Autor: Granell Pérez, Luis. 
   Los Reyes de España, aclamados en Zaragoza     
 
 Informaciones.    15/12/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 28. 

LOS REYES DE ESPAÑA, ACLAMADOS EN ZARAGOZA

Por Luis GRANELL

LOS Reyes de España fueron aclamados ayer en Zaragoza, en su primer viaje tras la proclamación, Una fina Peo persistente lluvia -los Observatorios señalaron hasta 15 litros por metro cuadrado- caía ayer sobre las pistas de la base aérea militar de Zaragoza cuando, poco después de las once, tomaron tierra los dos reactores «Mys-tere,, EC-BCV y EC-CTV, de la Subsecretaría de Aviación Civil, que conducían a Sus Majestades los Reyes de España en su primer viaje fuera de Madrid tras su proclamación. AI pie de la escalerilla, don Juan Carlos y doña Sofía fueron saludados por el capitan general de Aragón; teniente general Lara del Cir; el gobernador civil, señor Ibáñez Trujillo y el general segundo jefe de la region aerea,ya que el titular de la misma, teniente general Franco Iribarnegaray, tomo posesión el sábado de su nuevo puesto como ministro del Aire en el primer Gobierno de la Monarquía.

• ACUDIERON EN SU PRIMER VIAJE A PROVINCIAS A ORAR Y OÍR MISA EN LA CAPILLA DEL PILAR. CON EL PRINCIPE Y LAS INFINTAS

• MENSAJE DE MONSEÑOR CANTERO: «QUE 9E CUMPLAN LAS ETERNAS PROMESAS DE APROVECHAMIENTO DE L4S AGUAS DEL EBRO, QUE EVITEN LOS DESEQUILIBRIOS REGIONALES»

Tras escuchar el himno nacional desde un podio, don Juan Carlos I pasó revista a una escuadrilla del Ejército del Aire que rendía honores, y una vez hubo saludado a las autoridades que acudieron a recibirle tomó asiento, junto a su esposa, en un "Dodge Dart" del Ejército de Tierra. En otro vehículo viajaban sus hijos, el príncipe Felipe y las infantas Elena y Cristina.

La caravana automovilística, con sólo dos motoristas abriendo paso en cabeza, penetró en la ciudad por las avenidas de Navarra y Madrid, para seguir por las calles General Franco, Coso y Alfonso I, hasta la basílica del Pilar. A pesar de la inclemencia del tiempo, en la calle Alfonso y en la plaza del Pilar se había congregado un público numeroso, que, refugiándose bajo paraguas e Impermeables o a cuerpo limpio, aplaudió el paso de Sus Majestades.

Cerca de la puerta de ia basilica podía verse la única pancarta que fue enarbolada

aplausos y gritos de "Viva el Rey", don Juan Carlos I, su esposa y sus hijos penetraron en el templo del Pilar. En la puerta les esperaba el Cabildo en pleno, cuyo deán dio a besar a Sus Majestades ed "lignum crucis". Los aplausos se reprodujeron en el interior de la basílica, cuando los Reyes se dirigieron, bajo palio, hacia la santa capilla, donde se venera la imagen de la Virgen del Pilar, que lucia un manto regalado por la Reina María Cristina, bisabuela de don Juan Carlos I. Mientras el órgano interpretaba la Marcha Real, los fieles aplaudían y vitoreaban «1 Rey.

