El Rey     
 
 Informaciones.    26/01/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

EL REY

UNA nueva polémica ha saltado a los aires de la Prensa española. El origen: un reportaje publicado por el periodista Edouard Bailby en el semanario parisiense «L´Express» y una reunión privada que el conde de Barcelona, don Juan de Borbón, mantuvo con algunos periodistas españoles —entre ellos el corresponsal de nuestro periódico— en la capital francesa.

El artículo de «L´Express», que cualquier español que sepa francés ha podido leer sin dificultad, pues la revista ha traspasado las fronteras y se ha vendido en los quioscos madrileños, señalaba la presencia en Francia de don Juan de Borbón, como el primer paso de una «gira política» por diferentes países europeos; especulaba con una reactivación de su papel público en la vida española y con una hipotética futura abdicación de don Juan Carlos en su padre. El comentarista de «L´Express» llegaba a anunciar que el «entourage» del conde de Barcelona ha entablado «discretos contactos» con la aposición al Régimen, incluido el partido comunista español.

Aunque Edouard Bailby es un periodista de prestigio, especialista de su periódico en el tema español, frecuente visitador de nuestro país y supuestamente un hombre bien informado, esta vez fue víctima del error o de la intriga. Efectivamente, el mismo lunes en que «L´Express» se ponía a la venta en Francia, don Juan de Borbón desmentía en su residencia" parisiense del hotel Meurice una por una todas las especulaciones de la revista. Su estancia en Francia —dijo— obedecía realmente al propósito de asistir a una cacería, tras la cual regresaría a su residencia de Estoril. Negó, pues, la existencia de tai «gira política». Adujo ante sus interlocutores que la muerte del presidente Carrero había modificado totalmente el panorama política del país, reconociendo al tiempo que el magnicidio había servido para demostrar la madurez de un pueblo el español perfectamente apto para un sistema democrático. Negó los contactos que se le han atribuido con los comunistas y desmintió rotundamente que hubiera reconstituido su «Consejo privado», voluntariamente disuelto por él tras la proclamación de su hijo don Juan Carlos como Príncipe de España. Dijo por último que se sigue considerando el heredero legítimo de la corona española, pero que «no levanta ninguna bandera», y no es beligerante. Está completamente retirado, pero al servicio del país por si es llamado para una «futura labor de arbitraje».

"El mentís de don Juan fue en privado y se produjo durante una conversación que mantuvo de pie y de forma un poco apresurada con los corresponsales de «ABC», «La Vanguardia» «Pueblo». INFORMACIONES, agencia Efe y agencia Logos. Estaban presentes el ayudante de don Juan, coronel. Lacourt, y don José María Calvo sobrino de don Rafael Calvo Serer, que había ido quien había convocado la reunión, pero que no asistió a la misma. Don uan hizo sus declaraciones «off the record», pero el diario «Pueblo» del partes las publico por entender que era un deber periodístico el hacerlo. A partir de ese momento, la polémica.

El jueves pasado un articulista de El Alcázar», que ocultaba su personalidad bajo el seudónimo de «Hispano», arremetía en la tercera página del periódico contra la figura de don Juan de Borbón y otras figuras más, en un trabajo en el que entre otras cosas lecí«.

«El legitimismo monárquico de corte liberal concluyó en 1931. Muchos años después se instauró un Reino de nuevo porte, en un marco constitucional legitimado por una guerra, que en la historia de la Humanidad, para bien o para mal, ha sido la más normal partida de nacimiento de los regímenes políticos. El Príncipe don Juan Carlos es, a todos los efectos, cabeza y origen le una nueva legitimidad hereditaria. Y sí por un azar del destino, que ñaue con sano juicio desea en este país, 10 llegara a consolidarse a ese derecho sucesorio, el mecanismo de la ley de Sucesión debería ponerse en marcha con todo rigor, para que resultara lo que conviniera a la soberanía del pueblo. La cual podría desconocer Inda so cualesquiera ramas de la dinastía le que se siente depositario, por cuenta propia, el conde de Barcelona. En 31 caso de que alguien de esa famimilia, con datos inequívocos de idoneidad conforme a las previsiones de la Ley de Sucesión, aspire a poder ser considerado afín a la nueva Casa Real española, lo mejor que puede hacer es rogar a Dios que se cumplan las expectativas sucesorias en la persona del Príncipe don Juan Carlos.»

