Autor: Luca de Tena y García de Torres, Juan Ignacio. 
 Terciando en una polémica. 
 La participación de lo monarquicos en el Movimiento     
 
 ABC.    05/07/1972.  Página: 22. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

TERCIANDO EN UNA POLÉMICA

LA PARTICIPACIÓN DE LOS MONÁRQUICOS EN EL MOVIMIENTO

Permítaseme terciar en la polémica que en el diario «Pueblo» sostiene su director, don Emilio Romero, con el ilustre ex ministro y ex arbitro de la política nacional, señor Serrano Suñer, sobre lo que pasó o no pasó el día de San Juan en la «Villa Giralda» que los Condes de Barcelona poseen en Estéril. Excuso decir que estoy más cerca del pensamiento del señor Serrano Suñer, aunque a decir verdad me hace el efecto de que cada uno de los contendientes sostiene su tesis sin responder a los argumentos del otro. Ateo así como en el Método de Ollendorf: "—¿Tiene usted el paraguas de la señorita? —No, señor, pero el perro de mi vecino padece reúma.»

Sin embargo, yo, que tuve el honor de asistir, como el señor Serrano Suñer, a la recepción de «Villa Giralda», puedo asegurar que allí no ocurrió nada que mereciese las acres censuras que don Emilio Romero propinó a Don Juan por sus breves palabras., llenas de prudencia y moderación, pronunciadas delante de su hijo, el Príncipe, de muchos de los más entusiastas seguidores de éste y de todo el alto personal de la Embajada, excepto el embajador, quien por su luto reciente no se encontraba en Estoril ni en la última fiesta del 24 de junio, como todos los años.

Pero no han movido mi pluma, en esta ocasión, las razones expuestas por los dos escritores políticos para explicar sus respectivos criterios, sino una frase de don Emilio Romero, reiteradamente repetida de una u otra forma en sus dos artículos; ésta: «No había conciencia monárquica ni sectores monárquicos considerables y populares en los albores de la guerra civil.» Que me perdone mi amigo Emilio Romero si le digo que esta afirmación suya es absolutamente inexacta, y empleo esta palabra para no molestarle diciendo que falsa de toda falsedad. Sin la cooperación y e! entusiasmo de los elementos monárquicos, el Movimiento Nacional no se hubiera producido. Los mismos rojos, antes de llamarnos fascistas, nos llamaban monárquicos. ¿Y acaso no eran monárquicos los generales más prestigiosos que cuando la República se convirtió en anarquía tomaron parte en la preparación del Movimiento y que luego dirigieron la guerra y ocuparon careos preeminentes en el Gobierno de la Nación? ¿Es que no lo eran los generales Gómez Jordana, Ponte, Kindelán, Barrera, los dos Gallarza, Mola, cinco años antes director general de Seguridad durante la Monarquía, de quien yo mismo llevé una carta a Don Alfonso XIII que le entregué en Lausanne el 10 de agosto de 1936?

Por cierto que en aquella audiencia regia inolvidable, me dijo el Rey desterrado: —«Cuando veas a Franco o a Mola, diles de mi parte que su primer soldado soy yo.» ¿Y el mismísimo Generalísimo Franco, no ha demostrado acaso, cumplidamente y con la máxima eficacia, su monarquismo? ¿No intentó el propio Don Juan, luchar en el frente, llegando en su propósito hasta Aranda de Duero y siendo invitado a salir de España por razones de alta política «teniendo en cuenta el lugar que ocupaba en la dinastía»? ¿No murieron en el frente parientes suyos tan próximos como su hermano político, el Príncipe Don Carlos de Borbón y Orleans? ¿No pelearen en las trincheras otros muchos personajes de la Familia Real?

Los periódicos son los portavoces de la, opinión. Pues bien: los diarios de mayor difusión y prestigio de España, el 12 de abril de 1931 eran monárquicos. Aún recuerdo la reunión de directores de diarios monárquicos que tuvo lugar en Madrid el 5 de abril de 1931, justo ocho días antes de las elecciones municipales que dieron al traste con la Monarquía, y a la que asistimos los directores de A B C, «El Debatea, «Ahora», «Informaciones», «La Época» y algún otro que no recuerdo.

Hay otra afirmación de Emilio Romero que no quisiera dejar pasar con mi aquiescencia: la de que el tradicionalismo estuvo en bloque al servicio de la otra, dinastía. No. Por el contrario, los dos jefes más prestigiosos del tradicionalismo, español, el conde de Rodezno y Víctor Pradera, muertos, el segundo asesinado en San Sebastián al principio de la contienda, y el primero fallecido después de ella y de haber sido ministro de Franco, habían acatado a Don Alfonso XIII y a su heredero, quizá porque su dinastía se había extinguido, pero también por la opinión que les merecían las reales personas en quienes habían recaída todos los derechos.

Sólo me resta agradece; a Emilio Romero el benévolo, caluroso elogio que, en su último artículo, hace de una de mis comedias referente a Don Alfonso XII, intentando comparaciones que yo no acierto a comprender. ¿Qué tendrá que ver lo que pasó entonces con las témporas actuales? ¿Ni cómo pueden equipararse las maquinaciones en el destierro de una Reina destronada y fracasada, como lo fue Isabel II, con quien posiblemente pasará a la Historia sólo como una esperanza frustrada, Don Juan de Borbón, de quien aquel jefe tradicionalista y gran caballero que fue «1 conde de Rodezno solía decir —seguramente no he sido yo el único en oírlo de sus labios—: «hubiera sido el mejor Rey de su dinastía»?

Juan Ignacio LUCA DE TENA

De la Real Academia Español

 

< Volver