MENSAJE DEL ALCALDE

En el interior de la basílica mariana se había concentrado una auténtica multitud —desde mucho tiempo antes del comienzo de la misa, ya que casi media hora antes de la llegada de los Reyes hubo ya que prohibir el acceso al público—, pues el mal tiempo reinante y la premura con que se conoció la noticia del viaje de Sus Majestades a Zaragoza impidieron que se produjera una mayor concentración popular en las calles. En efecto, los zaragozanos se enteraron de la visita a media tarde del sábado, a través de la Prensa vespertina •y las emisoras de radio, que difundieron un llamamiento del alcalde de la ciudad, don Mariano Horno —perteneciente a una familia de vieja raigambre monárquica—, que decía así:

"Zaragozanos: Sus Majestades los Reyes, don Juan Carlos I y doña Sofía, así como los infantes, estarán hoy domingo en Zaragoza para oír misa en la santa capilla y adorar una vez más a Nuestra Señora la Santísima Virgen del Filar, como otras veces lo hicieran siendo Príncipes de España.

Vienen privadamente y demuestran al hacerlo así todo el amor y cariño entrañable que sienten por Zaragoza, toda la devoción que profesan desde siempre a Nuestra Señora del Pilar, y desean encontrarse con este pueblo de Zaragoza, al que de verdad quieren y conocen.

Este piadoso gesto de Sus Majestades y la distinción que para esta ciudad y todo Aragón, siempre queridos de nuestros Reyes, supone este primer lugar que ostenta su como y como aragoneses.

Agradezcamos este gesto hermoso de nuestros Soberanos y recibámosles aquí con toda la alegría, entusiasmo y afecto, del que siempre ha hecho gala el pueblo zaragozano en los momentos más trascendentales de su historia y en cuantas ocasiones han sido necesario expresar su sentir.

Zaragoza, hoy, tiene que estar vestida de gala. Sus hombres, mujeres y niños deben estar en las calles.

Son los Reyes, que vienen´ para vivir entre nosotros unos momentos de devoción, de comprensión, de afecto y de respeto por todo.

Nuestra ciudad, unida estrechamente junto a sus Soberanos, debe dejar muy claramente manifestado lo que es, su sentir y su aplauso. Hoy más que nunca, como alcalde, os lo pido de todo corazón y con mi mayor emoción y entusiasmo. Nuestro sitio en la plaza del Pilar, que nuestra ciudad ofrezca el aspecto festivo que merece y sobre todo, que vuestra presencia y vuestro aplauso no falten.

Esta mañana, Zaragoza tiene que ser el escenario ante toda España de lo que es nuestro- pueblo y debe una vez más dejar con la presencia de todos, su estilo y su sentir, recibiendo a nuestros Soberanos con entusiasmo.

Esta Alcaldía, al hacer público este singular acontecimiento, invita a todos los zaragozanos a acompañar a Sus Majestades con la lealtad, el cariño y la simpatía que siempre mostraron a sus personas en esta primera visita como Reyes de España Zaragozanos: por Zaragoza y por España: -¡Viva el Rey

EL ACTO RELIGIOSO

En la basílica, el Rey tomó asiento a la izquierda del altar de la santa capilla, junto a su esposa y sus hijos; tras ellos se situaron el marqués de Mondéjar y los generales Armada y Davila. Ofició la ceremonia el arcipreste del Pilar, don Agustín Pina, por la ausencia de monseñor Cantero, que no llegaría a Zaragoza hasta última hora de la tarde, después de ser dado de alta en La Paz, una vez recuperado del infarto de miocardio que sufrió tras la larga sesión del Consejo del Reino— al que pertenece— del pasado día 1. El recinto de la capilla propiamente dicho estaba completamente ocupado por las autoridades asistentes al acto, mientras que el numeroso público se agolpaba en la parte exterior de la columnata. El coro de infantes interpretó diversos cánticos a lo largo de la ceremonia

"El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido —decía la primera lectura del día, del profeta Isaías—;. me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros, la libertad; para proclamar el

año de gracia del Señor..." cuartillas enviadas ex profeso para este acto por don Pedro Cantero, y cuyo texto íntegro es el siguiente:

MENSAJE DE MONSEÑOR CANTERO

((Señor: Vuestra iniciativa personal de realizar vuestra primera salida desde la Villa y Corte a la ciudad de Zaragoza es un gesto que estoy seguro ha de llenar de alegría, de esperanza y de legítimo orgullo a todos los habitantes de la noblísima tierra aragonesa. La decisión de que vuestra visita no tenga otra finalidad que la de postraros en la santa y angélic capilla de la Virgen del Pilar, es un gesto que conmueve hasta lo más profundo del alma del pastor de esta queridísima sede cesaraugustana.

