El Sahara, ¿ahora?     
 
 Ya.    20/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

20-IX-77

El SAHARA, ¿AHORA?

LOS tenores diputados son muy dueños de interpelar al Gobierno en el Congreso sobre iodos los temas

de interés nacional. Son muy dueños y tienen el sagrado deber de hacerlo. Pero ¿es el Sahara hoy un

tema de interés nacional? Y, si lo es, ¿bajo qué conceptos?

España abandonó la administración del territorio del Sahara accidental en circunstancias de todos

conocidas. Con una situación interior muy delicada, acuciada en el exterior por las presiones marroquíes y

el hostigamiento del Polisario; abandonada en sus esfuerzos por llegar a una solución justa por las

instancias internacionales. ¿Qué podía hacer España con el Sahara? ¿Una guerra con Marruecos?

Supongamos que se hubiera optado por un enfrentamiento bélico; supongamos que tal enfrentamiento

hipotético se hubiera resuelto favorablemente. ¿Qué hacía después España con el territorio?

Seguramente—dicen algunos—entregarlo al Polisario, al mismo frente militar que se venía declarando

con sus acciones prácticamente enemigo de España. ¿Sería una entrega real o, por el contrario, se hubiera

contribuido a la creación de un Estado de ficción a disposición de potencias más fuertes?

SE pide la denuncia de lot acuerdos de Madrid, acuerdos gestados bajo la instancia de las Naciones

Unidas. ¿Es que los acuerdos de Madrid suponen la entrega de la soberanía del territorio a alguien? La

declaración subsiguiente a los acuerdos dice expresamente que el proceso de autodeterminación del

Sahara pasa por la consulta a sus habitantes. España en ningún momento—y sigue sin hacerlo, como es

lógico—ha renunciado a ese deber moral de defender las aspiraciones autonómicas de los saharctuis.

Ténganlo en cuenta los señores diputados a la hora d« tratar el tema y no caigan en el engaño de defender

intereses de partido —del suyo y de los partidos homólogos de otros países—creyendo que defienden los

auténticos Intereses nacionales.

CU tema del Sahara, tal como parecen haberlo enfocado algunos partidos, es un cadáver cuya

exhumación no responde ya a intereses nacionales. Si acaso, habría que acudir a otras instancias—a la

ONU, por ejemplo—para preguntarles por qué no se llevó a buen término la consulta a los habitantes del

territorio cuando España no sólo estaba dispuesta a hacerlo, sino que hizo todo lo posible por conseguirlo.

Aquí y ahora tenemos temas de mucha mayor entidad, como la economía. La opinión pública, que no

hubiera aceptado en modo alguno otra guerra sobre el Sahara, no creemos que esté satisfecha—ni mucho

menos— del sesgo que están tomando las intervenciones en el Congreso de los señores diputados: fallar

en lo principal y plantear temas secundarios—algunos ya muertos, que intentan resucitar—no responde a

los grandes problemas y a las verdaderas preocupaciones del país en estos momentos.

 

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