Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Al grano     
 
 Informaciones.    26/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LETRAS DEL CAMBIO

AL GRANO

Por Jaime CAMPMANY

PARECE que por ahora no hay crisis. Se hablaba del cansancio y de la decepción de Fuentes Quintana. Y

de algunas discrepancias en el seno del equipo económico del Gobierno. Los rumores de la crisis se

inflaron cuando el propio Fuentes Quintana, al igual que Fernández Ordóñez, suspendió su viaje a

Washington. Las conversaciones del fin de semana entre el presidente Suárez y algunos de sus ministros y

de sus asesores hicieron sospechar que, efectivamente, la crisis no iba a venir forzada desde las censuras

de la oposición, sino desde los planes que se meditaban en la Moncloa. En los pasillos del Congreso,

durante los descansos del último Pleno, se barajaban conjeturas, sospechas o adivinaciones, y se daban

nombres de posibles ex ministros y de presuntos ministrables.

Las noticias que llegan desde esos despachos donde se cuece la política y que los periodistas designamos

siempre son el eufemismo de «medios gubernamentales» o «ambientes bien informados», son noticias de

continuidad del Gobierno. La crisis se aplaza. Al menos, se dice, no habrá crisis hasta que el Congreso

debata el programa legislativo sobre materia económica. Bien es verdad que los «medios

gubernamentales» casi siempre desmienten la inminencia de una crisis con la misma seguridad c o n que

cualquier ministro de Hacienda tiene que desmentir la próxima devaluación de la moneda. Pero lo más

probable es que el señor Fuentes Quintana, padre del programa económico y pieza clave en el equipo del

Gobierno, posponga sus presumibles decisiones hasta contemplar el desarrollo del debate parlamentario y

las reacciones que despierte en los distintos sectores del país,

«Bienvenida sea a las Cortes la economía», escribía ayer el editorialista de «ABC». Bienvenida sea.

Porque en la consideración de ese problema, que es grave y es de todos, y es de urgencia mayor, será

donde las diversas fuerzas políticas del país den la medida de su capacidad para ofrecer o aceptar

soluciones justas y viables, en vez de perder el tiempo en constituirse como Tribunal para incidentes

callejeros o recitar monólogos sobre acontecimientos irreversibles, sueños irrealizables o nociones de

geografía e historia.

Ya era hora. El país rueda pendiente abajo, y Gobierno y oposición deben acordar cómo echar el freno y

cómo intentar tirar de él hacia arriba. Sólo los sordos no escuchaban la clara voz del pueblo clamando:

«Señores ministros y señores diputados: al grano.»

 

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