Autor: Aguirre Bellver, Joaquín. 
   El quid de la cuestión     
 
 Pueblo.    21/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

EL QUID DE LA CUESTIÓN

HUBO un momento en que el auditorio empezó, a interrogarse: «Pero, ¿a santo de qué,..?» Porque, al

cabo de unos cuantos discursos soporíferos, contradictorios y sofocantes, la verdad es que empezaba a

producirse espontáneamenté una rara unanimidad en la confusión. ¿Para qué nos habían convocado allí?

¿Para escuchar al ministro de Asuntos Exteriores? ¿Para presentar-nos a los hombres de cada partido más

calificados para, en su día, -suceder-le´en el cargo y que fuesen haciendo méritos? ¿O simplemente porque

hay a quien le gusta más pasarse la tarde oyendo discursos que paseando por el Retiro?

Dio la señal de que pisábamos la frontera del aburrimiento un expresivo bostezo del vicepresidente de la

Cámara, señor Esperabé de Arteaga respondido inmediatamente, desde el banco azul, por otro no menos

dialéctico del vicepresidente tercero para Asuntos Políticos, don Fernando Abril. Como un reguero de

pólvora^ los bostezos comenzaron a correr por &1 hemiciclo. Estaba hablando el diputado socialista don

Luis Yáñez, y quizá por eso las muestras de tedio eran ´ más abundantes entre la derecha. Pero también

registré algunas en las filas del PSOE y del PSP. Como ustedes saben, se ha proscrito la vieja costumbre

de, aplaudir. Ni un solo aplauso, ayer, hablara quien hablara. Sin embargo, el. bostezo ahí está. Eso no

hay quien lo prohiba, ni dictadura que lo sofoque, ni ley que se atreva con"-él. El bostezo, señores, es

ilbre. Puntualmente, el señor Alvarez de Miranda, presidente de la Cámara, nos concedió un descanso de

un cuarto de hora, que fue de veinticinco minutos. Eso se llama realismo político.

Cuando uno, en un acto político, se pregunta de pronto: «¿A cuento de qué?», está en camino de

comprenderlo todo: Y si a, continuación da un paso más y descubre qué es lo que ninguno de los oradores

ha mencionado, ahí, seguro, está el quid de la cuestión. Ayer los tres ora¿ dores de la primera parte,

Morodo, Gallego y Yáñez, es decir, la izquierda, coincidieron en no pronunciar un nombré: Argelia. Pues

bien, ese era el motivo que nos tenía allí congregados. No valen subterfugios para el buen entendedor.

Ignoro los motivos de esta maniobra de acercamiento y, en mi condición de cronista, no me alcanzan,

Debo limitarme al cumplimiento de un deber explicando a los lectores la causa de una sesión

insoportable, cuando tantos otros temas está pidiendo a voces ¡a opinión que sean llevados a debate de

fondo.

Hubo un sólo orador en la tarde: Federico Suva. Sin papeles, por las ciaras, ai grano. Cuando terminó

estuvo a punto de romperse el acuerdo de proscripción del aplauso, Federico Silva pronunció la palabra

´tabú´ y respondió diciendo que Argelia sigue en las Canarias una política claramente antiespañola, que

volver al Sahara seria un disparate y que allí sólo nos cabe poner buenos deseos de paz y concordia. En

realidad, Silva estaba anticipando lo que iba a ser la postura de Marcelino Oreja, no sólo en torno al

Sahara, sino en torno a la condena, y hasta el bloqueo económico, que pedían algunos, de los países

autoritarios: mejor no inmiscuirse. Y. añadió que no olvidaran a Cuba.

Marcelino Oreja no es gran.orador. Tampoco se empeña en serlo, cosa sería de agradecer a no pocos

padres de la patria. Se trata de un guipuzcoano que en política parece gallego. Habla accionando con una

sola mano, la derecha, mientras deja la izquierda en reposo, generalmente reservada en el bolsillo de . la

americana, para hacerla intervenir sólo en caso de extre-ma necesidad.

Definió su política como «ética, pero pragmática». A ver cómo se guisa semejante caldo. Conste que

tengo la mayor de las coafianzas en Marcelino Oreja y creo que, si hay alguien capaz üe hacerlo, es él. No

hay más que ver con qué aplomó respondió a unos señores qus sabía perfectamente por donde iban con un

discurso de teoría y táctica de las relaciones exteriores que no se lo salta un gitano. Luego, para terminar,

dijo claramente que no a la intervención en el Sahara y a la condena de algunos países

hispanoamericanos, Y a casa, amigos.

Liado, en los pasillos, cuando ya salimos cada cual a -la suya, me confiesa:

—Marcelino ha estado mejor en la segunda parte, cuando hablaba sin papeles, qué en la primera, cuando

leyó. Vamos, a mí me ha gustado Ninas.

Probablemente tiene razón Liado, pero mientras soltaba aquel estudio inextrincab1eme pareció que era

mucho más Marcelino Oreja,

Joaquín AGUIRRE BELLVER

 

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