La confirmación del presidente     
 
 ABC.    06/12/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

J.A CONFIRMACIÓN DEL PRESIDENTE

La declaración del ministro de Información y Turismo, en la ampliación habitual a la referencia de los Consejos decisorios, como el celebrado ayer anunciando que el Rey Don Juan Carlos había confirmado en su cargo al presidente del Gobierno, don Carlos Arias, acalló finalmente los rumores, terminó las especulaciones sobre reuniones hipotéticas del Consejo del Reino, sobre las cabalas y quinielas de nombres «presidenciables».

Todo indica —la confirmación y el sencillo modo de comunicarla al pueblo español— que se ha optado por una especie de continuidad. Las circunstancias —nada ha cambiado; nada, sin embargo, es ya igual que ayer— señalan que, ahora, las posibilidades de apertura del presidente Arias, aquéllas formuladas en un discurso con nombre y fecha, que tantas esperanzas prendieron y tantas amarguras reportaron al jefe del Gobierno, pueden realizarse en su totalidad y dejar despejado el camino hacia nuevas singladuras, más ambiciosas.

Con ocasión de la trágica muerte del que fuera ministro secretario general del Movimiento, don Fernando Herrero Tejedor, escribirnos, en la amargura del pasado 14 de junio, que «de la confusión política que enturbia .el panorama actual, que desvía la rectitud de algunos criterios normalmente ecuánimes y que resulta fértilísimo campo para el florecimiento de los rumores más alucinantes y de las elucubraciones más disparatadas, solamente empieza a quedar claro un dato esencial: la opinión pública en su absoluta mayoría está con el presidente Arias. Con él y con sus propósitos, tan claramente anunciados como convenientemente repetidos, que dan sentido y proyección de futuro a su política».

Sin embargo, como apuntábamos en nuestro editorial de ayer, continuidad no significa, precisamente, continuismo. Aunque su raíz sea idéntica, absolutamente dispares son sus objetivos. La permanencia del presidente, con el mismo equipo que hasta ahora le ha acompañado, inspirado por circunstancias ya superadas, vendría a ser continuismo. No se habría movido nada. El cambio que la sociedad española anhela, la señal de un nuevo caminar, no se habría producido.

La permanencia del presidente, con un equipo nuevo, renovado; con unos ministros adecuados a estas nuevas circunstancias, capacitados para imprimir un nuevo ritmo al país, equivale, exactamente, a la deseable continuidad, sin la que no hay evolución posible.

El presidente no está solo. No lo estaba en el pasado junio. Ni en las atroces jornadas, cargadas como ningunas otras de dramática tensión, de la agonía de Franco. Ni ahora en que todo puede comenzar a ser realmente nuevo.

 

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