Alfonso XIII     
 
 ABC.    28/02/1960.  Página: 52. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ALFONSO XIII

Desde 1931, año de la caída del trono, hasta hoy, estudiosos, historiadores o meros testigos de los sucesos, con la perspectiva que da él tiempo, perfecta documentación y mejor conocimiento, han logrado aquilatar y clarificar los hechos ocurridos para rematar en conclusiones que rectifican groseros errores y desvanecen infamias puestas en circulación con redomada perfidia en aquellas horas de confusión y dé demencia política.

Alfonso XIII fue derribado por un turbio vendaval de calumnias y mentiras. Atribuyéronle al Monarca maldades e injusticias para hacer aborrecible su nombre ante los presentes y ante la Historia: perjurios, malversaciones, felonías, transgresiones de la Ley... Ocho meses después de la salida del Bey, en pleno hervor y apoteosis revolucionaria, las Cortes Constituyentes designaban una Comisión de Responsabilidades con facultades omnímodas, la cual, erigida en fiscal, revisaba con paciencia, rencor y saña los archivos y papeles personales del Soberano y de la Administración pública para descubrir las huellas delictivas. Aceptaba además las denuncias que quisieran aportar los ciudadanos para poner en claro los cohechos, la cotización, de influencias y todos los delitos imputados al Monarca. Terminado este período de investigación, redactó la sensacional acusación prometida a las masas durante todo un año de frenesí demagógico. La lectura del documento produjo, según el propio jefe del" Gobierno republicano, "un descenso, un decaimiento en proporción con la materia objeto del debate". Aquello era un fraude a la opinión pública. "Aquí se nos trae una cosa que se llama proceso, y lo primero que no hay es proceso ninguno, porque no hay ni un papel escrito sobre él, ni un folio", exclamaba Ossorio y Gallardo, adversario declarado y maldiciente del Rey; "La acusación es asombrosamente pueril, aparatosa, inconveniente, en todos los aspectos, materia para toda clase de ironías y preparada con un espíritu leguleyo", escribía el diario "Crisol", de reconocido sectarismo republicano.

"La única finalidad de la acusación, se decía en estas mismas columnas, es la de vejar y ofender al adversario caído porque fué Rey. Pero lo fue mucho tiempo: más de treinta años lo ha tenido España al frente de los destinos nacionales en quieta.y pacífica posesión del trono, y no se comprende que haya españoles empeñados en hacerle pasar a la historia, no como el Rey que se equivoca y pierde la confianza y la adhesión de su país, sino como un delincuente merecedor de todas las execraciones, descalificado de todas las virtudes personales, al que se le perdona compasivamente la pena capital. ¿Qué nación es ésta, regida tranquilamente tantos años por un hombre tal como !o juzgaban los que para proceder así han tenido que aguardar la retirada y la expatriación del Rey, al que alguno de sus acusadores prestaron pleitesía y servicio, aunque menos servicio del que quisieron?"

Estaba comprometido en ello el "honor" republicano y fue necesario completar la farsa tan zafiamente urdida, con una declaración de culpabilidad de alta traición. Lo que debía ser el proceso que aplastara en cieno a la Monarquía española, terminó en un desatino curialesco y ridículo. La famosa sesión había servido para que resplandeciera la honorabilidad y pureza de intención del Monarca, con una luz que penetraría en todas las conciencias honradas.

Don Alfonso XIII fue un hombre bien dotado para desempeñar el nada cómodo oficio de Rey, como se ha dicho, con un claro sentido de lo útil, de lo bueno y de lo justo para su país. No formará un claro juicio de su función y de su obra quien desconozca u olvide las circunstancias y azares en que transcurrió su reinado, o ignore los defectos y errores del sistema político, dentro del cual hubo de ejercer su misión, con predominio de ideologías políticas que desunían y encizañaban a los españoles. Cercado por tantas dificultades se esforzó, como él mismo lo diría, "en servir a su amadísima España". "Laborar por su dicha con toda? mis fuerzas y energías fue constante anhelo de mi vida." Cuando, triunfante la revolución, Alfonso XIII se alejó de España, vivió cautivo de la nostalgia, clavado su pensamiento en la Patria, jamás desamparada en su memoria y en su corazón.

La Asociación de Escritores y Artistas Españoles ofreció ayer, sábado, un solemne funeral, .oficiado en la iglesia del Real Monasterio de la Encarnación, por el alma de S. M. el Rey, Don Alfonso XIII (q. s. g. h.)

Ocuparon la presidencia el presidente de la entidad organizadora, don Manuel Benedito Vives, acompañado de los condes de Gamazo y Romanones, y duque de Alburquerque.

Ofició el rector del Real Monasterio, don Gerardo Peña, actuando de diácono y subdiácono los presbíteros don Mantel Rueda y don Pedro Los Arcos.

 

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