Autor: Bellveser, Juan. 
   La Reina se muere  :   
 En torno suyo se agrupa toda la familia real. 
 Madrid.    14/04/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

La Reina se muere

En torno suyo se agrupa toda la familia real

(Tiene de la primera página.)

lia víspera, en el aeropuerto de Orly. cuando nos abrochábamos los cinturones de seguridad y el avión comenzaba a moverse por la pista, el Infante don Jaime me dijo, señalando el cíelo bajo y las gotas de lluvia que se estriaban en él crista! de la ventanilla:

—¡Qué día más triste! ¡Es el tiempo de abril!

Y habla en la frase, como nacida del subconsciente, el recuerdo aciago de fechas lejanas.

Durante el breve viaje hasta Ginebra me volví a mirar a don Jaime varias veces. Las grandes patillas que ahora lleva—casi a lo Alfonso XII—subrayaban con su blancura lo moreno del rostro, en el que la habitual expresión ensimismada se habla hecho aún más melancólica. Y sólo se animó al enseñarme una colección de fotografías tomadas semanas atrás en "Vieille Fontaine" a doña Victoria, sus cuatro hijos y algunos nietos,

El tiempo hosco nos esperaba también en Ginebra. Quizá como atmósfera adecuada para las malas noticias, de las que tuvimos en seguida confirmación. Camino de Lausana, don Alfonso de Borbón y Dampierre le dijo a su padre que la Reina no salía del coma. No conoce a nadie ni puede alimentarse. Ni siquiera se le pueden dar líquidos; apenas las gotas de una esponjina que a menudo le exprimen en loa labios. No parece sentir el pinchazo de las inyecciones y no tiene más reflejos que los respiratorios.

Desde ayer la familia real, completa, esta en Lausana. El domingo llegaron de España la Princesa doña Sofía y la Infanta doña Cristina, que habla ido a causa del nacimiento de su nieto. Ese nuevo descendiente que su bisabuela no podrá, conocer.

AFECTO, AMISTAD, RESPETO

En torno a "Vieille Fontaine" se estrecha un cerco entristecido de afecto, de amistad, de respeto. Las llamadas telefónicas no cesan y son muchas las que provienen de extranjeros. Entre ellos, Charlie Chapita, que visitaba con cierta frecuencia a doña Victoria. Precisamente ayer, en el aeropuerto de Ginebra, cuando el conde de Barcelona esperaba la llegada de don Juan Carlos, Chaplin, a corta distancia, le miraba como con animo de acercarse, pero titubeaba indudablemente a causa de esa timidez que en él no es sólo la característica de un personaje de cine. Alguien advirtió a don Juan, y éste, cordial y abierto, como siempre, se volvió hada el gran actor, con quien, converso durante unos minutos.

Desde el balcón de mi hotel, en lo alto de 1» ciudad, se vislumbraba anoche el panorama de casas y luces que descienden hasta el lago. Allá abajo hay una villa donde las luces no se apagaron. Y donde uno desea que tampoco se apague la vida que tantos días lleva luchando. Pero ¿qué margen se le puede conceder a la esperanza? Cada hora que pasa está cargada de amenazas. Y en el calendario del reloj acaban de aparecer unos guarismos en los que todos pensábamos hoy, sin que nadie se atreviera a mencionarlos. Una fecha que pudiera ser dolorosa por segunda vez para la familia real española—JUAN BELLVESER.

 

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