Estoril. 
 Importante discuro de don Juan de Borbón     
 
 Informaciones.    16/06/1975.  Páginas: 2. Párrafos: 20. 

VIDA POLITICA

ESTORIL

Importante discurso de don Juan de Borbón

ESTORIL, 16. (Especial para INFORMACIONES.)

SETENTA y tantas personas, que el pasado sábado cenaron con don Juan de Borbón en un hotel de Estoril, aplaudieron largamente cuando el conde de Barcelona, a los postres, se levantó para leer una declaración política. El contenido de esta declaración excitó nuevos entusiasmos. Don Juan interrumpió varias veces la lectura para dar paso al júbilo del auditorio. Poco a poco, los comensales habían ido abandonando sus asientos y se habían acercado a la presidencia de la mesa en forma de U. Los cámaras no cesaban de filmar y disparar sus «flashes».

La cena comenzó a las diez de la noche (hora portuguesa) y terminó dos horas después. Los discursos se iniciaron con el consomé.

Don Joaquín Satrústegui, que fue el primer orador, aclaró que don Juan «no tiene razones para variar de residencia».

Don Fernando Alvarez de Miranda, sentado a la derecha del conde de Barcelona, hablaría a continuación. La reciente reunión valenciana del equipo español de la D. C mereció algunas alusiones Informativas.

Después intervino don Marcelino Lobato, abogado coruñés, ligado políticamente al profesor Tierno Galván.

Representando a don Dionisio Ridruejo, el arquitecto Chueca Goitia fue la voz mes conservadora del ramillete liberal.

El gallego don Ramón País delineó esta teoría política: «Cuando un problema no tiene solución, empieza a solucionarse solo.»

El catalán Jaume Casanovas recordó los momentos que vivió al lado de Macla, y cuando se dirigió a don Juan lo hizo en el más republicano de los estilos: «Usted, señor conde...».

Otro republicano, don Jesús Prados Arrarte, trazó con brevedad la Justificación presente de la Monarquía. El valenciano Broseta reanudó el hilo de las voces «periféricas». Don Antonio Menchaca interpretó la situación de las Vascongadas y se declaró optimista. Para don Manuel Jiménez de Parga esa España tendría que conocer no sólo unas realidades políticas, sino también unas nuevas realidades económicas.

Don Jaime Miralles, tras recordar que don Fernando Baeza no ha podido este año desplazarse a Estoril por motivos de orden público, manifestó que en esta cena del sábado está representada la realidad española.

Antes de que llegara el turno de don Juan habló el abogado democristiano señor Cortezo, quien leyó una carta de don Joaquín Ruiz-Giménez, que abundaba en la esperanza de reconciliación entre todos los españoles.

DISCURSO DE DON JUAN

Fue entonces cuando se levantó el conde de Barcelona. Su discurso rompió con el modelo de otros años.

«Muchas gracias —comenzó diciendo el conde de Barcelona— a cuantos procedentes de las diversas reglones de España, de campos políticos diferentes, representantes de las nuevas generaciones políticas como de las maduras, y significando variados matices de un común y auténtico pensamiento democrático, habéis venido en tan gran número a deliberar en mi presencia sobre la situación de nuestra patria y a cenar conmigo aquí, en Portugal: este noble y querido país, que ahora se debate en las dificultades de alumbrar una verdadera democracia al cabo de casi cincuenta años de régimen autoritario.

Bien sabéis —continuó diciendo— que disfruto desde 1946 de la cordial hospitalidad de los portugueses. Nada más natural, por tanto, que quiera expresarles ahora públicamente, ante vosotros, mi ferviente deseo de que gobernantes y gobernados acierten a construir y consolidar entre todos el régimen de libertad, convivencia, autogobierno y prosperidad general que la histórica jornada del 25 de abril, protagonizada por sus Fuerzas Armadas, significa para millones de corazones.

