Autor: Contreras, Lorenzo. 
 Cortes. Con la vista puesta en el cuerpo diplomático. 
 El pleno del Sahara proceso a la política exterior del franquismo     
 
 Informaciones.    21/09/1977.  Página: 4-5. Páginas: 2. Párrafos: 11. 

CON LA VISTA PUESTA EN EL CUERPO DIPLMATICO

El pleno del Sahara, proceso a la política exterior del franquismo

Por Lorenzo CONTRERAS

MADRID, 21 (INFORMACIONES).

EL famoso «Plena del Sahara» fue el Pleno de tollo. Pero especialmente, fíese a la oratoria monótona y

deslucida que se exhibió, una primera .aproximación a lo que debe ser la nueva imagen exterior de

España tras cuarenta años de «carenciales» en materia He política extranjera. Cuando el .representante

socialista Aon Luis. Yáñee, con su apellido de descubridor, vapuleaba al régimen franquista por «lo

diplomaeia secreta» y la "ócultáción o no publicación de acuerdos y tratados», estaba, reclamando la

socialización de un viejo negocio privado.

El diálogo que ayer mantuvieron en el Congreso los grupos parlameatarios de izquierda y el ministro de

Asuntos Exteriores bordeó, sin embargo, el método Ollendorf. Los primeros sacaron a relucir, a través de

sus respectivos portavoces, todos o casi todos los asuntos que nuestra diplomacia debe revisar. El ministro

respondió con formulaciones muy generales.

Por supuesto que esta confrontación fue soslayada por ambas partes.

A unos les interesaba exponer todo lo que se almacena y destila tras cuarenta años de marginación. Al

señor Ore. ja le urgía sobrevolar los puntos calientes con pericia de acróbata. La izquierda tocó tierra sin

remilgos excesivos. El ministro jamás aterrizó de verdad en las áreas que sus rivales deseaban. Unos y

otros --hablaron en términos que hacían sospechar :si los verdaderos destinatarios de sus palabras estaban

no ya ;en el hemiciclo. O en la calle, sino en el palco destinado: al Cuerpo Diplomático, donde -el

embajador norteamericano Stabler, el representante inglés, él frailees, el marroquí y el argelino seguían

atentamente los discursos. Unos discursos que él publico y los propios diputados oyeron con aburrimiento

"y "hasta con comentarios alusivos a Jas incüe-mencias del sopor. Y, -sin embargo, ´en aquel síraposio de

•genérailidades y evasivas ministeriales aubyacía toda una carga de íintenciones .que iban de Stabler :a

Filali,-de Filali a Khelladi y de Khelladi al ..representante de.Su .Majestad británica. Stabler, por ejemplo,

tuvo que oír de labios comunistas (léase Ignacio Gallego) un recital -de acusaciones sobre injerencias

internas títi los ^asuntos- hispanos y -sobre inadmisibilidad de las bases ´pactadas eom ¡el ´franquismo.

No pocas veces, tanto comunistas como socialistas (a través de Luis Yáñez estos), agitaron ante el pulcío

e impertérrito embajador lo que "Washington podría considerar como el «fantasma» del neutralismo. El

embajador de Hassán, separado de su colega argelino por la esposa de éste, fue «obsequiado» con

referencias a la derrota que Marruecos está sufriendo en el Sanara y sobre la necesidad de que España

revise o anule el acuerdo tripartito de Madrid, firmado en 1975 en «un momento de extraordinaria debili-

dad política de la dictadura, como era la agonía del general Franco», según palabras del portavoz

socialista.

GIBRALTAR SIN FRANCO

Mejor librados, y hasta halagados, salían de la sesión los representantes argelino y saharaui. El señor

Khelladi, salvo en las imputaciones que a su Gobierno se dirigieron por permitir las actuaciones de

Cubillo désele territorio argelino (asunto que sólo recibió alusiones indirectas), comprobó que el régimen

de Bumedian era tratado con miramientos. El representante del Frente Polisario era presentado como la

encarnación de un pueblo heroico en trance de victoria. Y el representante británico hallaba en las

referencias a Gibraltar las primeras controversias eficaces que desde la incipiente democracia se formulan

contra las sinrazones históricas del Reino Unido, hoy desguarnecidas de argumentos antifranquistas.

El famoso «pleno sobre el Sahara» fue, pues, en realidad un repaso a todo el abanico de temas que

interesan a la diplomacia española. Canarias y sus riesgos hallaron especial eco en los discursos, y la

españolidad del archipiélago fue resaltada por todos los oradores que abordaron el problema.