Permitidme que desde el dolor de mi inevitable ausencia y en cumplimiento de un deber, dirija a Vuestras Majestades y a vuestros hijos, el príncipe v las infantas, un saludo de respeto v cordial bienvenida y la expresión de unirme a vuestras plegarias a Santa María del Pilar.

Ved en este saludo de bien venida el deseo de una parte de la Iglesia que desde el primer momento ha querido ofrecer el sufrimiento de su enfermedad para el feliz éxito de vuestro reinado en esta hora de tanta trascendencia para nuestra patria, un reinado para el que pedimos de todo corazón la paz, la Justicia, la libertad, la participación v la concordia de todos los españoles. En definitiva, señor. la ofrenda de mi dolor de a ver y mi plegaria de hoy quieren coincidir con los anhelos tan esperanzadores expresados por vos mismo en el discurso que pronunciasteis el día venturoso de vuestra proclamación como Rey do todos ion españoles.

Señor, estáis en un lugar que os es familiar, os halláis en una basílica cuvo mensaje conocéis perfecta mente. Vos mismo habéis sido testigo de cómo, a través de los siglos, desde el anuncio del Evangelio en España, una muchedumbre de creyentes y peregrinos sin distinción de edad, cultora o clase social vienen, como hoy Vuestras Majestades, a visitar este templo y rezar ante esta imagen de la Madre de Dios, y de la Iglesia, y a testimoniar su confianza y su amor con un beso en este Pilar milenario, símbolo de la raigambre, de la firmeza, de la fe católica en el pueblo español.

Desde que sor arzobispo de Zaragoza lo he dicho muchas veces y me complace repetirlo, hasta con énfasis, ahora, en esta ocasión excepcional: afuera y junto al Pilar pasan las aguas del Ebro bajo los arcos del viejo puente de piedra, como pasan las corrientes ideológicas y todos los avalares del tiempo bajo el arco de la historia, pero queda "firme que firme" como canta la jota, el pilar de la Virgen, • escoltada y defendida por la fe, el amor y la lealtad de todo el pueblo aragonés. Pero no es hacia el pasado hacia donde gusta andar a vuestra figura juvenil y las líneas de vuestro proyecto de reinado. Consciente de que también los ojos del pueblo ven en vos la esperanza de un futuro, yo me uno a los anhelos de todos los españoles de buena voluntad y junto mi plegaria a las vuestras en estos momentos en que os halláis en el Pilar y suplico a Dios Nuestro Señor que conserve vuestra salud y vuestra vida, -que ilumine vuestros criterios y normas de gobierno, que fecunde vuestras esperanzas y firmes protico desarrollo la convivencia y la promoción cultural, social y cívica de todos los españoles cimentadas en la verdad y en la justicia social y en el correcto uso de la libertad personal y pública.

LAS AGUAS DEL EBRO

Mientras rezáis a nuestra Virgen del Pilar, no puedo olvidarme de que estáis en Zaragoza y de que os hablo como pastor de la diócesis que me ha sido confiada. En esta línea, permitidme que con todo el respeto que merece vuestra augusta persona, vuestra promesa de entrega total al servicio de la patria y vuestros deseos de una España renovada, recoja el palpito popular más entrañable e inquietante de mis hijos: su preocupación porque de una vez para siempre se cumplan las viejas y eternas promesas del aprovechamiento de las aguas del Ebro. que conviertan en tierras fecundas lo que ahora no son más que parameras sedientas, que estimulan la emigración de las gentes y los desequilibrios económicos v culturales entre las diversas regiones hermanas españolas

Pensando en todas ellas, permitidme, señor, que os presente familiarmente mi inquietud por la vivienda de los más humildes, por la educación integral de los hijos de las clases trabajadoras y su acceso a los centros de enseñanza en todos sus niveles y modalidades, ya que al acortar las distancias culturales entre los sectores y las «lases de la sociedad, se acortan de hecho sus distancias económico-sociales.

