Misa solemne en los Jerónimos  :   
 Los Reyes entraron en el templo bajo palio. 
 ABC.    28/11/1975.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 33. 

MISA SOLEMNE EN LOS JERÓNIMOS

Los Reyes entraron en el templo bajo palio

Los Reyes llegaron al templo en coche cerrado, Rolls negro, con banderín azul sobre el que destacaba la Corona Real, que también podía apreciarse en el lugar habitualmente destinado a la matrícula.

Después de las ceremonias protocolarías en le. puerta, bajo pallo —cuyas cuatro varas eran portadas por otros tantos clérigos de San Jerónimo— entraron en el templo. Bajo el pallo, el portador del «lignum crucis», que les había sido dado a besar, el cardenad Vicente Enrique Tarancón, oficiante principal de la misa que se celebraría a continuación v Sus Majestades.

Inmediatamente detrás, el Principe heredero, Don Felipe, y las Infantas Doña Elena y Doña Cristina.

Estos, llegados al altar mayor, tomaron asiento en escabeles tapizados con terciopelo rojo, a la derecha del sitial real; cerca, del Príncipe, y en dos asientos paralelos, las Infantas de España.

Los Reyes se situaron en el lado del Evangelio, bajo el dosel de ceremonial regio, en cuyo respaldo aparecía el escudo de la Familia Real, con la Corona y el Toisón destacando sobre él fondo del terciopelo granate.

• PERSONALIDADES

Desde las nueve y cuarto de la mañana empezaron a llegar personalidades e Invitados al acto religioso de proclamación del Rey. Los Duques de Cádiz y la duquesa de Alba, fueron de los primeros en llegar al templo. Ambas damas, como todas las invitadas españolas, acudieron con la cabeza cubierta por mantilla negra con peineta alta, media o sin ella

La Princesa Gracia de Monaco lucia un turbante a juego con el «foulard», en color rosa fuerte estampado.

La Reina Ana María de Grecia y su cuñada Irene, «sí como las esposas de Rockefeller y Perrault (U. S. A.

y Canadá, respectivamente) asistieron con la cabeza descubierta Y con alto turbante la representante de Dahomey, señorita D«. Rega..

Por exigencias de, su religión islámica, permanecieron durante toda la ceremonia religiosa con la cabeza cubierta los representantes de Kuwait. Arabia Saudí, Nigeria, Mauritania, Camerún y el príncipe heredero de Marruecos, hijo de Hassan II, que se cubría con alto «tarbúh» en punta.

Según la distribución que en nuestra edición de. ayer indicábamos con plano del recinto, los invitados fueron colocándose en lugares que les reservo el protocolo de Asuntos Exteriores y de la Casa del Rey.

En el altar mayor, frente al sitial de ios Reyes, estaban los purpurados príncipes de la Iglesia: cardenales, arzobispos — veinte— y obispos dp diferentes diócesis españolas

A la izquierda, .v en lugar preferente lateral, personalidades de la familia del Rey: los Reyes de Grecia, Constantino y Ana María (vestía éste traje largo violeta intenso y chaqueta -corta de armiño); la princesa Irene de Grecia (traje rojo y capa oscura), las Infantas de España Doña Pilar mantilla española con peineta alta y vestido largo rosa fucsia) y Doña Margarita ´mantilla con peineta y vestido largo color crudo), acompañadas por sus respectivos cónyuges, los señores Gómez Acebo y Zorita; el Infante don Luis Alfonso de Baviera, ron uniforme de gala del Ejército de Tierra: los Duques de Cádiz, don Gonzalo de Borbón Dampierre, doña Alicia de Borbón Dos Siciltas, Don Carlos de Borbon, duque de Calabria, y su esposa, la princesa Ana de Francia (traje de brocado blanco y verde); miembros de la familia Marañe y de la familia Torlonia.

También en el lado izquierdo, y en el área del crucero, Príncipes reinantes, príncipes herederos y nobleza europea. Vestían uniforme militar los príncipes Felipe de Edimburgo, Alberto de Lieja Bertil de Suecia, Hans Adam de Liechtenstein y el gran maestre de la Orden de Malta. Especial gala de sus respectivos países los príncipes Ibn Hassan, de Marruecos; Abdor Reza Pahlevi, de Irán, hermano del Sha; Abdallah Ben Abdul Aziz, de Arabia Saudí, hermano del Rey; Habib Burguíba, hijo del presidente tunecino; Maamane Kondo, de Nigeria: el ministro de Estado de Mauritania, Abda Llahí Ould Boye, así como los jefes de las Delegaciones de Costa de Marfil. Ghana. Dahomey, Senegal y Kuwait.

