Ayer, San Ildefonso     
 
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AYER, SAN ILDEFONSO

Celebra hoy la Iglesia la fiesta de San Ildefonso, el arzobispo toledano que, como su maestro el hispalense San Isidoro, fue una antorcha encendida entre tas sombras del siglo VIl, como para mostrar a los hombres el camino difícil de la Edad Media, que empezaba. Luminar de los Concilios, en él ha tenido la Cristiandad hispana su gula desde entonces y a él se han encomendado en las horas difíciles generaciones de creyentes. Y sin duda porque su Intercesión es Un poderosa, su nombre se ha impuesto tan reiteradamente a nuestros reyes, pudiendo decirse que la Historia de España, desde los mismos albores de la Monarquía, esta constelada por los reinados de los Alfonsos gloriosos y grandes: duros guerreros que reconquistan de la morisma los primeros palmos del patrio suelo, "teniendo por cetro la espada y por trono la silla del trotón", como Alfonso I el Católico, o como Alfonso II el Casto, el que hizo de un Oviedo recién nacido la capital del reino incipiente, o el que llevó hasta el Dueño sus dominios, como Alfonso III el Grande...

¡Qué letanía de nombres inmortales, que además de en Asturias, suenan en León, en Aragón y en Castilla, a medida que los nuevos reinos se van formando! ¡Alfonso el Batallador, Alfonso e Magnánimo, Alfonso el Conquistador de Toledo, Alfonso el de las Navas, Alfonso el Sabio! Los Reyes de este nombre se suceden hasta que la Reconquista es ya sólo cuestión de tiempo y no un sueño quimérico. Desaparecen luego por un largo lapso, a modo de un Guadiana histórico, cual si su misión taumatúrgica estuviese lograda y ya no «e necesitasen, para reaparecer en un ayer próximo en la persona de Alfonso XII el Pacificador, en ocasión de otra grave crisis nacional; y en nuestros días, en la de Alfonso XIII, el rey de "los altos hechos" y "los tristes destinos", en quien tantos buenos españoles pensarán hoy con motivo de su día onomástico.

Si este buen Rey no logró totalmente ver realizados sus sueños generosos, frustrándoselos la Ingratitud y la desgracia, fue por tener trabadas sus manos por los grilletes de una Constitución paralizadora y por los bizantinismos de los partidos y de los Parlamentos Ingobernables.

Obra de estos agentes extraños a su regia voluntad fue también el republicanismo antiespañol, que puso un epilogo doloroso y prematuro a su reinado.

INFORMACIONES pide a sus lectores que hoy, día de San Ildefonso, dediquen un pensamiento y una oración al Rey que si nació animoso, supo serlo también admirable hasta en sus desgracias.

 

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