Autor: Martín Oviedo, José María. 
   El mensaje de la Corona     
 
 Informaciones.    29/11/1975.  Página: 5,11. Páginas: 2. Párrafos: 18. 

EL MENSAJE DE LA CORONA

Por José MARÍA MARTIN OVIEDO

EL mediodía del pasado día 22, España pasó a tener un nuevo Jefe de Estado; un Rey, más en concreto.

Las «previsiones sucesorios», de que hablan nuestras Leyes Fundamentales se habían consumado. En el interminable tiempo de la Historia se ha iniciado un nuevo periodo: el reinado de Juan Carlos 1. Más precisamente, ese período ha comenzado, por supuesto, con un hecho (el juramento y proclamación del Rey), pero también con unas palabras: el «Mensaje de la Corona».

Rumores de última hora atribuían al mensaje un contenido tópico, intrascendente, sin negar con ello que una vez recompuestas las instituciones clave (Gobierno, Presidencia de las Cortes...), y en rodaje las mismas, se anunciase un programa de ciertas innovaciones. Sin embargo, la escucha Inicial del texto anulaba por completo tal impresión. No estábamos ante simples palabras de cortesía, sino que el Rey parecía asumir el protagonismo que Isa leyes le confieren, diseñando y, por tanto, comprometiéndose con un programa. Todo lo nuclear, mínimo que se quiera, pero un programa al fin. Era un texto de no corta extensión y ajeno al estilo que aun cuando con sensibles transformaciones, habla habituado nuestro oído durante las últimas décadas.

No me parece realista minimizar la importancia del mensaje. No ee escriben sin infinitas cautelas, numerosas correcciones, palabras destinadas a ser leídas ante el cogollo de nuestras instituciones políticas, reunidas por vez primera en un momento histórico. No ee lee un texto bajo el peso de una responsabilidad recién asumida con la simple intención de lo protocolarlo, cuando aquél quedara horas después en manos de miles de comentaristas en las paginas urgentes de la Prensa. No se inaugura un reinado levantando afirmaciones y promesas que definen y con ello limitan, para correr el gravísimo peligro de que loa hechos posteriores destruyan los «íes, pongan en evidencia negaciones explícitas y denuncien proyectos incumplidos o intenciones traicionadas.

He leído y releído las dos mu palabras, mas o menos, que componen el mensaje, y me he ratificado en las Impresiones que me produjo el escucharlo por primera vez. Después me ha parecido necesario Intentar un resumen de sus tenias de fondo, en estas primeras horas en que plumas mejores estaran acometiendo labor parecida. Valga lo que fuere, dejando la glosa más detenida de cada cuestión para otras ocasiones, ofrezco el resultado de ese esfuerzo.

INVOCACIONES PROTOCOLARIAS

Cabria, ante todo, distinguir en el mensaje las invocaciones protocolarias y las afirmaciones sobre cuestiones netamente políticas. Aquellas, no por obligadas, carecen a mí entender de suma importancia en el texto. No por «u necesaria constancia, sino por las peculiaridades que denota su forma de expresión. Vcámoslas.

Primera invocación: El Rey asume la Jefatura del Estado. Invoca su «pleno sentido de... responsabilidad».

Responsabilidad, sí, pero ante tres entidades cuya novedad, en orden de grado creciente, me parece innegable: 1) «el cumplimiento de las leyes»; 2) «el pueblo español», y 3) «una tradición centenaria que ahora coinciden en el Trono». Esta triple idea básica se remacha en el párrafo siguiente: 1) las leyes se precisan ahora como «las... Fundamentales del Reino»; 2) el pueblo es «el mandato legítimo de los españoles., y 3) la tradición es la «histórica» del «titulo... (de) Rey de España». Y el orden en que se colocan estos tres conceptos de base es éste: TRADI-

Segunda invocación: la figura de FRANCO. Su evocación tiene resonancias de particular intensidad y se resume en estas medidas expresiones: «figura excepcional», «Jalón del acontecer español», «hito... clave de nuestra vida política contemporánea», «soldado y estadista.. Todo ello referido al nombre y apellido de FRANCO, al que el nuevo Rey expresa «respeto y gratitud» 7 ve como «exigencia de comportamiento y de lealtad para con... (el) servicio de la Patria»

En este punto, todavía preliminar, se produce el tránsito a lo que he llamado «afirmaciones políticas».

Pero ello no sin una constancia altamente reveladora: el´ recuerdo que el Rey dedica a su padre, centrado en la enseñanza de que «el cumplimiento del deber está por encima de cualquier otra circunstancia.. Lo que se contrapone, con un rotundo «PERO», a los «sentimientos» del Rey, que afirma saber «los españoles comprenden». Nada más tentador en el mensaje que ahondar hasta el final en este párrafo.