Con chaqué y corbata gris plata lo» presidentes Giscard d´Estaing, Walter Scheel y O´Dateig, de Francia, Alemania federal e Irlanda, que, por cierto, siguió la celebración de la misa con un misal gaélico-latino.

Y, entre otros, también de chaqué, Rainiero de Monaco.

En lugar similar, destacado, a la derecha del templo, el Gobierno en pleno, encabezado por el presidente Artas; los miembros del Consejo del Reino, con su presidente, Rodríguez de Valcárcel. También a la derecha, y en capillas laterales, la Diputación de las Grandezas de España y el personal de la Casa Real

Entre los jefes de las Misiones extraordinarias y el grueso de invitados de los diferentes Ministerios, organismos e instituciones, esposas de ministros, procuradores. miembros de Reales Academias, etc., unos bancos especialmente destinados a la familia del General Franco, que estuvo representada por la duquesa de Franco, su esposo, el marqués de Villaverde, y sus hijos. Todos vestían de luto.

Entre los Invitados, un grupo de Jóvenes oficíales y jefes militares de los tres Ejércitos, compañeros de promoción del Rey en las distintas Academias Militares, donde cursó sus estudios, asistieron por exprés» deseo de Don Juan Carlos I.

• EL ALTAR. FLORES, LUCES. ORNAMENTACIÓN

Las flores due adornaban el altar mayor —más de setecientas, y todas blancas— eran camelias, claveles, varas de gladiolos y nardos.

EXALTACIÓN DE LA CORONA

Veintitrés lámparas arañas lucían encendidas durante la celebración, aparte los focos laterales y los >u*e iluminaban cada altar. El altar donde se celebró ej Santo Sacrificio estaba recubierto con un manto de la Reina Isabel II, bordado a mano, y el frontal, traído también del Palacio de Oriente, es un rico paño en el que campean, bordados oon pedrería, los escudos de armas de Isabel II sobre fondo granate, y de

Carlos III sobre fondo azul, rodeados ambos por él Toisón de Oro

El presbiterio estaba alfombrado por una moqueta en tonos rojo y oro. Una Inmensa alfombra, de distinta geometría ornamental, pero en los mismos colores, recubría id crucero y pasillo central de la nave.

• LOS COROS

Bajo te batuta del maestro Alberto Blansafert, los coros de RTV. E. interpretaron Curante la ceremonia, religiosa las siguientes partituras: «Veni Creator> —que los Reyes y todos los asistentes escucharon en pie—, «Kirie», «Sanctus», «Agnus Dei». fe te misa de «Notre Dame», original de Machauld, que data de 1400. También entonaron algunos salmos de la misa del Espíritu Santo (Introito, Ofertorio y Comunión) en castellano; el «Oh Salutaris» •e Beethoven, y, una vez concluida la ceremonia, mientras el cortejo se dirigía harta te salida del templo, por el pasillo sentral, en apoteosis musical sonaba con magistral polifonía «Aleluya» del «Mesias». de Haendel.

Actuó como organista don José María San Martín. El coro estuvo integrado por 70 ejecutantes y 24 profesores de orquesta. Las intérpretes femeninas vestían túnicas blancas, y los hombres, frac con lazo Maneo.

• LA FAMILIA REAL COMULGO

Aun cuando las cámaras de RTV. E., por expreso deseo de Don Juan Carlos I, no {uñaron esa secuencia de la ceremonia religiosa, la Familia Real —los Reyes, el Príncipe Felipe y las dos Infantas— reciñeron te comunión de manos del cardenal Tarancón. Así lo había pedido Don Juan Carlos I al párroco de los Jerónimos. «No estaba previsto que lo hicieran, pero el Rey me lo Indicó personalmente momentos antes», dijo después don Cecilio Santiago.

• AL MARGEN DEL PROTOCOLO

La figura diminuta y graciosa del Príncipe heredero Don Felipe captó en bastantes momentos te atención de los asistentes, y, por su parte, las cámaras de TV. E. ofrecieron su imagen en actitudes diferentes. Todo el mundo pudo asombrarle de la seria compostura del Príncipe v «te las Infantas. Pero la ceremonia era larga, y en un determinado momento, al margen del protocolo, el Príncipe niño sintió te elemental necesidad de subirse el cinturón del pantalón, frotarse te nariz, rascarse levemente, furtivamente, cerca de las orejas... Fue todo un gesto espontáneo y simpático. E inmediatamente, una mirada rápida, dé reojo, a su madre, la Reina.

