Autor: Correal, Francisco. 
 Los Lideres de Andalucía. Un político «de campanillas» que quiere pasar a la Junta de Andalucía. 
 Luis Uruñuela     
 
 Diario 16.    21/05/1982.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

LOS LIDERES DE ANDALUCÍA

Un político «de campanillas» que quiere pasar a la Junta de Andalucía

LUIS URUÑUELA

Un político «de campanillas» que quiere pasar a la Junta de Andalucía

«La reacción del pueblo de Sevilla ante la sequía fue uno de los mayores ejemplos de ciudadanía que he

conocido»

«No se puede ser tolerante en minoría e intransigente cuando se tiene la sartén por el mando»

«Los sevillanos tenemos fama de que nos gusta pasar los semáforos en rojo»

Sevilla: Texto: Francisco CORREAL

Dice el señor alcalde que sus dos aficiones predilectas son la lectura y la música, sin descartar algunos

deportes náuticos y la equitación. «Esta última afición no la he podido practicar - dice Luis Uruñuela,

alcalde de Sevilla y candidato del PSA a la presidencia de la Junta de Andalucía - y el caballo se ha

convertido en una pasión platónica.» Libros: Entre mitin y Permanente municipal, Uruñuela repasa el

último libro de Isidoro Moreno sobre la Semana Santa, un texto de Simone de Beauvoir y versos

refrescantes de Apollinaire. Música: «No sólo soy un melómano, sino un modesto interpretante. He

tocado la flauta y la guitarra, y ahora, mis preferencias van por el órgano.»

Y desde que tomó posesión de la Alcaldía, se ha convenido en un especialista de la «campanilla», a la que

procura recurrir en los Plenos borrascosos.

— Bueno, yo no he em pezado a tocar las campanillas en el Ayuntamiento. Ciertamente, Luis Uruñuela

es un político «de campanillas». Nació para el mando. Los amigos de Facultad le conocían como El Presi

y, cuando este alumno predilecto de Giménez Fernández llegó por primera vez al altar, sus compañeros

universitarios le regalaron una película sobre la ceremonia con el título «Se casó El Presi». Hijo de un

maestro industrial, presidió en Sevilla las Juventudes Universitarias de Acción Católica y, en 1959,

figuró en la terna de la que habría de salir el jefe local del SEU. Es catedrático de Historia del

Pensamiento Político y Social en el Centro de Nuevas Profesiones, en el que llegó a ocupar el decanato.

1979 le deparó dos agradables sorpresas políticas: encabezar la candidatura del PSA en Sevilla cuando

este partido sorprendió a propios y extraños e hizo añicos el mapa parlamentario, y resultar elegido

alcalde de Sevilla, después de que la izquierda le diera mil y una vueltas al «dado Rubik» del pacto y

optara por colocar a un nacionalista junto a la plaza de San Francisco.

El alcalde de Sevilla es de esas personas que no puede hablar sin que sus palabras alcancen cierta

resonancia.

-¿Puede ser Luis Uruñuela, alcalde y candidato, un buen «alcalde» de todos los andaluces?

— Pienso que sí, porque aportó dos notas que no aparecen en el resto de candidaturas, el andalucismo y,

sobre todo, una experiencia de Gobierno democrático. Esto último lo digo sin ninguna vanidad y con

pleno conocimiento de causa. El candidato de UCD a la Junta, Luis Merino, fue el último alcalde

franquista de Málaga, y desconoce, por tanto, lo que significa el ejercicio del Gobierno democrático. En

cuanto a Rafael Escuredo, de todos es sabido que su responsabilidad como gobernante ha sido

prácticamente inexistente: la Junta de Andalucía ha tenido en esta etapa pocas competencias y, en todo

caso, han sido desarrolladas por los diversos consejeros.

El alcalde, en democracracia, realiza una tarea de Gobierno absolutamente directa e inmediata,

permanente. Después de haber llevado las riendas del Ayuntamiento de Sevilla en condiciones realmente

difíciles, creo que el Gobierno de Andalucía seria más fácil y llevadero.

— ¿Es ésta una respuesta o el extracto de una de sus clases de Historia del Pensamiento

Político y Social?

— Yo estoy convencido de que no hay mejor escuela de gobierno que los Ayuntamientos. Sería

aconsejable que los ministros, y no digamos los presidentes de Gobiernos, hubieran tenido

previamente algún tipo de experiencia municipal. Esto es práctica común en numerosos países

democráticos.

