Una carta de don Alfonso XIII  :   
 (Yo mismo he querido dar ejemplo...). 
 ABC.    01/06/1972.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

UNA CARTA DE DON ALFONSO XIII

(«Yo mismo he querido dar ejemplo...»)

El uso indebido de títulos y tratamientos sigue estando en España a la orden del día. Y no siempre son culpables los presuntos titulares. El error parle muchas veces de los organismos oficiales encargados de velar por el cumplimiento de la Ley.

Cuando existen evidentes casos de confusión, los organismos competentes deben pronunciarse. O bien concediendo autorización para usar determinado tratamiento o bien desautorizando a quien se lo atribuye por sí mismo en desacuerdo con la Ley.

Si don Alfonso de Barbón —nuestro dignísimo embajador en Estocolmo, persona merecedora de los máximos respetos— tiene derecho al tratamiento de Alteza Real, debe dictarse el decreto correspondiente que asi lo establezca. Y nosotros seremos los primeros en dárselo. Que no haya equívocos en esto. Estaremos muy satisfechos de dárselo a partir del momento en que tenga derecho a ello. Lo que no es aceptable es que los títulos o los tratamientos se los atribuyan a sí mismos los interesados.

Recientemente, una personalidad que deseaba enviar una invitación a Don Alfonso de Borbón Dampierre preguntó en el adecuado organismo oficial en qué forma debía dirigirse a nuestro representante en Suecia y la respuesta fue que a «Su Excelencia Don Alfonso de Borbón Dampierre, Embajador de España en Estocolmo». Cumplido el requisito, indicado oficialmente, retorno el sobre y su contenido a Madrid desde la capital sueca, con la indicación de que se rectificara, cambiando «Su Excelencia» por «Su Alteza Real» y se antepusiera el título de Príncipe al nombra y apellidos propios. Entonces, ¿en que quedamos? ¿Hay o no hay unas leyes o disposiciones legales que consientan o autoricen un determinado titula y el anejo tratamiento? Por cuanto sepamos no existe ninguna ley o decreto actuales que permita el uso oficial en el territorio español y a españoles de nacionalidad del título de Principes en el nuevo Reino, salvo «1 por antonomasia Príncipe de España, que en el orden monárquico de boy sustituye equivalentemente al de Asturias, que era el tradicional en la vieja Monarquía. Y no existiendo, como no existen, tales leyes, en caso de duda hay que buscarlos en las leyes monárquicas que estuvieron vigentes hasta el 14 de abril de 1931, fecha en que se produjo la República.

En este sentido, la revista de la Hermandad Nacional de Alféreces Provisionales ha publicado una elocuente y terminante carta de Su Majestad el Rey Don Alfonso. XIII, dirigida a Don Francisco de Barbón, Duque de Sevilla, que pedía después de nuestra guerra al Soberano en exilio le reconociera tratamiento real como «sucesor de varón a varón de cien Reyes».

Don Alfonso XIII, después de denegarle el tratamiento, añade estas categóricas palabras: «Yo mismo he querido dar ejemplo de fiel cumplidor de la Legislación y del Estatuto de Familia, al no haber concedido a mis nietos, los hijos de Jaime y de Beatriz, la dignidad de Infantes de España, a pesar de ser nietos de Rey, y en el caso de loa hijos de Jaime, aunque ton descendientes agnaticios de nuestra Casa de Borbón, sólo los reconozco, como a vosotros, el uso de este apellido, sin que tengan derecho a tratamiento ni a rango de Príncipes o de Infantes, por ser hijos de un matrimonio morganático, y a pesar de ser su madre de esclarecido nacimiento por línea paterna y descendiente por su madre de la principesca familia de los Rúspoli, tan antigua e ilustre en Italia.»

¿Que el Estado español considera adecuado el tratamiento que fue negado por Don Alfonso XIII? Que lo establezca. Y todos deberemos acatarlo.

¿Que no lo considera adecuado? ¡Ah!, en este caso hay que advertir al interesado que carece de derecho para ello.

Dejar las cosas en estas nebulosas, un pronunciarse, no hace más que abrir paso a la ligereza y a la adulación.

 

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