Autor: Navarro, Julia. 
   Al paso de los líderes     
 
 Pueblo.    21/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 20. 

AL PASO DE LOS LÍDERES

MADRID. (PUEBLO, por Julia NAVARRO.)

La verdad sea dicha, la sesión de ayer en las Cortes fue una de las más aburridas. Contra todo pronóstico

—prometía ser una tarde apasionante—, los representantes de los distintos grupos parlamentarios leyeron

sus discursos —excepto Silva Muñoz— sin más. Como era de esperar, la izquierda mantuvo una postura

más o menos cercana en sus planteamientos referentes a la política exterior. Los tres primeros, oradores

fueron Raúl Morodo, Ignacio Gallego y Luis Yáñez.

El profesor TIERNO, ayer sonriente y radiante, me comentaba que, «en líneas generales, el PCE, el PSOE

y el PSP han coincidido».

—¿Qué destacaría usted de los discursos, profesor?

—Pues me ha sorprendido que el PSOE no haya hecho una mención directa al problema israelí. Es un

tema que merece mención especial. El PCE, por su parte, ha atendido más a la importancia del problema

interno respecto al exterior. Por parte del PSP creo que hemos procurado responder con máxima exactitud

a nuestros compromisos en el orden de la política del partido.

MANUEL FRAGA IRIBARNE no estaba tan optimista sobre los discursos de la izquierda.

—¿Qué le han parecido, señor Fraga?

—Aburridísimos. En cuanto al fondo, me reservo leerlos más atentamente; no quiero opinar ligeramente

sobre materias tan importantes.

En las Cortes se encontraban dos miembros del Frente Polisario: Bujari y Yacob este último,

representante de dicho grupo en Madrid.

—YACOB, ¿la izquierda ha respondido con sus discursos al apoyo que les habéis solicitado?

—Creemos que las intervenciones de los grupos de izquierda han sido claras y consecuentes con lo

prometido al Frente Polisario en las últimas conversaciones que hemos mantenido. (Esperemos que

tengan el peso suficiente para cambiar la política del Gobierno.

Tres embajadores despertaron especialmente la atención de los informadores. El embajador de Estados

Unidos, el embalador argelino y el marroquí. Como detalle diplomático hay que decir que el

embaiaaor argelino y el marroqui estaban sentados juntos, casi codo con codo; sólo les separaba la esposa

del embajador de, Argel. Ambos coincidieron en declinar la invitación de PUEBLO a comentar la sesión.

El embajador de Estados Unidos, señor STABLER, amablemente, habló con PUEBLO sobre cómo se

estaba desarrollando la sesión:

—Es muy interesante ésta presentación de las lineas de cada partido. No quiero comentar los discursos;

cada grupo tiene derecho a representar su posición, y me parece que hacer cualquier comentario sería una

impertinencia. Para mí es una sesión muy interesante de ib que informaré a mi Gobierno.

Hay que hacer honor a la verdad: el único que no aburrió con su discurso ayer fue el representante de

Alianza Popular, Federico Silva Muñoz. Habló directamente a los diputados, sin leer el discurso, y

aunque el tono fue un tanto pastoral, no por eso dejó de ser ameno.

FELIPE GONZÁLEZ opinaba ésto sobre el, discurso del ministro señor Oreja Aguirre:

«Me ha parecido muy evasivo, no ha entrado a fondo en los temas importantes."

SANTIAGO CARRILLO, secretario general del PCE, sonreía irónicamente y comentaba:

«La verdad es que no me he enterado de nada. Vamos; que no sé cuál es la política exterior del Gobierno.

Por otra Aparte, hay qué señalar una cosa importante, y es que hoy, aquí, se ha demostrado que los

partidos de. izquierda tienen puntos de vista semejantes respecto a la política exterior.»

Entre discurso, y discurso, tanto el presidente Suárez como el diputado centrista Pérez Llorca entraban y

salían ante el estupor de todos. ¿Qué pasaba? Le pregunto a PÉREZ LLORCA.

—Pues que he tenido que tratar diversas cuestiones sobre la Comisión, de Reglamento. En fin, que como

portavoz de mi grupo parlamentario tengo trabajo en el Parlamento...

Por su parte, ANTON CAMELLAS decía que «el discurso de Oreja lo he encontrado, en líneas generales,

bien, quizá con una introducción demasiado larga».

FRAGA, lacónicamente, me aseguraba: «El discurso no ha estado a la altura de las circunstancias.»

 

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