Autor: Montero Alonso, José. 
 Tres nuevos dolores sobre el dolor del destierro: la muerte de los hijos y del Rey. 
 Un gran paréntesis en la vida de «Vieille Fontaine»: Su vuelta a España     
 
 Madrid.    19/04/1969.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

EUGENIA en la vida de vuelto o España

Varias generaciones sólo conocieron

Reinas tristes

Ese tránsito de uno a otro ambiente, del grave de antes al más abierto de ahora, será evocado un día por la Infanta Eulalia, testigo de la transformación palatina. La Infanta, hermana de Alfonso XII, tiene un espíritu moderno e inquieto, por el que llega una vez incluso a verse alejada de Palacio. Eulalia de Borbón escribe: "Desde entonces, todas las modas entraron en España por la Corte y no a pesar de la Corte, como habla venido sucediendo desde medio siglo atrás. A medida que las modas se iban haciendo audaces, libé rrimas y hasta picarescas, saltaban desde el escenario

El traje de enfermera

Mas las horas de Victoria Eugenia no son solo esa orientación hada una vida más amable en Palacio. No son sólo la moda y los cigarrillos, las playas y la ópera. La vida de la Reina es acercarse al dolor y la necesidad de los humildes y los enfermos. Es comprender la angustia de unas cuantas dramáticas palabras: cáncer, tuberculosis, invalidez... Y así, un día y otro, Victoria Eugenia aproxima su sonrisa, su bondad y su comprensión a los que viven en hospitales y asilos, a los que reciben asistencia en dispensarios y rosa de Victoria Eugenia. Son las horas íntimas y profundas, tan lejos, en sentido y e» ambiente, de las galas cortesanas o los brillos del teatro Real.

Guerra en Europa

Nacen los hijos. Llega también el dolor. Pero éste queda corazón adentro, sin que sus zarpazos alteren la serenidad de la Reina. Los días van pasando, con su eterna carga de gozos y duelos. Lejos, en una villa balcánica, ha sido muerto a tiros el heredero del Imperio austro-huérfanos. Bajo el mismo techo conviven dos mujeres nacidas en países enfrentados ahora: Doña Victoria, la esposa del Rey, ha nacido en Inglaterra, y Doña Cristina, la madre, nació en Austria. Hay, bajo las ceremonias y bajo el ambiente común y habitual, un callado dolor, una preocupación grave y silenciosa. La Reina sufre un día la pesadumbre de la muerte de su hermano, caído en suelos de Plandes.

Noche triste en Palacio

En la vida española, como motivos y fondos casi constantes, están la pesadilla de Marruecos, los tiros de Barcelona, la infecundidad política. Y un sentimiento antimonárquico que va extendiéndose, avivado a veces Incluso por los que se dicen partidarios del Trono. Elecciones municipales, un 12 de abril. El número de votos monárquicos es muy superior al de votos republicanos. En una interpretación rigurosamente democrática, la Monarquía no hubiese tenido por qué cesar en su función. Sin embargo, se da un sentido político al voto de las capitales. Y queda proclamada la República

Unas elecciones municipales han decidido la suerte de una Monarquía de siglos. La entrega al nuevo régimen es pactada por el conde de Romanones — que fue ministro en el primero y en el último Gobierno de Alfonso XIII— con don Niceto Alcalá Zamora en el despacho del doctor Gregorio Marañen. El Rey se despide de sus ministras y sale de Madrid. "Antes de el sol se ponga", se cona una y otra vez al Mo-:a. i noche del 14 al 15 de 1—casi un cuarto de sidesde que la Reina llegó 5paña—no se duerme en ció. Preparativos, lágrimas y adioses. En el nuevo día, a las siete y media, asisten la Reina, sus hijos y unos cuantos palatinos a una misa intima. Después, por la puerta del Campo del Moro, una breve caravana de automóviles parte hacia El Escorial. El alto en Galapagar y la contenida congoja de la Reina. Finalmente, en El Escorial, la subida ai tren y la partida hacia la frontera. En un banco de la estación queda, solitario, el conde de Romanones.

"Vieille Fontaine"

Ha comenzado el destierro. París—el encuentro con el Rey—, Fontainebleau, Roma, Lausana por último. Pero no ha terminado para Victoria Eugenia el dolor al terminar el reinado. Y los días van acumulando nuevas penas sobre la gran pena de la lejanía de España. Muere un hijo, don Gonzalo, en Austria. Después, el primogénito, en América. Finalmente, el Rey, en Roma. Tres muertes en el espacio de siete años: de 1934 a 1941.

La vida en "Vieille Fontaine" es recogida y silenciosa. Se apagan allí ambiciones y vanidades. Todo tiene un latido callado y profundo. Se serenan desgarraduras y la pena se torna oración. La Reina pasea por las orillas del lago Leman. Hace a veces labores para los enfermos españoles de algunos hospitales suizos. De vez en vez, hijos y nietos se reúnen en torno a ella. Es, sobre todo, la fecha del cumpleaños la que junta los familiares dispersos: los que Viven en Estoril, o en Madrid, o en Roma, o en París. Entre esos cumpleaños, uno, sobre todo, se celebra con especial relieve: el del 24 de octubre de 1967. Son ese día los ochenta años. Doña Victoria Eugenia sonríe entre cuantos en esa ocasión se han juntado alrededor de ella.

Réquiem por una Reina

Unos meses más tarde, el viaje a España. Casi treinta y siete años habían pasado desde su salida, en la mañana del 15 de abril. Acaso, físicamente, materialmente, no hubiese convenido el viaje. Nunca van bien las emociones en las edades avanzadas. Más, como en este caso, cuando se trata de vidas muy golpeadas por el sufrimiento. Pero ya se sabe que el corazón tiene sus razones. Y el corazón de la Reina la impulsó hasta aquí, para vivir unas horas muy Intensas que serían bálsamo de muchas lejanas pesadumbres.

La muerte llama un día a la puerta de "Vieille Fontaine". La Reina está esperándola serenamente, con esa dignidad y esa elegancia de espíritu que acompañó siempre a Doña Victoria Eugenia. Ochenta y un años, vida cumplida, el alma cargada de recuerdos... Se acerca la Semana Santa. Son las horas mejores para el diálogo con Dios en el umbral de la partida.

Asiste la Reina Victoria a las últimas misas. Ya es toda ella — desprendida de lo humano, desmaterializada— alma entera, sólo alma, confianza y esperanza en Dios. Las campanas de los templos han cantado la Resurrección, y la Reina ve acercarse su hora final. Es otro 15 de abril. La muerte ha entrado en "Vieille Fontaine".

FlN

 

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