Autor: Ansón Oliart, Luis María. 
   Reina Madre     
 
 ABC.    16/04/1969.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

REINA MADRE

Victoria Eugenia de Battenberg fue Reina de España desde 1906 hasta 1931. De 1931 a 1941, Reina en el exilio. Desde la muerte de Alfonso XIII, en esta última fecha, fue la Rema Madre. Las dos primeras etapas que abarcan su vida al lado del Rey de España son bien conocidas. Por una serie de circunstancias, apenas tuvieron noticias los españoles sobre los veintiocho largos años en que desempeñó, de forma ejemplar, el difícil papel de Reina Madre. Pasaban meses y años enteros sin que periódicos y revistas españoles, algunos de ellos atentos al menor ademán de príncipes y princesas extranjeros, pudieran publicar una línea sobre la Reina Madre de España. (Y España se había proclamado de nuevo un reino en 1947.)

¿Es que había, olvidado por completo el pueblo español a la mujer bellísima, a la Reina ejemplar que acompañó al Rey Alfonso XIII en el Trono de España, durante veinticinco años entregados casi íntegramente a trabajar por el bien de los españoles atendiendo personalmente infinidad de obras benéficas?

La respuesta a este interrogante la dio el pueblo madrileño una tarde del mes de febrero de 1968, cuando Victoria Eugenia de Battenberg, por primera vez desde 1931, pisó de nuevo la tierra de España. Sus largos años de Reina Madre, consciente de su papel y su deber, se condensaron en la profunda reverencia que, en presencia de decenas de millares de espectadores, hizo ante su hijo Don Juan, Jefe de la Casa Real Española. Nunca ha sido más Reina Victoria Eugenia que en aquel instante. Leal a la Corona y a su legítimo representante, el primer gesto de la Reina Madre al pisar de nuevo tierra española fue rendir homenaje a su hijo, el heredero de Alfonso XIII. "Don Juan vivió aquellas jornadas entrañables en olor de multitud. Después del impresionante éxito popular del Jefe de la Dinastía en el recibimiento de Barajas, el pueblo se apretujó en todos los sitios que visitó para vitorearle y aclamarle. La Reina Victoria diría después, según escribió un cronista, "con orgullo de madre y de leal a la Corona, que había sido eclipsada por la popularidad de su hijo".

Durante las próximas semanas se gastará mucha tinta en glosar la figura de Doña Victoria Eugenia. La Reina volverá a vivir fugazmente sus días de esplendor en el recuerdo de tiempos pasados. Se hablará de su boda, de la bomba de Mateo Morral, de su Cruz Roja, de su amor a las cosas de España, de su vida de Reina durante uno de los períodos culturales más fecundos de la Historia de España. Se hablará de su belleza, que es hoy una leyenda de la "belle epoque". Se hablará de su sencillez, de su serenidad para el dolor, del duro trance del exilio. Se recordará, en fin, la imagen patética de la Reñía postrada a los pies del lecho de Alfonso XIII, cuando el Rey de España agonizaba con el nombre de Dios y de la patria en los labios, allá en la Roma eterna de los Emperadores.

Todo ello fue importante en la vida de Ena de Battenberg y en la Historia de España. Pero yo quiero destacar no el ayer, sino el hoy, la actualidad inmediata. Doña Victoria vivió sus últimos años desempeñando a la perfección su papel de Reina Madre, función difícil de equilibrio, de moderación, de lealtad y de esfuerzo permanente por mantener a la Familia Real cada vez más unida en torno al heredero de Alfonso XIII. Reina Madre callada y ejemplar, no tuvo otra preocupación que hacer posible en el futuro la Monarquía preconizada por su hijo Don Juan, es decir, la Monarquía de todos los españoles al servicio de la justicia social y de los principios de derecho público cristiano.— Luis María ANSON.

 

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