La institución que represento —dijo más adelante— continúa, como siempre, a la disposición del pueblo español. Desde 1942 he exteriorizado en múltiples ocasiones mi pensamiento acerca de los servicios que ella puede y debería prestar al país. Creo firmemente —continuó diciendo— que, dados los antecedentes de la actual situación y el conjunte de circunstancias que condicionan nuestro presente, la Monarquía histórica es el supremo instrumento de que podéis disponer todos los españoles para superar la guerra civil. Es también el sólido pivote en torno al cual las viejas y nuevas generaciones podríais participar sin traumas en esa soberanía que hoy radica por ley en una sola persona. La Monarquía, en fin, debería ser la encarnación natural de ese poder arbitral, objetivo y desinteresado, necesario para el buen funcionamiento de las democracias.

El 19 de julio de 1969, ante el doloroso anuncio de que la ley de Sucesión, a la que yo me había opuesto en 1947, iba a ser aplicada, hice pública una nota, de la que considera conveniente recordar las siguientes frases: "Para llevar a cabo esta operación, no se ha contado conmigo ni con la voluntad libremente expresada del pueblo español. Soy, pues, un espectador de las decisiones que se hayan de tomar en las materias y ninguna responsabilidad me cabe en esta instauración."

Lo que dije entonces, lo repito ahora. Mi juicio acerca del valor de lo que en esa ocasión se hizo, no ha cambiado ni puede cambiar. Por razones personales, humanas al fin y al cabo, no considero preciso ser más explícito. Confío en que respetaréis mi actitud. Creo que si reflexionáis acerca del sentido de mi vida pública, no dudaréis de que la trayectoria de mi andadura, cuyo final sólo Dios conoce, está claramente trazada. No soy el jefe de ninguna conspiración. No soy el competidor de nadie. No deseo que mi persona sea motivo de discordia entre españoles. No pretendo nada. Pera la realidad es que desde que acepté la sucesión de mi padre y la irrenunciable jefatura de la dinastía, soy el titular de deberes y derechos imprescriptibles que, como ya dije en otras ocasiones, no puedo en conciencia abandonar, porque nacen de muchos

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siglos de historia y están directamente ligados a cuanta, demanda el presente y el porvenir de España. Porque eso es así, siempre he procurado encarnar la institución con dignidad para que, llegado el día, ella pueda ser útil al interés general de la nación y al especial de los diversos pueblos que gloriosamente la forjaron.

Concibo la Monarquía como salvaguarda de los derechos humanos y de las libertades políticas y sociales fundamentales, como instrumento de concordia entre todos los españoles.»

Concluyó diciendo: «No vacilaré un momento en ponerme al servicio de nuestra patria.»

OTROS ASISTENTES

Según nota distribuida a tos periodistas por los organizadores de la cena de Estoril, entre las personas asistentes figuraban, aparte de los oradores citados: don

Adolfo Careaga, don lingo Cavero, don Antonio Vázquez, don Manuel Pastor, don Miguel Alonso, don Antonio Ponían, don Francisco Zaragoza, don Fernando Planelles, don Jaime Zaragoza, don Ángel García Oliveros, don Jaume Casanova, don José Luis Vilá, don Francisco Sitja, don José Antonio Sanmartín, don Eduardo Gualba, don Pedro Montserrat, don Joaquín Muñoz, don Joaquín Maldonado Chiari, don Trinidad Simó, doña Asunción Trenor, don Carlos Ollero, don Luis Rosales, don Vicente Piniés, don Jaime García de Vinuesa, don Félix Cifuentes, don Rafael Arias Salgado, don Víctor Carrascal, don José Manuel Muñoz Salvadores, don José Obregón, don Ju1ián Cortés Cavanillas, marqués de las Ramblas, don Darío Valcárcel, don José Ignacio Márquez, don Julián Zabala, don José María Ballester, don Leopoldo Lovelace, don Miguel Satrústegui y don Manuel Miralles.

 

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