Autor: Cierva y Hoces, Ricardo de la. 
   Siete días para cambiar un régimen     
 
 Informaciones.    29/11/1975.  Página: 1,3. Páginas: 2. Párrafos: 17. 

Revista semanal de Politica Nacional y Extranjera

NUM. 31 Sábado 29 de noviembre d« 1975

Siete dla3 para cambiar una época

Por Ricardo DE LA CIERVA

LA SEMANA DEL REY

EL día cero, 20 de noviembre de 1975, quedó ya otros: pertenece a la serenidad, el estupor y la crónica de la semana anterior; de la época anterior. Aguerridos leales del franquismo propalan ya, con todo caliente, que sigue el mismo Régimen, pero dentro de otra etapa. No combatamos por las palabras, sumergidos como estamos, groadas a las inmensas colas del franquismo sociológico, en «Z mismo respeto.

Resolvamos, historia en mano, nuestro problema terminológico. Admitamos la continuidad de la palabra Régimen, del Régimen como palabra. Expresemos la inflexión histórica, el evidente cambio del talante y del ritmo histórico, con los dos adjetivos clásicos que marcan los orígenes de la España contemporánea: antiguo y nuevo. Hasta el 20 de noviembre de 1975, de madrugada, era el antiguo Régimen. Desde el momento de la muerte de Franco era el nuevo Régimen.

Viernes 21: Dos.mil personas inicieron ante el cadáver de Franco el desfile de despedida; era un pequeño grupo en la inmensidad del silencio nocturno de Madrid. Pasaban despacio, como si los organizadores temieran el agotamiento, los claros del homenaje. A mediodía eran cincuenta mil en la espera; a medianoche, ochenta mil No podían faltar, en tan amplísima muestra, los extremos; la media docena de exhibicionistas, en el extremo lamentable; y en el extremo heroico, los viejos compañeros de te Cruzada, que ---en un nuevo capítu de la devotio ibérica— caían heridos de muerte ante los despojos de su capitán. Pero no ya el noventa; el noventa y nueve por ciento era el pueblo. Franco quiso conectar con él sin intermediarios, por encima de la dase política. No sé sí algún sector de la clase política ha estado todos estos días a la altura de las noches. Quien prescinda del pueblo que se alineaba durante ellas tropezará en el futuro con el pasado; quien comprenda también a ese pueblo, tendrá el futuro.

Sábado 22: La jura. Quienes hemos criticado duramente a Televisión Española por sus deslices políticos de los últimos meses debemos ahora expresarle nuestra admiración por sus aciertos técnicos, sus alardes periodísticos y su profundo sentido histórico en la captación y en ¡a transmisión de todas estas jornadas.

En el acto de la Jura se palpaba en las pantallas la terrible tensión del ambiente; pero los testigos directas cuentan y no acaban sobre los matices de esa tensión. E:, rostro del todavía Principe, la improvisación —explicable; todo en estos días tía sido explicable— del presidente; el mensaje del Rey, totalmente volcado al futuro, resumido —el mensaje y el futuro— en dos palabras: concordia nacional. Y la presencia dominante de uniformes del Ejército en el cortejo, en el séquito, alrededor del Rey y la Reina. Sin im fallo en medio de la tensión, la suprema dignidad, de los Reyes y de la familia de Franco. Carmen Polo, Carmen Franco, revalidaron, antes del decreto, su grandeza de España.

Desde la Carrera de San Jerónimo hasta Puerta de- Hierro, todo Madrid en las aceras estaba con los Reyes.

Domingo 23: El entierro de Franco. ¿Será posible que todo esto lo hayamos vivido asi, día a día. minuto a minuto, en la misma semana? Cuando se me encargaban estas páginas pregunté: «¿Empezamos el viernes, el sábado o el domingo?». Se nos habían borrado los límites de las jornadas, quizá por las ediciones múltiples de la Prensa.

La Prensa de Barcelona, con mayor serenidad y con ac&nto de mayor esperanza; no sé si valoramos su decisivo servicio al país en estos días. Los editoriales de «La Vanguardia», uno a uno; mena pura, sin una concesión a la hojarasca. Todo el mundo de la información española en vela toda la semana, después del mes agónico. E! cuarta querer.

Los batallones vistos desde la tribuna regia con el ángulo del féretro por referencia. El Rey, de pie, solo, tras el armón del viejo soldado. La espera de España camino del Valle. Todo lo del Valle, dentro y fuera.

Hacían bien en estar allí; y superaron, con su presencia, los posibles subproductos políticos que alguien, por nostalgia noble más que por designio concreto, pretendió bajo segundas intenciones. Cantaron el Cara ai Sol» sin levantar el brazo por primera vez en su vida. La España que se hizo con ellos no podrá hacerse despreciándoles. Vivieron y murieron ccn esos cánticos; ?e quedaron en la puerta cuando 3a atravesaba, su Caudillo.

