Autor: González-Doria, Fernando. 
   Tres entrevistas históricas     
 
 Madrid.    23/06/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

En la festividad de San Juan Bautista el mejor homenaje que yo puedo ofrecer este año a Don Juan de Borbón, en su fiesta onomástica, es el de sintetizar, en los estrechos límites de un artículo, la historia de las entrevistas que relacionadas con la educación y estancia en España de su heredero, el Príncipe Don Juan Carlos, han celebrado el Generalísimo Franco y el Jefe de la Casa Real Española, enmarcando así, en su exacto sitio, las relaciones entre la Dinastía y la actual Suprema Magistratura del país.

Si cono algunos sostienen la Monarquía del futuro puede partir de cero en lo dinástico, no cabe duda de que el General Franco disponía en 1947 de un buen plantel de príncipes a quienes situar en paridad de oportunidades para la expectación del Trono. Como todo ser humano, Franco no ha tenido jamás la pretensión de poseer el don de la infalibilidad, pero creo que ni sus enemigos podrán negarle que ha procedido en todas sus decisiones trascendentales guiado de la lógica más absoluta y con respeto hacia las constantes históricas que han configurado a España en cada momento. Teóricamente sus preferencias podían haber sido otras, pero la realidad es que en 1947, cuando con su Gobierno decidió institucionalizar España como Reino, fue Don Juan de Borbón, Jefe de la Casa Real, el único Príncipe a quien Franco envió el proyecto de Ley de Sucesión, y a través nada menos que de un destacado colaborador suyo, el actual vicepresidente del Gobierno, almirante don Luis Carrero Blanco.

EL MANIFIESTO DE 1947

Refrescará sin duda este suceso en algunas memorias el tan famoso como discutido manifiesto de Don Juan de 7 de abril de 1947; pero creo que basta y sobra para tranquilizar los ánimos de aquellos pusilánimes que en su día se permitieron criticar, sin detenerse a abarcar toda la circunstancia y coyuntura política en que el manifiesto se hizo público, el hecho bien evidente de que el Generalísimo no había de juzgar improcedentes las declaraciones de Don Juan, ni mucho menos utilizarlas como argumento a sumar en su contra, ya que justo un año después, el 25 de agosto de 1948, celebraban su primera entrevista a bordo del yate "Azor", en aguas de San Sebastián, tratando temas de interés para el futuro de España. Porque allí se habló de que paulatinamente, a través de una bien ordenada campaña de Prensa, se iría familiarizando de nuevo a los españoles con la Dinastía, ausent edesde hacía diecisiete años. Allí se acordó también que esta Dinastía estaría representada en el país por el hijo de Don Juan, el Príncipe Don Juan Carlos, quien cursaría sus estudios de bachillerato en el ambiente de su Patria. Allí, según parece, no se habló de nada más, pero tampoco de nada menos. España, por definición aceptada en referéndum por la Nación, era un Reino, y para tratar de algo importante relacionado con la Monarquía futura el Jefe del

Por FERNANDO GONZÁLEZ-DORIA

Estado y el Conde de Barcelona dialogaban amistosamente. Na die exigió nada, ni nadie pidió sacrificar nada. Cada cosa, pues, quedaba en su sitio exacto.

ENTREVISTA EN EXTREMADURA

Y este ininterrumpido diálogo tuvo una buena ratificación el 29 de diciembre de 1954. Desde que dieciocho años atrás, el 1 de agosto de 1936 Don Juan cruzó la frontera por Dancharinea, camino del frente, para incorporarse a la columna Escámez en Somosierra, siendo invitado por orden del general Mola a ausentarse del país a las cuarenta y ocho horas, no había vuelto a pisar oficialmente territorio nacional. Con motivo de la nueva entrevista, había de llegar esta vez hasta la finca "Las Cabezas", que en Extremadura poseen los Condes de Ruiseñada, y donde la conversación con el Generalísimo duró exactamente seis horas y media. Teniendo en cuenta que no se habló de nada nuevo trascendental, son muchas horas para exclusivamente reafirmar las posiciones perfectamente definidas en la anterior entrevista de 1948. La única variante se relacionaba con el Príncipe, que iba a terminar su bachillerato. De perfecto acuerdo, siempre de perfecto acuerdo, porque nadie exigía nada, ni nadie pedia renunciar a nada, se determinó que Don Juan Carlos recibiría formación castrense en las Academias Militares de la nación, siguiendo ostentando en España la representación de su padre, titular de la Dinastía. Y cuando terminada la entrevista, ya de noche, el Generalísimo abandonó la finca, dijo al Conde de Ruiseñada, que le acompañaba en el automóvil, para despedirle en el término de su propiedad: "En este ambiente de cordialidad y alto patriotismo da gusto hablar." Hoy la fachada principal de "Las Cabezas" luce una lápida de mórmol que da testimonio de esta segunda entrevista con la siguiente inscripción: "El día 28 de diciembre de 1954 honró esta casa, llegando de Portugal. S. A. R. Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona. Al día siguiente, 29 de diciembre, llegaba de Madrid S. E. el Jefe del Estado español, Generalísimo Franco. En respetuoso homenaje de gratitud y adhesión a nuestro Rey y al Libertador de España puso esta placa quien tuvo el honor de recibirles y acompañarles personalmente. Conde de Ruiseñada."

