Autor: Sierra, Ramón. 
   Homenaje de gratitud     
 
 ABC.    16/04/1969.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

REINA MADRE

HOMENAJE DE GRATITUD

No nos mueve la pluma, al escribir estas líneas, un simple sentimiento de piedad ni la penosa emoción que se levanta en el ánimo de todos los que tenemos arraigadisima la creencia de que la institución monárquica es la que mejor sirve, en España, los supremos intereses de la Patria y del Estado, cuando muere tina Reina; sino el ansia de rendir el postrer tributo de gratitud hacia la Soberana que supo sufrir, con una entereza y una dignidad ejemplares, todas las amargas pruebas a las que Dios quiso someterla, con plena conciencia de las responsabilidades que le correspondían como Reina, como esposa y como madre.

Ño fue precisamente un camino de rosas el que los españoles le abrimos cuando llegó a España aquella bellísima princesa de Inglaterra. Tuvo, primero, que aceptar las rígidas normas que estaban entonces en vigor para ingresar en el seno de la Iglesia católica, y lo hizo con plena conciencia y lealtad, como lo demuestra el empeño que puso toda su vida en permanecer fiel a la nueva fe que había profesado. Jamás incidió en el desarrollo de la política española, de acuerdo con el espíritu y la letra de nuestras leyes constitucionales; y pudo hacerlo, porque es mucho más importante el papel de una Reina constitucional que lo que algunos suponen. Soporto con valor el criminal atentado de la calle Mayor, y supo hacerse cargo de que aquella bomba no sé la arrojaba el pueblo español, sino un hombre envenenado por los propagandistas de la violencia contra todo lo que supone un orden y una jerarquía. Aceptó, resignada y sin perder la serenidad, cuantas desgracias familiares le sobrevinieron. Y, sobre todo, sufrió, sin rencores ni resentimientos, la gran pesadumbre de ver cómo las febriles pasiones políticas, en los últimos años de su reinado, apagaban la devoción y el respeto que sentían hacia ella la gran mayoría del pueblo español, la que no había sido captada por los enemigos de la institución o de la dinastía.

Como tantas princesas extranjeras que ocuparon el Trono de España, acertó a comprendernos y se identificó con nosotros. Y tan dentro llevaba su fervor español que no quiso morir sin pisar, por última vez, las calles de Madrid, el escenario más entrañable de sus días fastos y nefastos. La gran ilusión de todos los españoles que se han visto obligados a vivir fuera de nuestro suelo.

La Historia le hará justicia, como se la está haciendo a Alfonso XIII. A los Reyes hay que juzgarlos con perspectivas históricas, como a todos cuantos han ocupado las supremas jerarquías. La Historia la hemos hecho entre todos: los Reyes y los subditos; los Reyes buenos y los Reyes malos; los ministros ejemplares y los ministros viles; los héroes y los cobardes; los blancos y los negros; los ticos y los pobres, en caudales o en talentos.

Que Dios dé a la Reina Victoria la paz que sólo pudo encontrar, durante su larga vida, en la fortaleza de su valeroso espíritu cristiano.—Ramón SIERRA.

Victoria Eugenia de Battenberg fue Reina de España desde 1906 hasta 1931. De 1931 a 1941, Reina en el exilio. Desde la muerte de Alfonso XIII, en esta última fecha, fue la Reina Madre. Las dos primeras etapas que abarcan su vida al lado del Rey de España son bien conocidas. Por una serie de circunstancias, apenas tuvieron noticias los españoles sobre los veintiocho largas años en que desempeñó, de forma ejemplar, el difícil papel de Reina Madre. Pasaban meses y años enteros sin que periódicos y revistas españoles, algunos de ellos atentos al menor ademán de principes y princesas extranjeros, pudieran publicar una línea sobre la Reina Madre de España. (Y España se había proclamado de nuevo un reino en 1947.)

¿Es que había olvidado por completo el pueblo español a la mujer bellísima, a la Reina ejemplar que acompañó al Bey Alfonso XIII en el Trono de España, durante veinticinco años entregados casi integramente a trabajar por el bien de los españoles atendiendo personalmente infinidad de obras benéficas?

La respuesta a este interrogante la dio el pueblo madrileño ana tarde del mes de febrero de 1968, cuando Victoria Eugenia de Battenberg, por primera vez desde 1931, pisó de nuevo la tierra de España. Sus largos años de Reina Madre, consciente de su papel y su deber, se condensaron en la profunda reverencia que, en presencia de decenas de millares de espectadores, hizo ante su hijo Don Juan. Jefe de la Casa Real Española. Nunca ha sido más Reina Victoria Eugenia que en aquel instante. Leal a la Corona y a su legitimo representante, el primer gesto de la Reina Madre al pisar de nuevo tierra española fue rendir homenaje a su hijo, el heredero de Alfonso XIII. Don Juan vivió aquellas jornadas entrañables en olor de multitud. Después del impresionante éxito popular del Jefe de la Dinastía en el recibimiento de Barajas, el pueblo se apretujó en todos los sitios que visitó para vitorearle y aclamarle. La Reina Victoria diría después, según escribió un cronista, "con orgullo de madre y de leal a la Corona, que había sido eclipsada por la popularidad de, su hijo".

Durante las próximas semanas se gastará macha tinta en glosar la figura de Doña Victoria Eugenia. La Reina volverá a vivir fugazmente sus días de esplendor en el recuerdo de tiempos pasados. Se hablará de su boda, de la bomba de Mateo Morral, de su Cruz Roja, de su amor a las cosas de España, de su vida de Reina durante uno de los períodos culturales más fecundos de la Historia de España. Se hablará de su belleza, que es hoy una leyenda de la "belle epoqne". Se hablará de su sencillez, de su serenidad para el dolor, del (Jaro trance del exilio. Se recordará, en fin,, la imagen patética de la Reina postrada a los pies del lecho de Alfonso XIII, cuando el Rey de España agonizaba con el nombre de Dios y de la patria en los labios, allá en la Roma eterna de los Emperadores.

Todo ello fue importante en la vida de Ena de Battenberg y en la Historia de España. Pero yo quiero destacar no el ayer, sino el hoy, la actualidad inmediata. Doña Victoria vivió sus últimos años desempeñando a la perfección su papel de Reina Madre, función difícil de equilibrio, de moderación, de lealtad y de esfuerzo permanente por mantener a la Familia Real cada vez más unida en torno al heredero de Alfonso XIII. Reina Madre callada y ejemplar, no turo otra preocupación que hacer posible en el futuro la Monarquía preconizada por su hijo Don Juan, es decir, la Monarquía de todos los españoles al servicio de I» justicia social y de los principios de derecho público cristiano.— Luis María ANSON.

 

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