Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Voto de censura     
 
 Informaciones.    19/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LETRAS DEL CAMBIO VOTO DE CENSURA

Por Jaime CAMPMANY

PARECE indudable que la Constitución española y el Reglamento de las Cámaras deben prever el voto

de confianza y el voto de censura al Gobierno. Si esos dos textos legales se retrasaran más de lo prudente,

esa sería cuestión que tendría que ser regulada, aunque fuese de manera provisional, pero con carácter

urgente. Cuando el señor Alvarez expresó su opinión de que para redactar la Constitución iban a necesitar

sus señorías dos años, y teniendo en cuenta que tendrá que ser luego aprobada por el pueblo en

referéndum, fuimos muchos los que nos echamos las manos a la cabeza, porque parecía que el Gobierno

quería p intentaba gobernar sin un control reglado y efectivo de las Cortes durante todo ese período de

tiempo, demasiado largo contó para ser permitido por la oposición.

De ahí seguramente la prisa nerviosa del P, S. O. E. para plantear una cuestión de tai índole que encerraba

prácticamente un voto de censura/ si no al Gobierno, sí a uno de sus ministros. Y aprovecharon el

desgraciado, «lamentable y lamentado» incidente de don Jaime Blanco. Eligieron mal ia oportunidad. O,

como dice Pilar Narvión, recordando a Napoleón, no eligieron bien el terreno. El terreno tal vez hubiese

podido ser el de las medidas económicas, pero en ese caso la U.´G. D. tuvo la precaución —o ¡a

sinceridad— de inclinarse por un programa socialdemó-crata, discutible en muchos puntos, por supuesto,

pero sólo atacable por los socialistas desde posiciones claramente marxistas. Don Santiago Carrillo lo

avisó cachazudamente a «nuestros compañeros socialistas»: «Seguirán tomando cosas de vuestro

programa.»

{Porque don Alfonso Guerra acusó a la U. C. D. de no tener ni siquiera ideología, al no querer defender él

la que había puesto de manifiesto, como catecismo del P.S.O.E., el señor Pérez Llorca, porque puso el

dedo en la llaga de la acción revolucionaria, el contagio marxista y la irreversi-bifidad antidemocrática.

Pero, de momento, la ventaja de no tener una ideología definida en demasiadas concreciones, consiste en

poder operar de una forma pragmática. Al fin y al cabo, ideologías hay pocas perfectamente definidas en

los partidos, ni siquiera en A.P. o en el P.C.E. En la U. C. D. hay un vago aglutinante centrista y

moderado, además de la personalidad del presidente y la fuerza que otorga el Poder. Y en el Partido

Socialista Obrero Español, un ala tira hacia la social-democracia y la otra hacia el marxismo.

El hecho de no contar con un partido de mayoría absoluta hace incómoda la tarea de gobernar. Pero ei

voto de censura debe ser regulado inmediatamente. Y si no, se ejercerá igualmente sin regulación.

 

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