Ciertamente, mucho se ha avanzado en este sentido, pero queda aún mucho camino que recorrer y metas más altas que conquistar; miramos hacia vos como una sólida garantía para el futuro de nuestra patria.

Señor, llegáis a Zaragoza

cuando la Iglesia vive la liturgia del Adviento y cuando la ciudad se dispone a abrir las puertas de su bimilenario. En este ambiente de futuro y de esperanza suplicamos a nuestra Madre la Virgen del Pilar que escuche vuestras plegarias y os conceda ver realizados vuestros deseos con las mejores bendiciones de Dios para la Corona y para España.»

Terminada la misa, Sus Majestades firmaron en el libro de oro del templo y también lo hicieron sus hijos, tras lo cual, el Cabildo les hizo entrega de una imagen de plata de la Virgen del Pilar, unos rosarios y sendas medallas de caballero del Pilar, a don Juan Carlos y al Príncipe Felipe, y de damas de la corte de honor a doña Sofía y a las infantas Elena y Cristina, Posteriormente, la familia real pasó a besar el manto de la Virgen y, como en sus tiempos de cadete enla Academia General Militar, a venerar la parte posterior de la desgastada columna que sustenta y da nombre a la imagen.

_De nuevo, entre aplausos y vítores, los Reyes salieron del templo, prescindiendo del palio. En algunos momento el gentío llegó a romper el cordón de seguridad establecido por policías municipales o armados y agentes de paisano, produciéndose instantes de confusión. En la calle, el público, que había permanecido bajo la lluvia durante toda la ceremonia y que había ido aumentando en el transcurso de la misa, aplaudió y vitoreó a Sus Majestades, quienes, después de saludar durante algunos instantes, volvieron a subir a los coches para dirigirse don Jaime I, plaza de España, paseos de la Independencia, Pamplona y María Agustín. A su paso fueron aclamados por un número de zaragozanos mucho mayor que a su llegada; era casi la una de mediodía y la lluvia no cesaba de caer.

Ya en el aeródromo militar, los Reyes conversaron durante algunos minutos con tac autoridades locales en el interior de un hangar y, después de de estrechar la mano de todos los presentes, ya sin ceremonia de ningún tipo, subieron a los mismos aviones que les habían traído horas antes, que remontaron vuelo a las 13,20 horas.

AMPLIO ECO

«Heraldo de Aragón», tras resaltar el gesto del Rey con esta su primera visita a Aragón, señala que la región «espera de] futuro lo que el pasado fue tan parco en concederle: una decidida atención a tus problemas, una ayuda a sus necesidades, un impulso que juntamente con el esfuerzo d« los aragoneses, haga de ella lo que debe ser, ana fuerza viva y operante en e] concierto y la lucha por el progreso de todos los pueblos de España. Aragón espera del futuro el cumplimiento de las promesas que se le hicieron y que fueron diluyéndose paulatinamente en el transcurso de los años.» Seguidamente, el editorial del (¡Heraldo» enumera una serie de problemas regionales pendientes —regadíos, despoblación, trasvase...— para terminar: «A cambio de esa mano tendida, nuestra región sabrá ofrecer al Rey y a España la gratitud, el empeño y el esfuerzo que le corresponde y hace falta prestar para que esa época nueva de nuestra historia que se inauguraba con 1» subida al trono de don Joan Carlos de Borbón sea verdaderamente nueva, prósrera. libre y feliz.»

INFORMACIONES

15 de diciembre de 1975

 

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