• EL ACTO DE DARSE LA FAZ

En rigor, el ceremonial indica que la paz te ofrece el celebrante, y cuando los Befes te han recibido se te dan entre sí. Pero en te celebración de ayer ´se alteró •1 orden. Los Reyes se dieron te paz entrelazando las manos: se miraron y sonrieron. Al mismo tiempo, el Príncipe Don Felipe, al ver el gesto de los Reyes, se volvió para dar te paz a sus hermanas, besándoles en te mejilla. Y éstas, entre sí. Todo con gran soltura, sin empaque, como fruto de una buena costumbre. Los hijos de Sus Majestades recitaron tes oraciones fijas de te misa en castellano, sin ayuda de ningún libro de ritos.

A tes once y veinte, monseñor Tarancón se acercó al sitial de los Reyes para darles te paz: te mano al Rey, que se te estrechó en pie, y a te Reina, que se arrodilló mientras le besaba el anillo pastoral.

• LOS OFICIANTES

Como oficiante principal actuó el cardenal arzobispo de Madrid-Alcalá, que. sentado y con la mitra puesta, leyó su homilía en catorce minutos. Concelebraron con él, también revestidos de rojo, con ornamentos de fiesta del tesoro del templo de los Jerónimos. Jos cardenales primado de

España, monseñor González Martín, y de

Barcelona, monseñor Jubany.

Leyó la epístola el sacerdote don Andrés Pardo. revestido con alba y estola roja. Tras haber incensado el libro sagrado, leyó el Evangelio el provicario general de la diócesis de Madrid padre Patino.

• CAMBIO DE COCHE

Arreció el entusiasmo de la muchedumbre agolpada en los alrededores de la iglesia de San Jerónimo el Real cuando salieron los Reyes. De nuevo los vítores, las aclamaciones, los aplausos, el ondear de pañuelos, banderines, pancartas... Las tropas desfilan rindiendo honores al Rey. La Familia Real presencia el paso militar desde el pie de la escalinata. Después, en coche descubierto —reluciente Rolls Royce que en ocasiones utilizó Franco—.los Reyes fueron conducidos hasta el Palacio de Oriente. En otro coche, cerrado, el Príncipe y las Infantas. Después, la comitiva, encabezada por Reyes, jefes dé Estado, príncipes reinantes v demás personalidades

Escoltaban a los Reyes los lanceros de Caballería, vestidos con capas rojiblancas y cascos plateados El Rey. en pie. serio —no ha cambiado su gesto grave, consciente de la trascendencia de los momentos que vive y del trabajo que le aguarda—. correspondiendo, con entregado gesto de cariño a su pueblo, a los saludos y ovaciones que iba recibiendo desde las aceras, desde los balcones.... desde farolas y árboles, porque ayer mañana cualquier sitio era bueno para ver pasar al Rey. Y a su lado, agitando suavemente la mano, sonriendo, sonriendo siempre, sentada, iba la Rema, viviendo muy de cerca un día intenso y feliz para su esposo Un día grande para España

DETALLES DE LA JORNADA

´ • La Reina Doña Sofía estuvo también en el desayuno" que ofrecieron al presidente Giscard d´Estaing.

• Han confeccionado el traje y abrigo de la Reina las hermanas Molinero, oue visten a Su Majestad habitualmente

• Aun cuando Doña Sofía no es una mujer demasiado amante de tes joyas, y más bien prefiere los atuendos y accesorios «sport», sabe elegir cuidadosamente los adornos de valor que ha de llevar en cada ocasión. El día de la jura del Rey en las Cortes llevaba un collar que había pertenecido a Doña Victoria Eugenia. Ayer lucía collar de rubíes y brillantes. Tiene también la Reina otro collar de rubíes, regalo de su madre, la Reina Federica. Uno de los dos fue el aue llevó en los actos de ayer

• Le peineta y la mantilla son «de hace muchísimo tiempo.... posiblemente de cuando Doña Sofía estaba aún soltera» me informan fuentes cercanas a la augusta dama. Desde siempre le gustó usarla Y así tocada hizo acto de presencia acuella- primavera en la Feria de Sevilla

• Las ñamaras de RTV. E. no pudieron captar la escena, pero vale la pena contarla: Durante el desfile militar, el Príncipe Felipe comentaba csn su primo, el príncipe Pablo de Grecia, detalles e incidencias de lo que estaban viendo. Al terminar el desfile, la gente congregada en esa zona arreció en vítores y salvas al heredero, gritándole «¡Felipe, Felipe, Felipe!» Su tía, la Infanta Doña Pilar, en «escuchita» al oído, le indicó que debía saludar, y así lo hizo el Príncipe niño con su mano derecha, sin dejar de sonreír encantado. El entusiasmo arreció, por simpatía con los gestos del Príncipe, y fue entonces cuando un ujier de gala que estaba detrás se adelantó, tomó a Don Felipe por debajo de los brazos y lo alzó en volandas, para que así, más visible, siguiese saludando a te gente que le aclamaba.

 

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