Autor: Gómez Santos, Marino. 
   Anedoctario de la Reina     
 
 ABC.    16/04/1969.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 27. 

ANECDOTARIO DE LA REINA

Toda gran figura comporta siempre, junto a su protagonismo de los hechos históricos, un repertorio más cercano y cálido de pequeños acontecimientos, de eso que llamamos anécdotas y que sirven para hacernos más humano y próximo el personaje. Con el título "La Reina Victoria Eugenia, de cerca". Marino Gómez Santos reunió en libro las conversaciones que sostuvo con S. M. en "Vieille Fontaine", Lausana, en febrero de 1964, y su continuación, en el Palacio Torlonia, de .Roma. En estas páginas, próximas a reaparecer en tercera edición, con prólogo de don José Yanguas Messía, nuestro colaborador reconstruye la época de la Reina Victoria, esmaltada por la gracia de un vivo anecdotario. Ahora, con triste ocasión, del libro de Gómez Santos ofrecemos este muestrario, donde la finura de espíritu de la Reina y su proyección humana dejan clara señal.

UN ABANICO DE SEVILLA

En 1905, el Príncipe Enrique de Battenberg estuvo en Sevilla, invitado por el duque de Alba.

—Me escribió una carta desde Las Dueñas y me llevó como regalo un abanico que conservo aún, el cual, por medio de unos resortes, se puede poner un poco más grande y un poco más chico. Al volver mi padre de Sevilla me dijo: "Cuando seas mayor yo te llevaré a España para que la conozcas." Añadió, aún lo recuerdo: "¡Te gustará muchísimo España!"

LA EMPERATRIZ EUGENIA

De la Emperatriz Eugenia de Montijo, su madrina de pila, recordaba la Reina Doña Victoria:

—¡Oh, era muy. muy bondadosa! Tenía una gran facha. Había sido pelirroja y su cara estaba llena, llena, llena de pecas. Yo me pregunto: ¿qué hacía cuando era Emperatriz? Porque de vieja era una cosa tremenda. Pero tenía muy bonito escote, de noche. No llevaba jamás una alhaja; únicamente, su anillo. Tenía recuerdo también, unos pies así, chiquititos, que por delante eran cuadrados.

EN EL PALACIO DE BUCKINGHAM

6 de junio de 1905. Banquete en el •Palacio de Buckingham en honor del Rey Don Alfonso XIII, al que asisten ciento veinte invitados.

—El estaba sentado entre mis dos tías, la Reina Alejandra y la hermana de mi madre, la Princesa Elena. Yo veía que el Rey estaba preguntando quiénes éramos cada uno de los invitados. Cuando llegó a mi, preguntó: "¿Y quién es aquella muchacha con el velo casi blanco?" Yo pensé: "¡Dios mío", me ha tomado por una albina...! ¡Qué horror!"

«¿COLECCIONAS TARJETAS POSTALES?»

En una de las primeras conversaciones de Doña Victoria Eugenia con Don Alfonso XIII, el Rey le preguntó: "¿Coleccionas tarjetas postales?"

—Era la moda de la época. Desde entonces, una vez por semana, recibía una tarjeta, postal del Rey, ¡Así durante ocho meses, hasta que nos vimos en "Mouriscot"!

EL VESTIDO DE NOVIA Y LAS JOYAS

El 31 de mayo de 19D6 se celebró en la Iglesia de los Jerónimos la boda Regia:

—El vestido de novia me lo regaló el Rey, según la costumbre española. Era blanco, todo con encaje. Como todas las novias. Solamente que el mío era enorme, larguísimo. Recuerdo perfectamente las joyas que llevaba esa mañana: entre otras, un broche que tenía la Peregrina, la perla que Felipe II compró

para Isabel de Valois y que varias reinas de España la han tenido después.

LA SOMBRA DE MORRAL

La Reina Victoria Eugenia llegó a la iglesia de los Jerónimos con un retraso de treinta minutos, que. intranquilizó al Rey y a gran parte de los miembros del Gobierno.

—¡Moret fue quien se retrasó en ir a recogerme! Por eso llegué yo tarde El nerviosismo del Rey es muy explicable. Había recibido ya un anónimo con la fotografía de Morral, diciendo que iba a tratar de evitar que esa boda se celebrase, o matándome a mí o a él. Por eso estaba aterrado cuando vio que yo me retrasaba en llegar y llamaba al Grande de servicio, que era Benalúa, para saber si mi coche llegaba.