Al día siguiente —es decir, ayer—. don Emilio Romero, director de «Pueblo», intercedía en el tema, por su parte, en estos- términos:

«Las circunstancias del 22 de julio de 1969, fecha de la designación del Príncipe Juan Carlos como sucesor de la Jefatura del Estado, aconsejaron a su padre, don Juan de Borbón, a aventar su Consejo y a aceptar, de la manera que fuere, esta realidad. Retenía el derecho de legitimidad de familia a efectos sucesorios de su persona, seguramente esperando el acontecimiento definitivo de la ascensión al Trono de su hijo. ¿A qué otra cosa podía esperar?

Entonces algo ha sucedido ahora en la conciencia del conde de Barcelona que le aconseja tomar esa extraña actitud. El suceso del 20 de diciembre y el nuevo rumbo de los acontecimientos políticos, con el nombramiento de un nuevo presidente del Gobierno y la constitución de su Gabinete, tienen que haber sido factores de excitación del heredero de don Alfonso XIII. Hasta aquí nuestras hipótesis. No puede haber otras.»

La impresión de no pocos observadores es que si bien don Juan de Borbón ha podido mostrarse inoportuno en algunas de sus aseveraciones, el tema se ha desquiciado también.

Nadie piensa seriamente en este país que don Juan pudiera algún día reclamar el trono de España. La designación de don Juan Carlos de Borbón como sucesor en la Jefatura del Estado cerró de hecho cualquier polémica al respecto por parte de las banderías políticas o de las familias del régimen. La decisión de Franco fue refrendada por las Cortes. Y junto a este refrendo se añade el del pueblo, tantas veces evidenciado. Los madrileños no olvidarán fácilmente la figura del Príncipe presidiendo en solitario las exequias del almirante Carrero Blanco. Aquel fue el acto impresionante que la nación estaba esperando en los momentos de incertidumbre: no hay caos cara al futuro.

La cordialidad entre don Juan Carlos y su padre se ha demostrado, por lo demás, en hechos y no supone una relación distinta o fría entre ellos. El pasado 6 de enero, el Príncipe estuvo con don Juan en Estoril, mientras la Princesa descansaba en Londres con su madre, la Reina Federica, y sus hermanos.

Desde el 22 de julio de 1969, el conde de Barcelona no ha hecho ni dicho nada que lleve a pensar que reivindicará el trono de España en ninguna ocasión. No renunciar a sus derechos de herencia dinástica que recibió de su padre es una actitud coherente, pero sin repercusiones políticas de fondo: no ha sido todavía instaurada la Corona en España. Para nadie es un secreto que cuando don Juan Carlos la ciña resumirá en un acto la continuidad de la obra de Franco (un sistema político) y la continuidad histórica de una dinastía. Sólo la maestría del actual Jefe del Estado pudo prever solución tan simple a tanta querella disgregadora. Don Juan, por eso, no se está «reservando» para hacer su aparición «en el momento oportuno». El consenso general del país —y se incluyen en dicho consenso hasta las fuerzas de oposición al sistema, que así lo han expresado multitud de veces— es el de contemplar a don Juan Carlos como único sucesor del Jefe del Estado. Los españoles aceptarán al nuevo Rey como símbolo de la unidad nacional. Y en este consenso y en esta convicción se mueve, estamos seguros, el primero de todos, el padre de don Juan Carlos. No podría ser de otra forma.

 

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