Tampoco eso     
 
 ABC.    20/06/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

TAMPOCO ESO

La noticia, difundida ayer, de la prohibición impuesta a Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona, de tocar en cualquier puerto, aeropuerto o punto del territorio nacional no merece aplauso. Antes bien, juzgamos que es una medida criticable por inoportuna y, en todo caso, de efectos negativos.

A B C, por la pluma del presidente de su Junta de Fundadores, expuso su criterio, que ha merecido plácemes generales de nuestros lectores y que era de signo inequívoco, sobre la reciente reunión de Estéril. Por lo mismo, cabe ahora que nos preguntemos si lo lógico y lo prudente no hubiera sido dejar las cosas como estaban. Conviene no olvidar que Don Juan de Borbón, además y antes de ser el Jefe de la Casa Real Española, es el padre del Principe de España. Conviene tener muy presente que a todos interesa —para ahora y para el futuro— que se faciliten al máximo las relaciones y la cordialidad entre ambos. Conviene, por último, no hacer innecesariamente víctimas y entregar asi argumentos a los auténticos enemigos de la Constitución española. La prudencia no parece haber acompañado a los responsables de una prohibición durísima para cualquier español y que en nada va a contribuir a, positivamente, encauzar el porvenir

Por otra parte, es rigor no empleado con muchas otras personas que han hecho y hacen manifestaciones harto más graves que las contenidas en él discurso que en Estoril pronunciara Don Juan en un ambiente escasamente propicio, por lo demás, a mantener la debida y discreta ecuanimidad. Sobre todo porque, más allá de cualquiera otras afirmaciones, lo fundamental de aquel discurso está contenido en estas palabras: «No soy el jefe de ninguna conspiración. No soy el competidor de nadie. No deseo que mi persona sea motivo de discordia entre españoles. No pretendo nada.»

Cuando de lo, que se trata es de unir y no de separar, de aunar voluntades en torno a la tarea común, nada fácil, del desarrollo político español y de preparar el mañana, es lícito cuestionarse si con este tipo de actitudes, que distienden y alejan, se fomentan o se dificultan esas finalidades que importan a todos.

Es tema muy delicado —y por eso exigente de muy minuciosa ponderación— el que se refiere a las relaciones entre el Príncipe de España y su Augusto padre. Y porque, pese al incidente de Estoril, el patriotismo de Don Juan ha sido demostrado en numerosas ocasiones, porque nada se gana con una medida como la adoptada y por el desgarro que en el hondón personal del sentimiento del Príncipe necesariamente ha tenido que causar, decimos, con todo respeto, pero con toda rotundidad: tampoco eso.

 

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