EN LA CALLE MAYOR

De regreso a Palacio, al llegar a la calle Mayor, los Reyes iban conversando en francés porque Don Alfonso XIII no hablaba inglés y la Reina aún no había aprendido el español.

—El Rey, un poco exagerado, como todos los novios españoles, me dijo que tara que todo Madrid supiera cuándo ramos ya marido y mujer, iba a haber unas salvas y que quizá romperían algunos cristales. Detesto los tiros y los ruidos, y por eso yo iba tapándome los oídos. Paso un momento, y como no se producían las salvas de artillería, me dije: "Nada, se han olvidado. ¡Gracias a Dios!" No me dio tiempo a preguntar al Rey a qué peligro se refería cuando me dijo: "J´ai defendu de jeter des fleurs. Maintenant il n´y a plus de danger." Entonces me encontré dentro de una nube negra y comencé a oír gritos. Comprendí que algo terrible había pasado. Para tener más libertad había tirado mi manto en el asiento de enfrente y las ventanas de la carroza iban abiertas. El pobre lacayo que iba al lado fue muerto en la explosión y la sangre de su cabeza cayó sobre mi manto. El Rey creyó en el primer momento que estaba herida, pero no.

LA REINA, EN LOS TOROS

La corrida regia se anunció con los siguientes lidiadores: Antonio Puentes. José García "Algabeño". Ricardo Torres "Bombita", Rafael González "Macha-Quito", Antonio Boto "Regaterín" y Manuel Mejías "Bienvenida".

—El pobre Rey diciéndome: "¡Por Dios, no demuestres nada en tu cara, o de susto, o de asco, porque todos los ojos están "braques" sobre ti! ¡Que vean que estás como una buena Reina española!..." ¡Yo, que venía de ver toda aquella sangre el día de mi boda! Porque habían encerrado más de ocho toros.

EL IDIOMA ESPAÑOL

La Reina Doña Victoria Eugenia hablaba corrientemente inglés, francés y alemán. Su boda con Don Alfonso XIII hizo que tuviese cierta prisa en aprender el español.

—¡Es una soledad de alma tan terrible el no entender una lengua!... ¡Estar sola en un vais sin entender el idioma! Así es que yo me daba el trabajo de aprender. A los que entendía mejor era al Rey y a la Infanta María Teresa, porque hablaban el puro castellano, con la erre verdad. El Infante don Carlos, el Infante don Fernando y la Reina Cristina pronunciaban la erre un poco difuminada. Se puede decir que tardé seis meses para entender una conversación y año y medio para lanzarme a hablar.

LA PRIMERA FRASE

No había olvidado la Reina Doña Victoria la primera frase en español que dijo por su cuenta:

—Poco tiempo antes de nacer mi hijo mayor, los médicos de aquella época no querían que fuese en automóvil, y entonces salía en un victoria a tomar el aire. Una de aquellas mañanas observé que hacía bastante viento cuando paseaba por la Casa de Campo. Le dije al cochero: "Búsqueme usted un sitio donde no sople el viento." ¡Aquello me pareció un esfuerzo tremendo. No se me ha olvidado mi primera frase!

LA REINA CONOCE AL GENERAL FRANCO

En los años veinte, la Reina Doña Victoria conoció al general Franco.

—El año veintiuno, aproximadamente, vino a almorzar a Palacio. Era ya comandante y se iba a mandar la Legión Extranjera en África. Recuerdo divinamente que el Rey le pregunto: "¿Y cuándo te casas?" Franco contestó: "Mi novia tiene que esperar hasta que acabe lo de Marruecos." El Rey y yo fuimos padrinos de la boda del general Franco y de doña Carmen.

ABRIL, 1931

La última noche que pasó la Reina en palacio:

—Mi chica pequeña tenía miedo y se quedó conmigo. Beatriz, la mayor, se quedó en su cuarto, arriba. ¡No dormimos mucho aquella noche, como se puede figurar!

A LAS CINCO DE LA TARDE

El Rey Don Alfonso XIII comunicó a la Reina, a las cinco de la tarde, que se iba a las ocho.

—Quería que comiésemos aquella noche solos en el cuartito donde tomábamos siempre el té. Allí comimos los dos, casi en silencio, y nos dijimos adiós, no sabiendo si volveríamos a vernos. Porque yo no tenía la menor idea de adonde iba__M. GÓMEZ SANTOS.

 

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