado fuera del parlamento puede ser detenido por un policía si comete una falta lo mismo que un ciudadano cualquiera. 
 Ya.    17/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

17-IX-77

NACIONAL

Carta abierta de Augusto Assía

LA INMUNIDAD PARLAMENTARIA NO EXIME DE RESPONSABILIDADES AL DIPUTADO

EN INGLATERRA, UN DIPUTADO FUERA DEL PARLAMENTO PL´ÍDE SER DETENIDO POR

UN POLICÍA SI COMETE UNA FALTA LO MISMO QUE UN CIUDADANO CUALQUERA

Si usted me lo permite, intentemos, querido director, sacar de las tinieblas en que la precipitó el famoso

debate a la inmunidad parlamentaria.

¿Qué es, y qué va a ser, en nuestra Monarquía constitucional y en el concepto de los que la gobiernan la

inmunidad parlamentaria? ¿Va a ser, como en las otras siete Monarquías, la garantía legal con que los

parlamentarios son pertrechados a fin de que puedan ejercer sin miedo su función específica de vigilar y

controlar la labor administrativa del poder ejecutivo, así como hacer las leyes y debelar su aplicación, o lo

que está llamado a seguir siendo aquí la inmunidad parlamentaria es, como ocurría en la dictadura, una

patente de corso? He aquí la cuestión de los 64 dólares que surge del famoso debate, señor director.

¿Es para poder difamar, insultar, injuriar a cada uno y a todos los ciudadanos, sin que el ciudadano pueda

recurrir a los jueces ni al parlamentario aplicarle nadie la ley, para una de las cosas que la inmunidad va a,

servir en la Monarquía como sirvió en la dictadura? ¿Es que el parlamentario pueda atrepellar, en sus

raudos coches, a cualquiera lo que la inmunidad va a seguir protegiendo? ¿Es la corrupción, el dolo, la

prevaricación quienes se pueden seguir sintiendo, como se han sentido tanto tiempo, bien arropadas por la

inmunidad parlamentaria?

¿Va el escandaloso resorte del "suplicatorio" a seguir siendo el alcahuete de todos los tra-pichóos, los

desahogos, los delitos y los ci (morios y va a seguir ahora un diputado, corno antes un "procurador",

sintiéndose un ciudadano de primera, a quien nadie puedo toserle, frente a toda la masa désvalida del

país? No necesito mencionar, porque están en la memoria de todos, los casos no escasos do

"procuradores" que atropellaron con sus coches, injuriaron con sus plumas, abusaron con su poder a,

través de todos los cuarenta años sin que, sólo por el hecho de que oí dedo magnánimo les hubiera

designado, hayan no sólo escapado a los castigos que podían merecer, sino incluso a la obligación de

comparecer ante los jueces,

¿Va esto ahora a repetirse indefinidamente´?

Yo no digo que tal peligro surja patente del debate. La confusión que, a medias con la ignorancia, se

enseñoreó de él no permite que pueda deducirse patentemente ninguna consecuencia del debate, como no

pueden sacarse consecuencias lógicas de "Alicia, en el país de las maravillas"

LOS SACROSANTOS DIPUTADOS

Algunos indicios do que no pocos diputados estuvieron dominados durante los dos días polla, noción

subconsciente de que, lo grave de la. reyerta entre un policía y un ciudadano estaba, sobre todo, en que el

ciudadano era un "diputado", y los diputados deben ser sacrosantos, no pueden menos de alarmar al ob-

servador, sin embargo, y hacerle pensar que aquí se esconde otro aspecto tras el que. en nombre del

parlamentarismo, hay no pocos que están dispuestos a mantener la dictadura.

Le dije a usted, querido director, en una de mis recientes cartas que en cualquier otra de las siete

Monarquías jamás la "inmunidad" de un diputado metido en un fregado como aquel en que se vio metido

(o se metió a sí mismo) el diputado socialista español doctor Blanco podía ser sino un asunto de Juzgado

de guardia.

¿Me permite usted que, a fin de precisar más las cosas y concretarlas, explique cuál sería exactamente la

posición del doctor Blanco si el doctor fuera un miembro de la Cámara de los Comunes, o, para el caso,

de la de los Lores, y la trifulca con el policía hubiera tenido lugar en una calle de una ciudad británica en

vez de en una calle de Santander?

La posición del doctor Blanco, miembro de la Cámara de los Comunes, sería, en una calle de una ciudad

británica, exactamente la misma que la de usted o la mía si yo y usted, encontrándonos en Inglaterra, nos

metiéramos en el fregado que se metió aquí el doctor Blanco.

Un diputado inglés tiene inmunidad para todo lo que dice o hace en la Cámara de los Comunes, pero

fuera del pintoresco recinto oblongo sus privilegios y su inmunidad son inexistentes. Un guardia inglés

detiene a un diputado, por muchos carnés y muchas credenciales que exhiba, lo mismo que me detiene a

mí si él y yo hemos cometido la. misma falta; como yo, el diputado inglés comparece ante el mismo juey,

y recibe la misma reprimenda o pena que yo, con la sola diferencia de que el juez pueda agregar,

dirigiéndose al diputado: "¿No le da a. usted vergüenza responder tan mal a la confianza que los que le

votaron depositaron en usted?"

La inmunidad es, para un diputado inglés. una protección a fin de que, sin el menor recelo, pueda

denunciar en la Cámara de los Comunes al Gobierno que no hace cumplir las leyes o a los ciudadanos que

no las cumplen Fuera de la Cámara de los Comunes un diputado inglés no tiene otros privilegios ni otras

inmunidades que las que pueda tener cualquier inglés do! montón, y si de mí, extranjero, un diputado

inglés dijera o.n un periódico, en una cátedra, en la tribuna pública, por la televisión o por la radio

cualquier cosa que yo considerase injuriosa para mí, yo puedo presentarme a denunciarlo on el Juzgarlo

de guardia,, y esté usted seguro que el empelucado juez procede con el diputado, o, para el caso, el minis-

tro, o quien sea, como procedería contra cualquier John Bull.

La inmunidad parlamentaria, en fin. señor director, es en las Monarquías un privilegio para proteger al

diputado contra, el miedo al Gobierno y para que no deje, por miedo, do denunciar los atropellos del

Gobierno. Pero no es una patente de corso para que los diputados vayan pasando con sus coches sobre los

ciudadanos, para que intimiden a policías o para que abusen de las gentes. Aquí durante la dictadura

hemos tomado, en muchas cosas, el rábano por las hojas, y ahora nos encontramos con que el Gobierno y

los propios diputados de tantas hojas no ven el rábano, dicho sea parafraseando un refrán alemán, con 1o

que quedo de usted afectísimo amigo y servidor.

Augusto ASSIA

 

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