Si alguien personificó con especial singularidad las críticas, ese fue el régimen de Franco, al que se

atribuye, la inexistencia práctica de una política exterior. Tampoco tí Gobierno "Suárez salió bien parado

de las «j vistas oratorias» entabladas, pues desde la permanencia del «impopular bloqueo de

comunicaciones de Gibraltar con España» hasta la supuesta ayuda a Marruecos, pasando por la asistencia

a las dictaduras militares iberoamericanas y ios errores de enfoque en el caso de Israel, todo un repertorio

de despropósitos fue insistentemente invocado.

Marcelino Orejá, acusado de inercia continuista en la gestión de los asuntos internacionales, lidió ios

alegatos sin arrimarse. El Sahara, que cria el tema «vedette», fue despachado con una actitud que

recordaba el lavatorio de manos. El acuerdo tripartito de Madrid —vino a indicar— oreó en el Sahara una

triple administración. Luego, las resoluciones de las Naciones Unidas reiteraron la necesidad de

autodeterminación del pueblo saharaui. Finalmente, el último «gesto» de España al retirarse fue recordar

que jamás habría descolonizado míen tras la autodeterminación no se produjese.

En ios pasillos, Fernández Ordóñez revelaba a los periodistas que necesitaba 63.000 millones de pesetas

«extras» para las atenciones financieras del país. Y en algunas dependencias se hablaba de Já-tiva, donde

militares retirados, pero muy significados, habrían celebrado una reunión teóricamente significativa.

LA «FLOR NATURAL»

Pero los comentarios extra-hemiciclo iban también referidos a la calidad de los oradores. Casi todos los

observadores coincidian en atribuir a Silva Muñoz la «flor natural». El ex ministro de Franco no leyó. Su

discurso tuvo fluidez. La ausencia de novedades en el contenido de sus palabras halló el contrapeso de un

satisfactorio decir. Habló de una España que la C.E.E. pretende convertir en coto de consumidores, de las

«sospecha-sas coincidencias» entre la izquierda y la. derecha francesas para dejar a nuestro país en la

antesala, de la necesidad de una «política imaginativa», de la utilidad de estudiar desde aquí los

problemas de la incorporación «con reflexión y mala fe», de la ventaja de iniciarse, a través del Consejo

de Europa, en el rodaje político del club, siempre que ello no sea un mero «premio de consolación».

El perfume de Alianza Popular se olfateó cuando Silva pidió para Cuba el mismo tipo de censuras que se

prodiga contra las dictaduras militares iberoamericanas. Y el tufo democristiano, cuando puso las

negociaciones con la Santa Sede en relación con la cualidad de un país «mayoritariamente católico».

Sobre el incremento de las cuotas que se pagan por la importación de crudos, recordó que, siendo

mínimas nuestras exportaciones manufacturadas a los países productores, estamos pagando la inflación de

otros. Ya en el tema del «tercer mundo», sus fijaciones del pasado resplandecieron cuando opinó que

sobre España no gravita «ninguna responsabilidad» en la cuestión del Sahara, y fue más explícito que los

restantes oradores cuando recordó que «todas las noches, desde Argel, un tránsfuga canario se pronuncia

contra la España de ayer, de hoy y de mañana». Se negó a examinar los «casos» de Ceuta, Melilla y

Canarias porque; «estamos en un debate de política exterior, no interior». Atacó a la Organización para la

Unidad Africana, cuya «cumbre» de Lusaka está prevista para octubre. Propuso finalmente «soluciones»

para la cuestión gibraltareña: soberanía española, respeto de los intereses británicos, «incluso los milita-

res», y reconocimiento de los intereses dé su población. Por supuesto, sí a la O.T.A.N.

LAS ASPIRACIONES DE CANYELLAS

Cuando el señor Canyellas, por la minoría vasco-catalana, tuvo su turno, no quedaban muchas

«originalidades» que ensayar. Dijo de entrada algo indubitable:.que la aceptación de España por Europa,

políticamente hablando, es menos el resultado de una gestión del Gobierno que la consecuencia de la

acción de «nuestros pueblos» en su lucha por la democracia. Expresó una ambición: que la próxima

Conferencia de Seguridad se celebre en España, Y todavía manifestó otro interés: que Marcelino Oreja

gestione la apertura dé oficinas de la O.N.U. en Madrid,

 

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