— Dicen algunos de la izquierda, a cuenta de multas, impuestos y licencias de obras se ha

«quemado» en los municipios. ¿Es el Ayuntamiento de Sevilla, situado junto a la plaza de San Francisco,

en la que la Inquisición inauguró su secuela de «autos de fe», la «hoguera» política de Uruñuela?

— Todos los que concurrimos a las elecciones municipales de mil novecientos setenta y nueve

éramos conscientes de la enormidad de la tarea. Si hacemos un juicio desapasionado y en términos

relativos de nuestra labor, aquí no ha habido hogueras de ningún tipo. Los Ayuntamientos democráticos

han conseguido invertir el ciclo de degradación que venían padeciendo las Corporaciones Locales, un

proceso secular que no se reduce a los últimos cuarenta años: instituciones con menos peso, menos

recursos económicos, menos competencias. Este ciclo lo hemos detenido saneando la economía.

Llegamos con un presupuesto de tres mil millones da pesetas y nuestros sucesores lo cogerán con

diez mil millones.

Rojas Marcos

-La pareja del PSA, Luis Uruñuela-Alejandro Rojas Marcos, ¿tiene los tintes stevensonianos del tándem

Felipe Gonzalez-Alfonso Guerra? ¿Es uno la moderación y el otro la vehemencia política?. — Eso

depende de las sensaciones subjetivas de cada uno. Yo creo que la comparación no es válida. Rojas

Marcos y yo componemos un matrimonio político bien avenido, llevamos trabajando juntos unos, veinte

años y nos hemos intercambiado responsabilidades sin ninguna fricción. Dentro del PSOE, contando con

el indudable peso político que tiene Felipe González, la estructura del aparato está en manos de Alfonso

Guerra. Si miras la pirámide de cuadros del PSOE, la mayoría de los dirigentes responden a esta segunda

imagen y algunos hasta imitan la forma de hablar de Alfonso Guerra.

-¿Es Luis Uruñuela un buen «alcalde» en su vida familiar?.

-Aunque parezca un tópico, la vida familiar del alcalde de Sevilla es, por desgracia, muy escasa. Además,

la vida familiar no se proyecta sólo en casa, sino en la ciudad, en el bar, en el cine, pero donde quiera que

llegue Luis Uruñuela padre de la familia vuelve a esconderse y aparece muy bien que así sea. Hay que

asumir estos inconvenientes y uno ya está acostumbrado. Si hago memoria, puedo decir que desde mil

novecientos cincuenta y seis no tomo unas vacaciones en condiciones, porque ya en mil novecientos

cincuenta y siete ingresé en Milicias Universitarias...

La primera mujer de Uruñuela, Trinidad Paz, murió de parto y era la madre de dos de los cinco hijos del

alcalde, Luis y María José. Los restantes proceden de su matrimonios con su actual esposa, la canaria Ana

María: Laura, Ana María y Raquel.

-¿Cuál ha sido el día más triste en los tres años de alcaldía?

— No soy un hombre de grandes altibajos, no recuerdo tumbas particulares en el Ayuntamiento. Aunque

sí es cierto que las mayores preocupaciones nacieron por el tema de la sequía, y no por lo que se decía de

que Sevilla se podía quedar sin agua -ese peligro nunca ha existido-, sino por las dramáticas repercusiones

que podría haber tenido en el mundo de la industria y el comercio de la ciudad. Ese fue nuestro principal

campo de batalla, ya que según algunos cálculos la sequía podía suponer en Sevilla el desempleo para

cien mil puestos de trabajo.

Tolerancia

—¿Qué leyenda escribía en el monumento a la tolerancia que quiere erigir contra viento y marea el

Ayuntamiento de Sevilla?

-Creo que hace falta mucha tolerancia para que la democracia sea real. Todavía quedan en este país y en

nuestras conciencias numerosas remoras franquistas, ya que la democracia no se opera, como decían los

clásicos, «Deus ex machina», apretando un botón, aprobando una Constitución o depositando el voto en

unas elecciones. ¿Tolerancia? Lo que podemos, como tristemente se ha hecho y se hace, es pedir

tolerancia cuando estamos en minoría, cuando tenemos menos fuerza que el adversario y ser

intransigentes cuando somos mayoría y tenemos la sartén por el mango.

 

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