Régimen monarquico en Europa     
 
 ABC.    28/04/1974.  Página: 18-19. Páginas: 2. Párrafos: 11. 

OPINIONES AJENAS, POLÉMICAS, CARTAS, PUNTUALIZACIONES, COMENTARIOS.

RÉGIMEN MONÁRQUICO EN EUROPA

Muestro colega «Ya» ha publicado el artículo que, por su interés, reproducimos a continuación:

De nuevo, don Luis María Anson se lanza, en uno de sus artículos de A B C, al intento de sacar de la complacencia y el rutinarismo, poniéndolo a horcajadas sobre el palenque de la elucidación sería, otro tema fundamental de la convivencia, o la ineptitud para convivir, española. Esta ves es el de la Monarquía. ¿Puede en esta vuelta de la Historia ser construida sobre cimientos, profunda y gravemente socavados a lo largo de años, una Monarquía que no cuenta con la asistencia de otros materiales tangibles, sino los de la simpatía que inspira una joven pareja a las nuevas generaciones, la nostalgia de las viejas o lo que alienta de utilitarismo en unas y otras? Se pregunta a sí mismo, sí yo le he entendido bien, mi ilustre amigo, quien no parece participar, a mí entender con razón, de la opinión oficial, según la cual basta la letra de unas leyes para infundirle espíritu, cuerpo y estabilidad a la nueva Monarquía española.

Aunque no lo dice taxativamente, fe deduce de todo su artículo que lo que Anson cree es que en el dilema entre ¡a gallina y el huevo, proyectado a la Monarquía y las leyes; lo primero no es la Monarquía ni las leyes, sino el pueblo.

La existencia de leyes precisas y claras, con una regulación eficiente de las relaciones entre poder legislativo y ejecutivo, asi como una organización inteligente de las relaciones entre trabajo y capítol, entre las tendencias central y la local o regional, entre, si se me permite la expresión, izquierdas y derechas, pues sería aventurado opinar que los españoles vamos a prescindir súbitamente de una dicotomía mental de la que no se ha librado todavía ningún pueblo moderno excepto aquellos sometidos a un régimen de fuerza, como el comunismo o el fascismo, la existencia de tales leyes sería la mejor bendición para acompañar los primeros pasos del reinado de Don Juan Carlos. Pero la compañía de quien Don Juan Carlos va a necesitar más, no sólo en los primeros pasos del Príncipe, sino, y quizás en los de sus sucesores, es la del pueblo soberano en todos sus diversos matices, sus variedades y hasta, si se me apura, sus contradicciones, y cuanto más pronto la Monarquía y los españoles nos demos cuenta de esto mejor será nuestro futuro y menos riesgos habremos de correr.

EL RÉGIMEN MONÁRQUICO ES EL MAS ARRIESGADO

Sí la paradoja me es permitida lo primero que tiene que hacer una Monarquía para librarse de los más graves, entre los riesgos que la acechan, es reconocer que el régimen monárquico es mucho más arriesgado que ningún otro y, de todos los sistemas de Gobierno, es el que requiere no sólo la mayor adhesión popular, sino la más variada, la más equilibrada y tai vez hasta la más exigente.

Comparados con la Monarquía moderna de |-/jyis no son sólo el comunismo o el fascismo, son mucho más fáciles de sostener, pues le basta. con la fuerza, sino que participan de la misma ventaja la mayoría de las repúblicas. Una república, incluso democrática e incluso moderada, puede permitirse con la libertad, los intereses y los sentimientos de sus ciudadanos licencias que darían al traste con una Monarquía, y cosas que a una Monarquía nunca se las consentirían sus subditos, se las consienten sin pestañear sus ciudadanos a una república. Basta con pensar en lo que hubiera ocurrido en Inglaterra si, no ya lo Reina, pero el primer ministro, hubiera debido arrostrar las sospechas y los avalares contra las que Nixon se defiende, panza arriba, desde hace dos años, para darse cuenta de la diferencia entre una Monarquía y un república.

Con razón indiscutible sienta Anson, al exhortar a Pio Cabanillas, a Utrera Molina, a Jesús Fueyo y a Juan José Rosón, para que asuman la ingente tarea de movilizar la opinión alrededor de la Monarquía, que una labor tal no puede menos de verse ayudada y facilitada por la circunstancia, que no es casual, de que las siete Monarquías existentes en Europa se cuenten todas ellas «entre las naciones más libres del mundo, socialmente más justas y económicamente más desarrolladas». Agrega Anson: "Algunas son, además, las actuales mecas de la juventud.»

No hay duda que nuestra Monarquía tiene una suerte enorme en poder invocar a las siete que existen en Europa, beneficiarse del prestigio que emanan y apoyarse en el crédito de que gozan, el cual, probablemente, carece de paralelo en el panorama mundial, donde difícilmente sería posible elegir un grupo de siete naciones que en cultura, en economía o en política pueda comparárseles.

MONÁRQUICO

Yo me atrevería o complementar la exhortación de Anson a Cabanillas, Utrera, Fueyo y Rosón añadiendo que si indudablemente, hay que estudiar y poner ante los españoles el ejemplo de las siete Monarquías si queremos nosotros que nuestra Monarquía adquiera, dentro de nuestras peculiaridades, el éxito de las otras siete tanto como estudiar éstas y explicárselas a los españoles es indispensable explicarle a los españoles y estudiar todas las Monarquías que se han ido por la escotilla de la Historia, y ya no existen, en los doscientos últimos años. La razón de que hayan muerto tantas Monarquías, desde la francesa a la griega, se me antoja a mi tan importante como la razón de que hayan subsistido las siete que quedan, y es aguí, en su fragilidad, donde quizá radica la mayor virtud y el sortilegio que ejerce hoy la forma de gobierno monárquica. «Saber que la Monarquía no puede sobrevivir la injusticia o la tiranía, y necesita, a cada vuelta del camino, como ningún otro sistema de gobierno, la adhesión y la devoción de los más diversos sectores de la opinión pública, sin los cuajes es incapaz de prosperar, constituye la causa que nos une a tantos a la Monarquía», dice en su delicioso y profundo libro sobre «Lo realidad de la Monarquía» («The reality or Monarchy») el profesor Zandrew Duncan.

¿Por qué han caído unas Monarquías y se han mantenido otras? ¿Por qué hoy no es posible entre las repúblicas, aun siendo más, encontrar un grupo de siete naciones revestidas de tanto prestigio, tanta armonía, tanta estabilidad como el que ofrecen las siete Monarquías?

Si usted me lo permite, quisa intente contestar otro día con la esperanza de contribuir a la tarea que nos ha planteado a todos los españoles preocupados por nuestro país Anson y para la que, quizá por pura casualidad, don Pío Cabanillas forjaba el ambiente indispensable en su extraordinario, que quizá se revele histórico, discurso en el Consell de Cent.—Augusto ASSIA.

 

< Volver