Un lujo no permitido a las Cortes     
 
 Diario 16.    17/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Un lujo no permitido a las Cortes

Tres días después de celebrado el Pleno del Congreso de Diputados instado por el Partido Socialista

Obrero Español para estudiar el "caso Blanco", queda en el aire la duda acerca de la utilidad de tal

empeño, sobre la utilidad de tanto esfuerzo concentrado para al final conseguir prácticamente nada. Nadie

discute el derecho del Congreso a pedir explicaciones y responsabilidades por el apaleamiento y la

detención de uno de sus miembros sobre todo en circunstancias todavía no aclaradas definitivamente.

Pero habría que analizar si, en realidad, la celebración de este Pleno ha contribuido a clarificar la actual

situación y, sobre todo, a pacificar los ya temerosos ánimos de muchos españoles.

Porque, vamos a ver: ¿ha recibido el PSOE más explicaciones de las que habría conseguido en una

solicitud directa al Ministerio del Interior? ¿Ha resultado él PSOE favorecido, ha ganado imagen que,

según algunos, busca ya de cara ´a.las elecciones municipales? ¿Ha logrado deteriorar al Gobierno? ¿Y,

en cualquier caso, si pretendía deteriorar al Gobierno, está preparado para ser ya la fórmula de recambio?

La respuesta a estos interrogantes parece claramente negativa.

Y, lo que es más grave, ¿ha ganado el Congreso de Diputados y, por extorsión, las Cortes, un prestigio del

que necesita como si fuera´ oxigeno? Desgraciadamente, las Cortes han dado la impresión de derrochar el

tiempo. Por supuesto, repetimos, estaban en su derecho de provocar un juicio al Gobierno y, en concreto,

a uno de sus ministros; estaban en su derecho al pedir responsabilidades. En realidad, las Cortes deben ser

la conciencia del poder. Pero, en estos momentos, en las presentes circunstancias especiales, el único

Pleno de las Cortes ha sido, de verdad, un derroche de energía que, también de verdad, el país ni puede ni

debe pagar.

Porque este país, que tan confiadamente inició el camino de la democracia, se encuentra tres meses

después de las elecciones generales con la triste realidad de que sigue viviendo bajo el imperio de las

mismas leyes franquistas de cuarenta años, con la penosa realidad de que falta todavía mucho —-meses—

para que esas leyes franquistas, las Fundamentales, sean derogadas. De nada vale aquí el consuelo

hipócrita de que las leyes se aplican a medias, de que la tolerancia permite vivir como si tales leyes no

existieran. Porque un día —y a veces hay que dar rienda suelta al pesimismo— a alguien con otras

intenciones puede ocurrírsele la mala idea de obligar a cumplir hasta la última letra de lo escrito, no

derogado suficientemente por la ley de Reforma Política aprobada en el referéndum de diciembre.

Lo que hay que pedir ahora a las Cortes es que aceleren sus trabajos. Archívese ya el "caso Blanco", que

no puede convertirse en el episodio central de esta etapa predemocrática por muy lamentable que sea. Y

pónganse a trabajar diputados y senadores en lo que de más utilidad será para el país. Primero, en los

reglamentos de las Cámaras, que a los dos meses y medio largos de su constitución siguen rigiéndose con

normas provisionales y principios acuñados bajo la dictadura. En segundo lugar, y aquí deben, confluir

todos los esfuerzos, en la Constitución.

Estamos viviendo en el aire, esperando que sea alumbrada una Constitución, única norma que puede

ordenar el desarrollo democrático. Cuando se piensa en el tiempo que las Cortes de la República tardaron

en redactar una Constitución que .daba un completo vuelco a la forma de Gobierno vigente hasta entonces

(las Cortes se reunieron por primera vez el 14 de julio de 1931 y la Constitución fue promulgada el 9 de

diciembre siguiente) y cuando se repasan los numerosos trámites que quedan por cubrir todavía en las

actuales Cortes a unos estudios que prácticamente están en sus inicios, la necesidad de pedir, de exigir,

urgencia es inevitable.

La única institución .democrática con que cuenta España, las Cortes, rio puede permitirse el lujo de

languidecer por falta de miras, por no proyectar sus objetivos convenientemente y por r> trabajar al ritmo,

acelerado, que se requiere ahora. Las Cortes deben empeñarse en" elaborar una Constitución en un

brevísimo tiempo, en un tiempo récord. Cada día que se pierde es un paso atrás, que significa mucho más

de lo que parece en ana situación política todavía sin estabilizar, tan peligrosamente frágil como se

presenta $ veces, que no permite treguas ni alegrías parlamentarias.

 

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