Autor: Luca de Tena y Brunet, Torcuato (MERLÍN; ABC). 
   Si, pero y no, pero a la reunión de Estoril     
 
 ABC.    17/06/1975.  Página: 3-4. Páginas: 2. Párrafos: 12. 

«SI, PERO...» Y «NO, PERO...» A LA REUNIÓN DE ESTORIL

Con motivo de la concentración de españoles reunidos en Estoril para celebrar, con unos días de antelación, la onomástica del Conde de Barcelona, se han pronunciado determinadas palabras que están muy bien dichas, y, otras, que lamentablemente no podemos suscribir.

Nos sumamos a cuantas manifestaciones de respetuosa lealtad se expresaron hacia Don Juan de Borbón, Jefe de la Casa Real Española; por las altas cualidades personales que le distinguen y por la abnegación y el sacrificio que. desde la muerte de Don Alfonso XIII, han sido la pauta de su vida en servicio de España soportando infinitas calumnias en el amargo aislamiento a que fue sometido. Pero, precisamente, esa lealtad nos autoriza a expresar nuestra discrepancia respecto a lo que allí se dijo que pudiera contribuir a desclarificar, confundir o escindir la legalidad vigente.

De las muchas cosas esclarecedoras que fueron dichas en la reciente reunión de Estoril, espigo las siguientes palabras del Conde de Barcelona: «Creo que si reflexionáis acerca del sentido de mi vida pública no dudaréis de que la trayectoria de mi andadura, cuyo final sólo Dios conoce, está claramente trazada. No soy el jefe de ninguna conspiración. No soy el competidor de nadie. No deseo que mi persona sea motivo de discordia entre españoles.»

También consideramos altamente positivas, y muy merecedoras de meditación, estas otras: «Creo firmemente que dados los antecedentes de la actual situación y el conjunto de circunstancias que condicionan nuestro presente, la Monarquía histórica es el supremo instrumento de que podéis disponer todos los españoles para superar la guerra civil. Es también, el sólido pivote en torno al cual las viejas y nuevas generaciones podríais participar sin traumas en esa soberanía que hoy radica, por Ley, en una sola persona. La Monarquía, en fin, debería ser la encarnación natural de ese poder arbitral, objetivo y desinteresado, necesario para el buen funcionamiento de las democracias.»

Nos parece obligado decir aquí que esta línea de pensamiento ni es nueva en él, ni es ajena al criterio de muchos de los hombres que nos gobiernan y han gobernado España en los últimos años. Las Ideas, lealmente expuestas por el Conde de Barcelona con motivo de los muy diversos avalares nacionales e internacionales, y por las cuales fue, muchas veces, denigrado, postergado e incluso calumniado, fueron después toleradas, y más tarde aceptadas, y aún asumidas, por altos representantes del Régimen.

Queremos con ello decir dos cosas que consideramos justas: primera, que la clarividencia y el patriotismo de Don Juan de Borbón fueron, durante muchos años, muy por delante de la timidez, igualmente patriótica (pues en esto del amor a la Patria no existen privilegios) de muchos españoles. Segunda, que éste es un reconocimiento al que es merecedor: haber sabido estar siempre por delante.

A lo que nos oponemos con la mayor firmeza y claridad es a que nadie pretenda utilizar su figura, para situarla donde no había estado nunca: hacia atrás.

La historia es irreversible. Ni los países más fríos y razonadores; ni las sociedades con mayor nivel de educación ciudadana, podrían permitirse el lujo de revisar cada cuarto de siglo las bases mismas de su estructura política. ¡Cuanto más pueblos ardientes, pasionales, belicosos y desmemoriados como el nuestro!

Muchas cosas pueden y deben ser revisadas, pero partiendo siempre del punto en que se está. Mirando hacia adelante; no hacia atrás. Lo que es, es. Y sólo podría dejar de serlo por situaciones revolucionarias, en las que se llevarían el gato al agua otros muy distintos de aquellos que inconscientemente las provocaran.

La vida de los pueblos y la vertiginosa dinámica de la Historia no permiten, a los seres conscientes y responsables, jugar a la mujer de Lot. Los acontecimientos sociales y políticos van demasiado de prisa para permitirnos el lujo de volver la vista atrás. Quienes así hicieran quedarían

Por Torcuato LUCA DE TENA

 

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