Autor: Salas y Guirior, José. 
   Ayer se celebró en Roma la boda de la Princesa Irene     
 
 ABC.    30/04/1964.  Página: 67. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

AYER SE CELEBRO EN ROMA LA BODA DE LA PRINCESA IRENE

Fue muy doloroso para la novia la ausencia de sus padres, los Reyes de Holanda, y para el novio, la de su primo, el duque de Parma, jefe de su Casa

TAMPOCO ASISTIÓ NINGÚN MIEMBRO DE LAS CASAS REINANTES EUROPEAS

Gran expectación popular a la llegada y salida del cortejo

Roma 29. (Crónica de nuestro corresponsal, por teléfono.) A las once y veinte llegó a la, puerta principal de Santa María la Mayor el cortejo nupcial. Veinte minutos de retraso sobre el horario previsto. En la plaza se agrupaba una gran multitud de curiosos que, al aumentar las dificultades habituales del tráfico ro dado, contribuyeron a la tardanza en la llegada de los contrayentes, A pesar de la expectación popular, ésta ha sido una ceremonia triste. Entre tantos cientos de personas, lo que brillaban eran las ausencias. El Príncipe Bernardo, cuya madre es católica conversa, se había entrevistado con el novio la antevíspera en Bruselas {la hostilidad holandesa hacia don Carlos Hugo excluía cualquier lugar de los Países Bajos) en un último intento para despolitizar la boda y reducirla a sus justos límites religiosos y afectivos. Pero la posición inflexible del novio imposibilitó una fórmula de arreglo. La encantadora princesa Irene, tan amada de su pueblo, se ha casado, pues, sin la presencia de una sola persona de su familia, sin un sólo representante de su Gobierno, cuyo primer ministro es, como ella, católico. Tampoco ha asistido ninguna representación de las demás casas reinantes de Europa—Inglaterra, Suecia, Noruega, Grecia, Dinamarca—, algunas tan católicas como la de Bélgica y la de Luxemburgo, cuyo Gran Duque consorte, Félix, es tío carnal del novio. También los católicos jefes de las casas reales de Francia, Austria e Italia, estaban ausentes, ksí como el príncipe Roberto, actual duque de Parma y jefe de la casa de Borbón-Parma, primo del novio. Echamos de menos a los embajadores de Holanda y de Francia. Tampoco vimos a ningún miembro de la representación diplomática española, Es evidente que no ha sido la providencial conversión de la princesa ni su romántico amor, que sólo pueden despertar simpatías, sino otras exigencias de orden político de la familia de don Carlos Hugo, las que han creado esta tensa situación por todos deplorada. Contrarrestaba la larga y penosa lista de ausentes una gran cantidad de holandeses, en su mayoría residentes en Boma, que por su condición de protestantes siguieron con dificultad la ceremonia de la misa. Entre los, también numerosos, españoles destacaba dom Justo Pérez de Urbel, que el 2 de mayo casará en Roma a la famosa actriz Sarita Montiel.

Rompiendo con una tradición secular, los novios entraron juntos en el templo, no del brazo de sus padrinos. Ella ceñía una esplendorosa diadema valorada en 30 millones de pesetas, y vestía un bellísimo traje de Balmain. El novio iba de frac, con una condecoración, al parecer austríaca, sobre el pecho. Atravesando la histórica basílica repleta de gente, llegaron a la capilla Borghese, en la que, por su pequeña capacidad, sólo se encontraban los familiares más próximos y los testigos, que eran, por parte de la princesa, el cuñado de su novio, príncipe Lobkowicz; el duque de Braganza, cuñado de don Javier, y la señorita Lamon. Actuaron como testigos del novio, su tío Luis, su hermano, Sixto, y don José María Valiente. Cuando llegaron al altar, donde se venera la sagrada imagen de la Virgen que se atribuye a San Lucas, fueron recibidos por el cardenal Giobbe, que ofició la solemne ceremonia. La joven pareja—a la que deseamos todo género de venturas personales y la paz de que no han gozado durante su corto noviazgo—ha emprendido viaje a Tierra Santa, — José SALAS Y GUIRIOR.

 

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