Dentro, el Rey y la enorme losa que encargó Diego Mendez, que alguna vez nos contará detalles sobrecogedores sobre la historia del Valle. José Antonio, Franco, la misma fecha, el mismo techo. Descanse en nuestra paz.

Por la tarde, Girón y los suyos en La Zarzuela. Pero fue un locutor quien repitió el discurso. No hubo palabras políticas en el Valle. Aquel silencio bien vale una audiencia. Girón vacilaba, el Rey le sentó. La palabra más repetida en el mensaje regio había sido ésta: Todos.

Lunes 24 y martes 25: El doble artículo de Lucio del Álamo en «La semana sin lunes»; y sin martes, y sin miércoles. La semana sin días, la" semana-día; tras el mes-noche. Comienzan las cabalas. Se reanudan las cenas. Ya no se siente la presencia de Franco, pero sí su ausencia. Consejo de ministros sin referencia a la salida. Sublevación moderada en Portugal y asesinato del alcalde de Oyarzun. Un extremismo se sitúa deliberadamente fuera del tiempo histérico: pero esta vez todo el mundo sabe que no va a influir ni en el indulto ni en el nuevo rumbo ni en el acaparamiento informativo.

Nueva prueba para el carácter insólito, ucrónico, de esta semana del Rey; resulta imposible discernir, periódicos y notas en mano, los sucesos del lunes y del martes. No se informa de primera mano, ni en el primer momento, sobre el alcance del indulto. Las explicaciones posteriores suenan, por eso, a excusas.

No lo son.

Miércoles 26; La expectativa. Nota importante: los periódicos de la mañana dan preferencia todos estos días al anuncio de lo que va a suceder; y suelen relegar a, segundos titulares la noticia del día anterior. Es una carrara contra el futuro, que termina en. empate tras cada jornada agotadora. Los periodistas de choque alcanzan un gran éxito de salida con sus primeros libros; resulta ejemplar este recurso al libro-reportaje, al libro de análisis rápido y a la vez hondo, después de una crisis histórica. Va llegando, o volviendo, Europa a Barajas. La pregunta-remanso: ¿Ha dimitido o no ha dimitido Carlos Arias? Ya se sabe que la Constitución no le obliga. Pero todo el mundo conoce sus primeras cualidades: el patriotismo, la caballerosidad. ¿Se sentirá o no se sentirá obligado por la Historia? Su transmisión pública del testamento de Franco cerró y abrió la Historia,

Jueves 27: El Rey cambió el tedeum de acción de gracias por la misa del Espíritu Santo. El rostro del Rey —otra vez, otro rostro— bajo el palio. No ha envejecido, pero le ha caído encima, a la vea,

toda la Historia, todo el futuro. Europa, América en los Jerónimos; era el providencial auditorio para La histórica homilía del cardenal Vicente Enrique y Tarancón. Claro que era explicable, aun a vista de jueves, la espléndida homilía de don Marcelo; porque la Iglesia también asumía esta semana el pasado y el presente. La homilía del cardenal Tarancón era política; pero política de Dios y gobierno de Cristo, que tituló el clásico. Un acierto decisivo: llamó tránsito a la transición. La frase clave: «La Iglesia no puede regatearos su colaboración.»

El colofón de todas las jomadas increíbles en la plaza de Oriente. Por los altavoces todas las canciones eran distintas; canciones de milicia, pero con ritmo popular, no con aire de guerra ni de victoria. Las canciones que todos cantábamos antes de que «se reuniesen los iberos y decidiesen tener un ligero cambio de impresiones». Certeramente resume «Arriba.» del viernes 28: no se cantó el «Cara al Sol». Aunque quienes lo sabemos no lo olvidaremos nunca.

Llenaba la plaza de Oriente —la llenaba mas que nunca— el pueblo que hacia cola unos días antes; el pueblo que vino el 1 de octubre a despedir a Franco tras el pateo de Europa, y que ahora aplaudía al Presidente Giscard y al Presidente Scheel cuando encabezaban el regreso de Europa. No simplemente una palinodia; Europa y el Rey de España han dado, a la vez, los primeros pasos para la convergencia histórica. Basta ya de estar simplemente en Europa; vamos a serlo, y nuestras dos Américas nos van a respaldar; mientras cancelamos, además, nuestro problema africano y miramos al Japón cada vez más como una necesidad de horizonte; mientras recordamos que China no se ha sumado desde que hablamos con ella a ninguna incomprensión. Resulta asombroso poder hablar asi, con referencia a este conjunto de coordenadas exteriores favorables, después del aislamiento y la invectiva.

No ea fácil encontrar palabras para describir, ni siquiera para detectar, la prueba histórica que ha superado en tíos meses, sólo en dos meses, el pueblo español. Semana tras semana, día tras día. noche tras noche, hora tras hora.

Viernes 23 de noviembre de 1975: España, a trabajar. La histeria ha muerto. La historia no puede ser ya acusación ni pretexto. Hay horizonte. Todo permanece, todo ha cambiado.

 

< Volver