NUEVOS HORIZONTES

En la nota conjunta que el Generalísimo y Don Juan darían al final de su tercera entrevista, en marzo de 1960, se halla la clave y el motivo central de su celebración. Porque en primer lugar, el Príncipe Don Juan Carlos; finalizados ya sus cuatro años de formación militar, y habiendo cumplido el 5 de enero veintidós años, dejaba de ser un estudiante en el sentido normal de la palabra para convertirse en un hombre, a quien se hacía necesario buscar nuevos horizontes formacionales, habida cuenta de que no puede profesionalizarse en una actividad concreta. En segundo lugar, el riesgo que significaba la ausencia de España de Don Juan, y la presencia constante de su hijo, comenzaba a delatar unos síntomas que, sin dar motivo serio de preocupación o alarma, podían contribuir a aumentar el confusionismo en torno al problema sucesorio.

Por razones que no son del caso exponer en este artículo, es evidente que aquella campaña de prensa, convenida en 1948, para familiarizar al país con la Dinastía, se había centrado exclusivamente en estos doce años sobre la figura del Príncipe, con notorio menoscabo de la popularidad de Don Juan, dando lugar a que muchos vieran en el hijo decidida y resuelta ya una sucesión que normalmente debe corresponder al padre. Se hacia necesario recordar a todos que las cosas seguían en su sitio, y que no había razón ni motivo para modificarlas. Y fue así como la tercera entrevista quedó fijada, de común acuerdo, para el 29 de marzo de 1960. en el mismo palacio de la finca de "Las Cabezas".

CINCO HORAS DE CHARLA

Don Juan entró de Portugal el día 28, deteniéndose a visitar Mérida aquella tarde. El Generalísimo llegaba a las doce de la mañana del día siguiente, aislándose a solas con Don Juan por espacio de cinco horas, sólo interrumpidas por el rato del almuerzo. El comunicado conjunto quedó redactado así, de común acuerdo, sin las supresiones y añadidos, introducidos luego por cuenta exclusiva de la censura de prensa: "El día 29 de marzo de 1960 se han entrevistado S. E. el Jefe del Estado y S. A. R. el Conde de Barcelona. En la entrevista, que se desarrolló en términos de gran cordialidad, se han examinado temas de Importancia para la vida nacional, en los que ambos interlocutores se mostraron de acuerdo.—Entre los temas examinadas figura el de la nueva y última etapa de estudios de S. A. R. el Príncipe Don Juan Carlos. Se han puntualizado los diferentes extremos de la organización de dichos estudios, que el Principe ha de realizar en nuestra Patria en íntimo y constante contacto con la Universidad española. Ante las interpretaciones faltas de base a que la estancia del Príncipe en España ha dado lugar, especialmente en el extranjero, S. E. el Jefe del Estado y S. A. R. el Conde de Barcelona hacen público que dicha estancia se debe a razones pedagógicas y de sentido nacional, pues es conveniente que el Príncipe Don Juan Carlos se eduque en el ambiente de su Patria, lo que no prejuzga la cuestión sucesoria ni la normal transmisión de las obligaciones y las responsabilidades dinásticas. La entrevista terminó con la robustecida persuasión de que la cordialidad y buen entendimiento entre ambas personalidades es preciosa para el porvenir de España y para la consolidación y continuidad de los bienes de la paz y de la obra realizada."

TODO ESTA PREVISTO

La cosa no puede ser más clara. Ni la estancia del Príncipe en el país tiene otro sentido que el de atender a su formación constante, ni esta presencia suya y ausencia natural de Don Juan prejuzga la cuestión sucesoria. Si alguna novedad se introdujo en esta entrevista pare ce ser que consistió en prever, de común acuerdo ambos interlocutores, que si necesario fuese para mejor completar la formación del Príncipe, podía ser invitado por el Generalísimo a presenciar algún Consejo de Ministros, lo que, como es natural, sería de gran provecho para la experiencia de Don Juan Carlos. Por tanto, si esto sucede un día, ni tienen por qué alarmarse los legitimistas, ni habrá motivo para que canten victoria aquellos que desean torcer el curso normal de lo que es sencillamente Historia, porque hasta este posible gesto público del Principe está, al parecer, previsto por Franco y Don Juan desde hace nueve años. Justamente se habló de ello en aquella entrevista, en que un comunicado conjunto se hizo público para determinar con bastante claridad, mientras un nuevo comunicado de igual o superior categoría no diga lo contrario, quién es hoy por hoy el titular de las "obligaciones y las responsabilidades dinásticas".

Si el supremo interés de la Patria, o la conveniencia de perfilar mejor aún el futuro—lo que vendría a ser lo mismo—así lo aconsejara, no hay que dudar que Franco y Don Juan volverían a reunirse oficialmente. Lo que ya es más difícil, yo creo que totalmente improbable, es que existan nuevos elementos de juicio para que la entrevista no estuviera una vez más presidida por el mismo espíritu de las anteriores. Porque, en definitiva, en estas entrevistas es evidente que ni Don Juan ha exigido nunca nada, ni el General Franco le ha pedido tampoco renunciar a nada. Parece bastante claro que cada cual sabe cuál es su papel exacto en la Historia.

 

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