AFIRMACIONES POLÍTICAS

Se dedica a éstas el grueso del mensaje, lo que demuestra su carácter programático y no meramente protocolario. En gracia a la síntesis, he Intentado agrupar los temas abordados, que, por razones de espacio, recogeré con citas textuales del texto.

9 EL REY: LA TRADICIÓN.— Después de la llamada a «todos los españoles», es el motivo que más se repite. Ya lo he aludido a propósito de ]as invocaciones protocolarias. Lo que ee repite, diría que casi obsesivamente, es la idea de la Monarquía tradicional, aunque evitando la alusión directa a una restauración: el Rey recuerda a sus «predecesores» (a propósito de Europa), y esa palabra es de las que más figura. Esa tradición es también respeto a la «propia Historia».

• CONVOCATORIA A TODOS LOS ESPAÑOLES.—Como acabo de apuntar, el tema más insistente: la «nueva etapa» será fruto «de la decidida voluntad colectiva,». La Monarquía misma «integra a todos los españoles, (el «todos» se repite aquí hasta dos veces más). «Juntos podremos hacerlo todo.» El orden «Justo (e) igual.

10 será «para todos». «La Patria es una empresa colectiva que a todos compete.» «El Rey quiere serlo de todos.»

• PUNCIONES DEL REY. — Su misión queda definida en varios pasajes de un modo, otra vez, altamente significativo Ante todo, la vinculación al pueblo: «La Monarquía... procurará en todo momento mantener la más estrecha relación con el pueblo»; «el servicio del pueblo es el fin que justifica toda mi función». A niveles más concretos, esa función configura al Rey como «moderador., «guardián del sistema constitucional, y «promotor de la Justicia». (Esta última, por su parte, resulta una de las ideas más repetidas en varios pasajes.) En paralelo con ello, el deber del Rey es «escuchar, canalizar y estimular»; «mi apoyo y estímulo no han de faltar» (-para buscar «nuevas soluciones»).

• NUEVAS SOLUCIONES.—Otra idea rectora. Se reconoce, ante todo, que ésta es «hora dinámica y cambiante». Por ello, «exige una capacidad creadora». «Esta sociedad en desarrollo... busca nuevas soluciones.» Cara a ello, el final del mensaje convoca de nuevo a «todos... unidos», para ganar así «el futuro».

0 DIVERSIDAD REGIONAL. — La «unidad del Reino y del Estado... permite reconocer... las peculiaridades regionales», que son «sagrada* realidad de España».

9 DERECHOS.—Se mencionan de modo expreso los «sociales y económicos» y, en concreto, el derecho al trabajo (remunerado, que permita también el «acceso a los bienes de la cultura»), a la libertad religiosa (por «respeto a la .dignidad de la persona») y a la participación política (que se especifica en cuanto a «los foros de -decisión», «los medios de información», «los diversos niveles educativos» y «el control de la riqueza nacional»). Se Invoca, como colofón del reconocimiento de esos derechos, eu carácter Instrumental: asegurar a todos los españoles las condiciones de carácter material que les permitan el efectivo ejercicio de todas sus libertades».

0 LAS INSTITUCIONES.—De las internas, el mensaje alude a dos: «las fuerzas armadas de España», a las que promete dotar de •eficacia y... potencia» quien se define como «primer soldado de la nación», y la familia, «célula firme y renovadora de la sociedad». La importancia de las fuerzas armadas se potencia si se tiene en cuenta que el mismo día el Rey, con motivo de asumir su mando, les dirige un mensaje especial, donde destaca el papel de aquéllas como «salvaguardia y garantía del cumplimiento de:., nuestras Leyes Fundamentales». Por lo que hace al exterior, aparte de la salutación protocolaria a los enviados de otras naciones y la acaso menos formularia declaración de «respeto siempre para las peculiaridades nacionales y los intereses políticos con los que todo pueblo tiene derecho a organizarse», se alude a la Iglesia («respetuosa consideración.: el Rey se define «profundamente católico» y «la doctrina católica... conforta a los católicos»), a la América hispana («España es el núcleo originario de una gran familia de pueblos hermanos») y a Europa (que refleja el «hacer de muchos de mis predecesores» y se configura como recíproco «contar» entre ella y España).

Esta apretada idea del mensaje, que no dispensa a cada cual de su lectura y de obtener sus propias conclusiones, habrá que contrastarla bien pronto con lo que otras declaraciones y programas establezcan, pero, sobre todo, con lo que la realidad vaya desde ahora a ofrecernos. Un sillar no hace un monumento, pero una primera piedra simboliza y prefigura un edificio. Que el mensaje sea clave y no adorno debe ser nuestra primera esperanza.

 

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