Autor: Bellveser, Juan. 
   El testamento de la Reina será divulgado el lunes     
 
 Madrid.    19/04/1969.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

El testamento de la Reina sera divulgado el lunes

LAUSANA. (Por teléfono, de nuestro enviado especial.)—De la puerta de la casa a la de la verja, menos de 50 metros. Pero el jardín esta en pendiente hacia la casa (la pendiente de Lausana lacia su lago) y había que recorrerlos cuesta arriba llevando a hombros el pesado féretro. Ocho varones de la familia real se habían sobrepuesto a su dolor y a la fatiga de todas esas noches, de mucha pena y poco sueño, para que el cadáver de la Reina alíese de "Vieille Fontaine" llevado por ellos.

El lado del féretro lo sostenían, contando desde atrás, el donde de Barcelona, el Principe don Juan. Carlos, don Alfonso de Borbón y Dampierre y el Príncipe Marco Aurelio Torlosia. Del lado derecho, el Infante don Jaime, su hijo, don Gonzalo de Borbon, y dos nietos políticos de la Reina: don Marino Torlonia y don José Carlos Alvarez de Toledo. Las normas de los protocolos habían coincidido con las exigencias de la estabilidad. Los dos más altos entre estos hombres de elevada estatura—don Juan y don Jaime— llevaban el lado del ataúd que la pendiente hubiese hecho que quedase más bajo.

Era un vivo retablo de historia. Los rostros de los ocho hombres expresaban a la vez el esfuerzo y la tristeza. Avanzaban penosamente, a pasos bien rítmicos. Delante, acompasado y grave, abría la marcha el duque de Alba.

En el jardín, lleno de españoles, habían aparecido otras flores junto a los macizos de tulipanes. Eran las de una veintena de coronas que ya no cabían en el interior de la casa y habían sido depositadas sobre el césped, en espera de cargarlas en los coches del cortejo fúnebre. Entre todas esas flores —las que había traído la primavera y las que trajeron los españoles — salió para siempre doña Victoria Eugenia de la residencia donde había pasado la mayor parte de sus años de exilio.

En la Iglesia del Sagrado Corazón caben 280 personas. Apenas lo suficiente para las que en el entierro eran pertenecientes a familias reales o formaban parte de las Delegaciones oficiales. Y puede calcularse que éramos unos 3.000 españoles. Más de 1.500 llegaron seguramente por Iberia, que tuvo que poner en servicio aparatos más grandes que los habituales en esta línea. Vinieron también de otras Compañías, más cuatro aviones en vuelo "charter". A esto hemos de añadir los compatriotas que llegaron en coche o por tren. Y muchos de los residentes en esta región suiza.

Durante el funeral la muchedumbre permaneció al aire libre. En algunos ratos al sol, pero soportando en otros la caída de finos copos de nieve. Y eran también numerosos los vecinos de Lausana que se estacionaban en espera del paso del entierro.

El cementerio de Bois de Vaux —setos bien cuidados, bellos árboles, terrazas y avenidas separadas por setos floridos—tiene mucho de jardin recoleto. Sólo por uno de sus lados las exigencias de la urbanización moderna ponía la nota discordante de unas enormes grúas de rascacielos en construcción que quiebran la atmósfera del lugar, suavemente melancólica.

Cerca de la tumba abierta de la Reina numerosas personas enarbolaban banderas rojigualdas. Y otras eran portadoras de pequeños sacos de tierra procedentes de todas las provincias de España. Los sacos fueron vaciados en la fosa y el contenido de todos ellos era suficiente para cubrir el féretro.

Asi, al cadáver de la Reina le acompaña esa tierra de la patria lejana.

El desfile de los españoles ante la familia real, en pie junto a la tumba, duró largo tiempo. Un tiempo que hubiera podido parecer interminable para muchas personas de avanzada edad que allí estaban, algunas desde un par de horas antes, bajo el frío. Pero habla un ambiente tal de emoción que nadie pensaba en contingencias que parecían fútiles. La multitud se agrupaba en torno a los condes de Barcelona, don Jaime y las Infantas, y había en las gentes una expresión de tristeza y de respetuoso afecto. Esta mañana, en el cementerio suizo de Bois de Vaux, la vieja emoción popular de la Monarquía creaba un sentimiento de solidaridad espontáneo y sólido. Y en realidad la familia real se ensanchaba en una gran familia española, unida en aquel momento por lazos entrañables.

Según ha anunciado el duque de Alba, el lunes se divulgará el preámbulo del testamento de doña Victoria Eugenia, que fue abierto ayer tarde. Parece ser que contiene, después de una profunda profesión de españolismo y de fe en los destinos de la Patria, algunos consejos destinados al jefe de la familia real, señalándole los caminos que debe seguir un Monarca.

Por la tarde, en "Vieille Fontaine", el conde de Barcelona se despidió de un grupo de compatriotas que iban a emprender el regreso. Les agradeció a ellos y a todos los demás que acudieron estos días a Lausana el afecto y la fidelidad manifestados con su presencia, que en muchos casos—añadió—habla supuesto verdaderos sacrificios económicos.

Termino recordando que la Reina le habla dicho siempre que la Monarquía no es sólo conservación de las mejores tradiciones, sino, sobre todo, permanente acción al servicio de España, del pueblo español, "de todos los españoles".

JUAN BELLVESER

NACIONAL HOMENAJE DE LA ORQUESTA

La Orquesta Nacional, que interpretaba ayer, viernes, su concierto del teatro Real, dirigida por el polaco Klecki, tributó un homenaje musical a la Reina doña Victoria Eugenia, interpretando la "Cantata número 130", de Juan Sebastián Bach.

El oratorio del compositor de Stuttgart fue ejecutado por la Orquesta puesta en pie y escuchado también en pie por el público, entre el que se advertía la ausencia de muchos abonados asistentes a las exequias de Lausana.

 

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