Autor: González-Doria, Fernando. 
 Una página de la Historia. 
 La última lección de la Reina Victoria     
 
 Madrid.    17/04/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

UNA PAGINA DE U HISTORIA

La última lección de la Reina Victoria

Una de las cosas que más lusión me han producido en ni vida fue conocer a la Relia doña Victoria Eugenia. Pensar que aún vivía la viuda de Alfonso XIII era para ni como suponer viva, en medio de la precipitada realidad del presente, una página de la Historia. Al desaparecer la Reina viuda se cierra inevitablemente el ciclo le lo sentimental, de lo anecdótico, de lo que de añoranza y tópico ha tenido la Monarquía en estos ya largos años transcurridos desde 1931, invitándonos, con visión de realidad, a pensar sólo en la Monarquía con tocación de futuro.

Entra hoy doña Victoria Eugenia en la Historia de España, y el de "Reina discreta" sería su más oportuno dictado, de no haberse dado ya ese sobrenombre a la Reina Cristina. Porqué la discreción fue la norma de su reinado y de toda su vida. Para quienes la conocieron cuando aún cenia junto a Alfonso XIII la Corona de España, o para los más iniciados en su biografía, dejo la tarea de glosar sus cualidades humanitarias en favor de las clases menesterosas del país; su abnegación como madre y como esposa; m ejemplaridad como Soberana, que supo comprender to trascendencia de su altísima misión, sin intervenir jamás en política, ni durante los veinticinco anos que ocupó el Trono, ni apartada de él. Quiero yo referirme a una faceta que tal vez escape a sus biógrafos en esta hora dolorida y apresurada de la nota necrológica, y de la que recuerdo tres momentos de su vida, en que fui testigo de «u manifestación; una faceta que podría resumirse con esta sencilla frase: "Digno acatamiento a su hijo don Juan."

Era la tarde del 4 de mayo de 1967, víspera de la boda d« su nieta doña Pilar. Había recepción en "Villa Giralda" en honor de los españoles desplazados hasta allí para acompañar en tal ocasión a la familia real. Para saludar de uno en uno a cuantos hablan llegado a Estoril se habrían necesitado mas horas de las que el apretado programa de la boda permitía; por ello don Juan hubo de recurrir a una fórmula que, sin olvidar a nadie, satisfaciese a todos: con un. amplio gesto, que parecía acogernos en un abrazo, salió a la terraza para decirnos unas afectuosas palabras. Con él se hallaba toda la familia real, y en un discreto segundo plano, rezagada a propósito, se mantuvo doña Victoria Eugenia, cediendo el primer puesto a don Juan, protagonista de las aclamaciones y destinatario indudable de todos los aplausos. Era exactamente el gesto que todos conocemos a través de las biografías de Alfonso XIII o de su madre: la Reina Cristina, al salir del Congreso, después de la proclamación de su hijo, cedió a don Alfonso el primer puesto, para que todos vieran y comprendieran que él era el Rey.

Dos días después, en la comida-homenaje que más de dos mil españoles ofrecieron al jefe de la Casa Real el 6 de mayo, doña Victoria Eugenia, pese a su edad y a la natural fatiga de toda la serie de actos precedentes, quiso estar presente en aquel almuerzo, según palabras de don Juan, "concebido y realizado con entrañable familiaridad". Pero tampoco allí deseó figurar en la mesa de honor, que presidieron don Juan y doña María. La Reina Victoria, entre dos Infantes de España, se situó en el fondo del enorme salón del hotel, y yo vi cómo desde lejos saludaba conmovida a su hijo, y le aplaudió, como una entusiasta mas de cuantos ofrecían el homenaje, cuando don Juan, en uno de los mejores discursos que ha pronunciado, se refirió a ella con estas palabras: "... nos dio a todos enseñanza y ejemplo la Reina Victoria Eugenia, mi madre, abnegada cumplidora de su deber, no habiéndose borrado de la memoria de las gentes su constante actividad caritativa y su amor a las clases mas humildes del pueblo español. Hoy, en la culminación de su existencia, con su personalidad intacta, Dios le ha concedido, entre tantos dolores, el consuelo de contemplar cómo la Historia hace justicia a su reinado."

El tercer rasgo público de este acatamiento tuvo un escenario singular: el aeropuerto de Barajas. Para muchos millares de jóvenes, de esos que no han conocido la Monarquía ni la República, y no pueden, por tanto, convertir aún su memoria en el camposanto de los recuerdos, fue aquella tarde del 7 de febrero de 1968 la hora más impresionante que han vivido. Después de treinta y siete años de ausencia, la Reina Victoria volvía a la Patria. Millares de pañuelos blancos, como una desbandada de palomas, y centenares de banderas y pancartas, la mayoría portadas por Jóvenes, le dieron la bienvenida. En aquel momento en la memoria de la Reina hubo un inevitable recuerdo emocionado: Alfonso XIII, y en su presencia, una rotunda y significativa realidad: su hijo don Juan, esperándola, rodeado de una España magníficamente representada. Porque fue deseo de la Reina que el jefe de la Casa Real la esperase en Barajas, para vivir juntos, símbolos los más significativos de la Monarquía, una hora histórica. Y como en un cuadro de la Historia, al quedar los dos frente a frente, entre el frenesí de tantas aclamaciones, don Juan pretendió ampararla rápidamente en sus brazos; pero doña Victoria Eugenia, Reina madre a la postre, quiso cortar aquel natural impulso filial y sencillo, y en presencia de España, de una España que les aclamaba y aplaudía, se inclinó con una profunda reverencia ante el hijo heredero de Alfonso XIII, jefe por ello de la Casa Real española.

Fue el de aquellos inolvidables días su último multitudinario encuentro con la nación, que supo aclamarla como Soberana, y tal vez por eso, porque presintió que era el último, no quiso descuidar un gesto que dejaba de ser mera anécdota o norma protocolaria, para convertirse en una lección, que es sin duda alguna, a mi entender, el mejor legado que puede dejar a España. Doña Victoria Eugenia, que, como ya he dicho, jamás hizo política, sino que se comportó siempre con la sencillez y la dignidad de cualquier esposa y madre, no ignoraba, ni quería que se ignorase, que la Historia, para poder seguir escribiéndose, necesita ser una cadena, que una el pasado con el presente, para realizar el futuro. Junto a otros también muy estimables, es eslabón precioso de esa cadena la secular dinastía, que como bien supo reconocer doña Victoria tiene un titular natural. Romper el eslabón equivaldría a romper la cadena histórica de España.

Al decir adiós a la Reina Victoria, podemos poner fin a un capítulo histórico; pero no olvidemos que, encareciéndolo con su ejemplo, nos ha marcado el camino de la Historia del futuro. ¡Gracias, Reina Victoria Eugenia, por este tu último servicio a la Patria...! — FERNANDO GONZÁLEZ-DORIA.

 

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